Corrupción – Cuba – Corruption
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Entre el grito y el bostezo


Entre el grito y el bostezo

En La Habana se manifiestan con nitidez dos actitudes generalizadas del
cubano de hoy: la y la indiferencia.

Eva González, Ciudad de La Habana
jueves 9 de marzo de 2006

Por razones obvias, La Habana es el referente por excelencia para pulsar
el ánimo de la sociedad cubana: más de dos millones de habitantes de la
más heterogénea composición social, racial y económica; ciudad donde se
tocan los extremos que van desde las más opulentas mansiones hasta los
solares paupérrimos, desde la fatua ostentación de los nuevos ricos y de
los poderosos, hasta la más rampante miseria refrendada en las franjas
marginales de la ciudad, con barrios idénticos a aquel conocidísimo Las
Yaguas, que la revolución hizo desaparecer y que ahora resurge
briosamente, multiplicándose en la geografía citadina, poblados por
cubanos “ilegales”, procedentes en su mayoría de las provincias
orientales del país.

La Habana es un espacio cosmopolita en su más amplio sentido, por el que
circula todo extranjero —turista o no— que visita la Isla; destino
principal del deprimido e inseguro comercio que aún, en alguna medida,
sostiene el precario equilibrio que sustenta al régimen; la ciudad más
violenta de Cuba, la de mayor índice de criminalidad y delitos.

La Habana es, además, nicho ecológico del poder político mantenido con
uñas y dientes desde hace casi medio siglo y, a la vez, la plaza más
activa de la disidencia y la que agrupa la mayor fuerza opositora al
.

El grito

En La Habana se manifiestan también con toda nitidez las dos actitudes
más generalizadas del cubano de hoy. Una de ellas es la violencia,
expresada en el incremento de los niveles delictivos, en el habla
grosera cotidiana cada vez más extendida en la población, en la agresión
física y verbal de unos contra otros, en el irrespeto de las autoridades
y de los “agentes del orden” hacia el ciudadano, en el rebrote de los
llamados mítines de repudio contra los individuos o grupos de opinión
política diferente (lo que acusa un tipo de violencia de Estado hacia la
sociedad bajo su supuesta legitimidad en la defensa de la nación), en el
deterioro moral y ético de las estructuras administrativas, en la
corrupción generalizada.

Esta es la respuesta más inmediata ante las frustraciones y el
descontento social. Las vicisitudes cotidianas, la incertidumbre ante un
futuro difuso, la impotencia ante la pobreza perniciosa como única
perspectiva cierta y la absoluta dependencia de los caprichos y
extravagancias de un sujeto-Estado dueño del porvenir de todos,
desemboca —a falta de un vehículo apropiado— en la generalización de la
violencia.

A este fenómeno global de la sociedad cubana es al que llamo aquí “el
grito”, como forma metafórica de definir un estado psicológico de
aquellos que no encuentran salida ni vislumbran una solución para el
cúmulo creciente de los problemas de la vida cotidiana.

El bostezo

La abulia, la indiferencia, el desacato, el silencio… son la segunda
actitud-respuesta del cubano de hoy. Es un tipo de respuesta que, a
largo plazo, ha degenerado la moral y el sentido cívico de los ciudadanos.

La mayoría de los habaneros se sienten impotentes, sin esperanzas. Se
desconocen como fuerza ciudadana porque más de 40 años de totalitarismo
los ha convertido en objetos sobre los que se decide, por parte del
poder de un único sujeto. De esta manera, emigrar es el gran sueño de
muchos cubanos —fundamentalmente de los más jóvenes—. En tanto, el gran
sueño de otros es sobrevivir a Castro y rezar porque finalmente muera,
aunque sea de viejo, para ellos poder comenzar a vivir.

La indiferencia es un modo de respuesta que supone una protesta, aunque
ineficaz y autodestructiva, que se traduce en la pasividad y el
desarraigo. Un indicador importante se reflejó en estas últimas
navidades. Los días finales del año 2005 fueron grises. Salvo en
aislados hogares en los que se insiste en preservar las tradiciones
festivas de estas fechas y la familia se reúne, La Habana no vestía la
alegría típica de estas celebraciones, tan arraigadas antaño y hasta
hace poco en el pueblo cubano.

No se sentía el ambiente navideño, lleno de buena voluntad y optimismo,
pese a la insistencia de las autoridades para organizar “ferias” y
espectáculos y pese al fabuloso y sorprendente 11,8 por ciento de
crecimiento económico —como salido de la gorra verde olivo del mago—,
con el que el gobierno pretendió deslumbrarnos.

El futuro inmediato

Sin ánimo de hacer predicciones (es muy difícil en Cuba), no resulta muy
halagüeño el panorama que se presenta ante el cubano.

Es evidente que la ofensiva iniciada por el gobierno a finales de 2005,
con una política de mano generosa (“regalitos” a precios módicos para
“elevar el nivel de vida de la población”, aumentos salariales y de
pensiones a jubilados) combinada con mano dura, teniendo en cuenta la
inmediata presión que supone el ejército de lucha contra la corrupción
—dígase trabajadores sociales— en un país totalmente corrompido, y
sumada al aumento de las tarifas eléctricas (sin contar con otras
“medidas” que comenzarán a aplicarse y que ya circulan de voz popular),
hace bien compleja la situación social.

No es posible tampoco adelantar las reacciones de la población: aunque
es de esperar que no ocurran transformaciones muy radicales en cuanto a
movimientos de oposición al régimen, es un hecho que el gobierno ha
perdido credibilidad y confianza y que ya no funcionan los viejos
discursos que apelan a la “dignidad” y a la “conciencia revolucionaria”.

Los mensajes contenidos en las presentaciones de Felipe Pérez Roque y de
otros dirigentes, durante las sesiones de trabajo de la Asamblea
Nacional, en el pasado mes de diciembre, demuestran que las altas
esferas del poder conocen que hay un estado de peligro tangible y que ni
las condiciones ni el tiempo están a su favor. Y aunque sólo reconocen
como potencialmente destructiva la corrupción, no están ajenos al
desencanto general que recorre hoy prácticamente todas las esferas de la
vida nacional.

Según cómo se presenten los actores de la política cubana, el año 2006
podría ser un terreno fértil para considerar medidas que conduzcan al
avance de la transición pacífica hacia la democracia, a través de
propuestas económicas que permitan una participación activa del
ciudadano, así como con el reconocimiento de libertades políticas; pero
el gobierno no ha ofrecido hasta el momento ninguna señal de voluntad
política de esa naturaleza.

Las acciones emprendidas más bien tienden a recrudecer las condiciones
que propician el aumento de la violencia, más represión y más
descontento, factores que atentan contra la tan reclamada salvación de
la revolución, con tanta o más fuerza que la corrupción misma.

URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro_en_la_red/cuba/articulos/entre_el_grito_y_el_bostezo

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