Corrupción – Cuba – Corruption
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Fuga perpetua

Fuga perpetua
HÉCTOR ANTÓN | La Habana | 20 Jun 2013 – 9:10 am.

El deporte aficionado como estratagema política sucumbió. En el camino
quedaron muchos atletas, pero son más los que se preparan para desafiar
el nuevo futuro.

En prever está el arte de salvar
José Martí

Un mediodía candente de 1993, sentado frente al colchón del Centro
Voluntario Deportivo José Martí del Vedado, el ex-luchador Daniel Pozo
reconocía: “El deportista cubano es el más honesto del mundo”.
Inquietaba esta sentencia de quien fuera una esperanza del pasado, ya
sin privilegios, mientras impartía clases a gladiadores en taparrabos
con ansias de montarse en un avión. La charla recreaba una lección de
autoengaño para esa pléyade de figuras que debían vivir con poco,
dedicar sus triunfos al comandante en jefe y rechazar ofertas
millonarias supuestamente incomparables al calor de su gente.

En ese entonces, los pilares de la quimera pos59 descansaban en
ofrecerle la oportunidad de alcanzar el podio olímpico a diamantes en
bruto de origen humilde provenientes de todos los rincones de la Isla.
Ya el tenis de campo no era el deporte blanco o hobby de la rancia
aristocracia habanera. Los gánsters americanos no podían apostar por la
sangre hambrienta encima de un cuadrilátero. Un mundo feliz se diseñaba
“con todos y para el bien de todos”.

El deporte se había convertido en un derecho del pueblo. La masa podría
entrar y desahogarse en salones limpios de vestuarios y prendas lujosas.
Los privilegios se limitaban a una cuestión de principios. Todo marchaba
al compás del sueño compartido por una multitud agradecida. Hasta que un
día los hijos pródigos amanecieron transformados en hijos bastardos de
la patria, renunciaron a una fidelidad simbólica y comenzó la estampida.

Rompiendo el estambre

¿Quién fue el primero en incitar la rebelión de los inconformes
maniatados por la tiniebla igualitaria del orden revolucionario? El
pesista —devenido en célebre fisiculturista— Sergio Oliva, la tenista
negra Aleida Spex, un militante-símbolo de la juventud comunista como el
primer latinoamericano plusmarquista mundial en levantamiento de pesas
Roberto Urrutia, el pelotero René Arocha… Es difícil sintetizar los
factores políticos, económicos y humanos que han permitido establecer
una marca insuperable: Cuba ostenta el récord mundial de atletas desertores.

La tierra natal del esgrimista Ramón Fonst, el ajedrecista José Raúl
Capablanca o el boxeador Eligio Sardiñas (Kid Chocolate) ha visto partir
a sus titanes del coliseo apelando a todas las vías posibles de escape:
desde el artefacto marítimo hasta ganarse la visa estadounidense en una
lotería —guardando prisión en la Base Naval de Guantánamo— o
disfrazándose de mujer para burlar a los cancerberos del
Internacional José Martí, evidencia de un bastión tan inexpugnable como
vulnerable.

Se trata de una épica bochornosa que se evoca con una mezcla de tristeza
y admiración. Las trampas ideológicas devienen un signo de la esclavitud
moderna. Rebasar la línea del horizonte personifica una transgresión
emancipadora, alternativa seguida por millares de cubanos que brillan o
sobreviven desperdigados por el mundo.

Mil y una razones para estar de acuerdo

Basta revisitar el documental clandestino KnockoutKuba (2009) para
quedar atrapados entre las cuerdas. Darsi Ferrer Ramírez y Manuel Benito
del Valle entrevistaron a once glorias del boxeo (y también a sus
familiares) que decidieron quedarse en Cuba. Este material tuvo su
premier nacional en la sede del proyecto Estado de Sats, bajo un intenso
cordón policial, a raíz de la Olimpiada de Londres-2012.

El testimonio es amargo. Un espejo de impaciencia que añoran destrozar
quienes actualmente demuestran credenciales sobre el ring y ponderan en
silencio los éxitos de estrellas fugadas como Joel Casamayor, Guillermo
Rigondeaux o Yuriorkis Gamboa, quien antes de escapar llegó a vender a
un coleccionista su medalla de oro olímpica ganada en Atenas-2004 para
resolver una necesidad familiar.

Enrique Regüeiferos batalló contra el cáncer mientras pudo, olvidado en
un humilde cuarto de La Habana. Douglas Rodríguez (fallecido en el 2012)
vendió los muebles sanitarios de su casa para beber. Ángel Herrera se
gana la vida rentando su viejo automóvil a terceros para que se use de
taxi . Tullido de medio cuerpo, el bicampeón olímpico y mundial,
entre las cuatro paredes de su apartamento en Alamar, recuerda el tiempo
de sus hazañas con orgullo. Mirar hacia atrás es suficiente para evitar
una humillación del presente.

‘Todos aquellos atletas que dieron tantas pruebas de lealtad a su patria
ocuparán el lugar digno que les corresponde en la sociedad’ (Fidel
Castro. La Habana, 4 de mayo de 1999)

¿Quiénes tienen la culpa de que estas palabras del “máximo líder”
retumben ya como un eco lejano? ¿Quiénes son los que roban, mienten y no
aman a Cuba en nombre de convicciones que ocultan en el búnker de su
falsa conciencia? ¿Por qué los voceros de la corrupción ajena no
informaron sobre la causa de que el Comisionado Nacional de Voleibol
Raúl El Mago Diago fuera sustituido de su cargo por supuestas
irregularidades financieras? La contracara del deporte cubano es la
trayectoria de un rumor que se lee a manera de culebrón detectivesco.

Como lo advertía el magister del absurdo teatral Virgilio Piñera: “Los
chismes son más instructivos que la historia almacenada en tomos”.

El crimen de una ilusión

La caída del Muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista marcaron
un punto crucial para que el deporte cubano quedara más aislado y solo.
El paripé amateur se hizo evidente con la participación de atletas
sufragados por el Estado en ligas profesionales. Un amago de apertura
que reveló las contradicciones del mecenazgo estatal y su cobro de altos
porcientos en las ganancias “personales”. Ello provocó la huida de
numerosos voleibolistas rumbo a Europa, donde juegan profesionalmente en
Bosnia, España, Rusia o Italia.

Sin , existe un porciento notable de atletas que se acogieron al
exilio por motivos similares a los del ciudadano común. Querían irse del
país, aunque dicha opción les costara abandonar el deporte. Muchos
pusieron en peligro sus vidas y las de sus familias cuando la denominada
“crisis de los ”, en el verano de 1994. No todos abrieron los
ojos cuando tenían veinte años, como el lanzador Liván Hernández, ni
ostentan hoy cuatro anillos en Series Mundiales de Grandes Ligas como su
medio hermano El Duque.

Ser víctima de la política no implica transformarse en un político hábil
en los ardides del cálculo. Aquí pudieran hallarse los equívocos de
quienes ejercen más los músculos que un cerebro maquiavélico. La
honestidad (o, mejor dicho, ingenuidad) de una mente ordinaria se
revierte en una pistola caliente.

Cada paso atrás en el deporte cubano ha venido acompañado del éxodo de
sus artífices. Ahí están los ejemplos del baloncesto masculino, el
boxeo, el atletismo, la esgrima, la gimnástica o los sobreprotegidos
peloteros. Según una estadística oficial: veintiocho lanzadores de la
capital han desertado en el último ciclo olímpico. Articular un cuerpo
de pitcheo estable se vuelve imposible entre fugas y desencantos. El
descalabro de Industriales en la 52 Serie Nacional de Béisbol
(2012-2013) no hubiera sido tal de conservar en su nómina a
serpentineros como Armando Rivero, Yoán Socarrás, Gerardo Concepción o
Antonio Romero.

Por su parte, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y
Recreación (INDER) ha establecido un sistema de pago en moneda
convertible y estímulos adicionales para quienes lo merezcan por su
combatividad política o méritos atléticos. Otra “salida de lujo” es
prestar ayuda técnica en terceros países, una negociación controlada por
el Estado y vista como tabla de salvación por veteranos “confiables”.

Tampoco faltan las estrellas pasajeras o los soplones carismáticos que
poseen viviendas decorosas, así como prospectos frustrados sin un garaje
donde guardar sus vehículos de la era soviética. A los pejes gordos de
la nomenclatura no les interesa el mal de parkinson postpugilístico
sufrido por Jorge Luis Romero sin un medio de que lo lleve al
. Cinco veces cayó a la lona y cinco veces se levantó Romero
ante la pegada demoledora del puertorriqueño Wilfredo Gómez en la final
del Campeonato Mundial de La Habana-1974. Qué importa la actual de
un fidelista consumado por el olvido.

En lo que perdura esta agonía, el triunfalismo de los caballeros de la
Mesa Redonda no cree en lágrimas. En fecha reciente, el Doctor en
Ciencias Pedagógicas Alcides Sagarra presentó en televisión un retablo
de “protagonistas mudos” de su legado como entrenador-jefe de la Escuela
Cubana de Boxeo. Hicieron acto de presencia el mencionado Ángel Herrera,
Félix Savón, Emilio Correa y Armandito Martínez, entre otros. Un
muestrario de los avances conseguidos por nuestra robótica en la esfera
deportiva.

De cara al futuro inmediato

Una legión de insignias forjadas en el seno de la revolución se resiste
a confiar en impredecibles o tardías rectificación de errores. Resaca de
una perestroika materializada en un tonel de vodka añejado por la amnesia.

Con sus audacias y torpezas, los atletas cubanos dan la impresión de
corear que la vida es muy corta y el socialismo real (o irreal)
demasiado largo. “La gente se cansa” —repite un fanático de la esquina
que bebe para olvidar. “Un hombre decepcionado es un posible traidor”
—susurra un intelectual de gabinete.

Dayron Robles abandonó la selección nacional de atletismo. Su
ex-entrenador Santiago Antúnez se acogió al retiro. Luego declaró que
Dayron estaba muy disgustado. ¿De qué se resentía el titular olímpico de
Beijing-2008? ¿De continuas lesiones o por falta de atención
gubernamental hacia su persona? Tal parece una coartada destinada a
sobrevolar con fortuna renovados obstáculos. Ojalá que el controvertido
vallista y su fiel preparador no terminen ninguneados por el costo de su
maniobra, como le ocurrió al saltador de longitud Iván Pedroso, nueve
veces monarca del orbe y vencedor en la Olimpiada de Sídney-2000.

Un desvío similar al de Robles escogieron los voleibolistas Wilfredo
León y Yoandri Díaz, quienes provocaron irritación en las autoridades.
Ante el compromiso de la Liga Mundial, les denegaron la baja del equipo
y, en represalia, los expulsaron por indisciplina grave. Alguien comentó
que todavía no han indemnizado al INDER cuanto se gastó en su formación
deportiva.

Dayron Robles (Guantánamo, 1986) o Wilfredo El Bebé León (Santiago de
Cuba, 1993) encarnan el futuro deseado por jóvenes dispuestos a evadir
el soborno emocional de los complejos de culpa, vindicado por sus padres
adoptivos o garroteros consecuentes. Ahora deberán sortear los escollos
que implica la ejercitación del libre albedrío en el “momento
inadecuado” como algo natural, sin considerar el efecto rebote propio de
un sistema que calca la relación entre militarismo y deporte en la
antigua Grecia.

Hay que soltar al talento hecho en Cuba para que se mida en circuitos
profesionales y pueda volver sin traumas a casa como lo hacen
venezolanos, nicaragüenses o dominicanos. No importa que estos puños y
piernas rentadas —y rentables— sientan o no orgullo de representar los
colores patrios en campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos.

Ya no rueda por la garganta esa píldora vencida de que el abrazo de un
jefe de Estado o la popularidad se equiparan a millones de dólares
capaces de proporcionar una vida y una vejez honorable, nada
incompatibles con el cariño de los aficionados. El deporte amateur como
estratagema política sucumbió. La Reforma Migratoria implementada por el
Gobierno, en vigor desde enero, ofrece un alivio pírrico: los traidores
de hoy deberán esperar ocho años para regresar al país como bienvenidos
traidólares.

Source: “Fuga perpetua | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/deportes/1371028642_3713.html

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One Response to Fuga perpetua

  • Entre la profusa verborrea del artículo, es posible intuir una densa mezcla de desilusión, pesimismo y mala fe, condimentada con algo de ignorancia histórica. Para los que amamos ESTO, hay cosas bien dolorosas: el destino de algunos de nuestros grandes atletas, las derrotas deportivas en escenarios internacionales, los abandonos de los equipos. Es duro, sí. Pero la historia del deporte cubano es mucho más que las anécdotas tristes de sus desertores, como la historia del Cristianismo es más que la historia de Judas y de Pilatos (salvando las distancias).
    El deporte aficionado no es una estratagema política, es un anhelo; si se quiere, una utopía. Como tantas ideas “utópicas” ha debido enfrentarse a la filosofía del mercado, que afin de cuentas es el ley motiv de “las fugas”. En nuestro mundo el deporte es una mercancía y entender como “fugas” la salida de atletas cubanos hacia los grandes clubes, pareciera un chiste cuando se sabe que un atleta de alto rendimiento es comprado con cifras impronunciables ¿De qué estamos hablando?

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