Corrupción – Cuba – Corruption
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Paciencia, mucha paciencia

Paciencia, mucha paciencia

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba – Julio (www.cubanet.org) – Si usted pertenece al grupo
de personas que enciende el televisor para conocer el estado del tiempo
o el acontecer cultural y deportivo, tendrá que tener mucha paciencia.
Dos espacios pueden cubrir sus expectativas: la denominada Mesa Redonda
Informativa y el Noticiero Nacional de Televisión. El primero es
monotemático y se transmite por Cuba Visión desde las 6 y 30 de la tarde
hasta las 8. El segundo es más breve y abarcador, y encadena a varios
canales a partir de las 8 de la noche. Difieren en el diseño, pero
convergen en la manipulación de las noticias. Ambos son controlados por
un grupo de censores que pregonan las maravillas de una virtual
mediante bulliciosos boletines de victorias.

Uno y otro, y el sistema noticioso de la radio, responden a los cánones
de la propaganda “revolucionaria” y al anhelo de permanencia de un
modelo social que llama al odio y la , a través de comunicados
iracundos contra el “enemigo”. Los periodistas amaestrados agitan el
fantasma de la guerra, calumnian a las personalidades que difieren del
caudillo y elogian sin decoro al líder vecino que subvenciona a nuestro
país a cambio de transferencia ideológica. El alternativo es
noticia habitual. Su proyecto de futuro común galopa en el horizonte.

Tanto la mesa informativa como el noticiero de la televisión son
tribunas de adoctrinamiento. Los que redactan las noticias y conducen
los programas aplican las tácticas del silencio, la exclusión y la
mitificación, según conveniencia. Para estos voceros de catástrofes los
numerosos problemas nacionales no constituyen prioridades. En tono
descalificador arremeten contra cualquier propuesta de la sociedad civil
contestataria. Nada informan sobre los desesperados balseros que sueñan
con la libertad. Excluyen toda información relacionada con los 316
prisioneros de conciencia y con los más de 100 mil reclusos hacinados en
200 cárceles y 250 granjas de trabajos con internamiento.

Los mercaderes del poder mediático se abstienen de criticar al gobierno
y a sus instituciones, a las cuales sirven con devoción subjetiva y
partidaria. Son, en cambio, pródigos en magnificar los errores de los
y en achacarle la culpa de nuestros problemas internos.
Censuran el bloqueo, pero no hablan del auto bloqueo, la corrupción, la
ausencia de libertades y la ineficacia del régimen que nos conduce por
la pendiente del atraso y el desastre.

Más que a noticias, el televidente cubano se enfrenta a mensajes
mitificadores. En el plano nacional, nos machacan cada día con los
“logros” en la educación, la salud, el y la seguridad social. En
el ámbito exterior, el menú tampoco es muy creativo: la guerra en Irak,
las barbaries de Israel contra los pobres palestinos, los “avances” de
la revolución bolivariana y la presencia de nuestros médicos en
, Pakistán e Indonesia. Los cinco espías convertidos en héroes
alternan protagonismo con el belicoso guerrillero de la utopía y con los
cantos de alabanza de los amigos alucinados por el Gurú caribeño, que ha
convertido a Cuba en un sultanado contemporáneo.

Tales linduras nos obligan a escuchar entre líneas o apagar el equipo.
Los locutores y los panelistas ocultan los temas candentes. La imagen
está en función de la política. La retórica tiene sus límites. El oyente
es listo y descubre que le pasan gato por liebre. Se percata de que los
de abajo no cuentan. Sólo los funcionarios tienen voz. Los problemas y
las personas cambian, pero las noticias siguen en los límites de la
rutina. La carga pesada de la represión queda en los archivos de la
. En el ámbito informativo no caben los miles de
jineteras que cabalgan en las solapas de los extranjeros. Los derrumbes
de la capital pasan al limbo del futuro. Los opositores quedan en el
silencio, bajo la “protectora” mirada policial y las “enardecidas”
Brigadas de Respuesta Rápida.

Los articulistas oficiales evaden la creciente marginación y el
desamparo, el asedio de los uniformados contra los negros, los
movimientos migratorios del interior hacia la capital y de la capital
hacia el extranjero, y el catálogo de prohibiciones que asfixian a los
ciudadanos. Las puertas cerradas de la terquedad desconocen las ventanas
abiertas de la economía informal. Los tiburones de tierra firme no
denuncian el aumento de la violencia y el suicidio, ni el férreo control
estatal sobre el uso de .

Las zonas de peligro informativo quedan en manos de los arriesgados
periodistas independientes, cuyas páginas no circulan entre los cubanos,
ajenos al caso Fariñas y a tantos sucesos de su entorno velados por los
magos de la , para quienes no cuentan las tragedias de las
personas comunes, ni los temas tabú que ponen en juego sus salarios y
prebendas gubernamentales.

La ausencia de enfoques contrapuestos resta perspectivas a nuestros
noticieros. La distorsión de las informaciones contextuales acaba con la
credibilidad. Lo que interesa no es lo que ocurre ni cómo beneficia o
afecta a las personas, sino el mundo de la apariencia, diseñado por un
grupo de poder. La verdad se mueve entre rumores, oculta en lo que no se
dice, o en lo dicho, pero al revés. Tengamos paciencia. Algún día nos
sentaremos sin traumas frente al televisor.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/jul06/19a7.htm

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