Corrupción – Cuba – Corruption
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Calendar
October 2013
M T W T F S S
« Sep   Nov »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  
Translate (from Es)
Archives

Cuba ¿de qué justicia social hablamos?

Cuba ¿de qué justicia social hablamos?
octubre 7, 2013
Armando Chaguaceda

HAVANA TIMES — En Cuba, el actual desarrollo de las reformas está
ampliando la brecha entre los individuos y grupos favorecidos por los
cambios y aquellos convertidos –de la mano del mercado que no les acoge
y del estado que aún administra y limita sus derechos– en perdedores netos.

Estos seres prescindibles abarcan hoy diferentes categorías de
trabajadores urbanos y rurales, familias carentes de remesas, habitantes
de los barrios de la periferia capitalina y el interior del país, negros
y mestizos, ancianos y mujeres.

Recordé tal situación en días pasados, a partir de cierto intercambio en
Internet, donde un conocido me decía “en tu país la gente puede vivir,
pues el estado cubre sus necesidades”. Frente a tal situación no queda
más remedio que traer al debate el estado de la justicia social en Cuba,
desmenuzando alguna de sus manifestaciones concretas.

Aunque me gustaría avalar el entusiasmo del amigo, creo necesario
matizar tal fervor. Para ello, comienzo por recordar que, durante algún
tiempo, varios autores -incluido quien escribe estas líneas- hemos
utilizado el término “Contrato Social” para aludir metafóricamente al
peculiar nexo establecido entre la población cubana y el estado
postrevolucionario.

Nexo donde la primera entregó en manos del segundo grandes parcelas de
derechos civiles y políticos, a cambio de formas de participación
políticas subordinadas y, sobre todo, de extensas, generosas y en
ciertos casos ejemplares, políticas sociales. Esto posibilitó, por tres
décadas, una inclusión y movilidad social envidiable en el contexto
latinoamericano, dentro de un orden estadocéntrico y bajo los subsidios
masivos de la desaparecida Unión Soviética.

Sin embargo, es justo decir que ese Pacto hoy naufraga dramáticamente,
sin que el patrón devuelva a sus protegidos lo que alguna vez estos le
entregaron. Frente a este escenario parece aclararse que las “conquistas
sociales” nunca fueron derechos sino, en el mejor de los casos,
prestaciones.

Por cuanto quedan en entredicho tres condiciones esenciales de los
primeros: ser exigibles –y tener mecanismos donde demandarlos y
defenderlos-, universales –inherentes a toda la población, amen su
condición política o socioeconómica- y, sobre todo, indivisibles- por lo
que si no se poseen, a cabalidad, derechos civiles y políticos nunca se
podrán defender los sociales.

Por eso, frente a cualquier llamado parcelario de orden, eficiencia,
lucro o libertad del tipo de los que tirios y troyanos hacen hoy -en el
marco de la compleja situación nacional cubana-, vale la pena alzar la
voz por una justicia social que corre el riesgo de convertirse en pasto
de la nostalgia.

Si consideramos, por tomar un ejemplo, el estado de la seguridad
alimentaria –entendida como el acceso a alimentos suficientes, seguros y
nutritivos capaces de cubrir las necesidades nutricionales y sustentar
una vida sana y activa- veremos que este elemento básico de cualquier
política justiciera y solidaria está en crisis.

La seguridad alimentaria en Cuba, en las últimas dos décadas, se ha
contraído significativamente debido a la caída en la producción agrícola
–que en 2012 inferior en relación a la de 1989 en la mayoría de los
productos- y por los elevados precios de los alimentos y otros productos
de primera necesidad, tanto en mercados privados como estatales.

En tal situación, los ancianos sin familia son particularmente los más
afectados, debido a las escuálidas pensiones que reciben -ya sea por su
jubilación o por la “asistencia social”- y porque no compiten en el
nuevo mercado del trabajo por cuenta propia.

La tan preconizada distribución de productos normados/subsidiados
continúa a la baja y la tendencia de la famosa libreta de
abastecimientos es a desaparecer -–más por paulatino desangramiento que
por súbita clausura- , pese al rechazo que tal situación genera en
amplios sectores populares, dependientes de estos productos básicos
subsidiados, como se demostró en debates convocados por el propio
gobierno. [i]

El tema es tan polémico que se refleja en los foros de debate de la
isla, generando posiciones diversas entre los participantes. En uno de
estos (el Último Jueves, organizado por el equipo de la revista Temas)
el economista y ex funcionario José Luis Rodríguez dijo que los
productos de la libreta satisfacen el 60% de los requerimientos
proteicos y calóricos de las personas, mientras otros ponentes
recordaron que las familias cubanas –cuyos salarios reales son hoy la
mitad de los de 1989- dedican entre 60% y 75% de sus ingresos a la
alimentación básica. [ii]

Hay que especificar que las autoridades han ido sacando productos de la
libreta, que luego se venden en el mercado libre a precios 3 o 4 veces
mayores.

Los precios de la distribución normada también ha ido en aumento,
permaneciendo dentro de la libreta los siguientes productos: 5 libras de
arroz a 0.25 centavos la libra y dos adicionales a 0:90 centavos; 10
onzas de granos a 0.80 centavos: 3 libras de azúcar refino y 1 de azúcar
sin refinar a 15 y 10 centavos la libra respectivamente; ½ libra de
aceite a 0.20 centavos, 1 sobre de café (mezclado con chícharo) de 4
onzas a 4.00 pesos; 1 libra de pollo a 0.70 centavos y 11 onzas de
pescado o, en su lugar, pollo al mismo precio; 5 huevos a 0.15 centavos;
y 1 pan pequeño (diario) de 80 gramos a 0.05 centavos.[iii]

Esta cuota alcanza aproximadamente para una semana de consumo. El resto
de los productos deben adquirirse a precios altos, en las tiendas en
divisas o en los mercados agropecuarios: en estos últimos los huevos a
1,10 pesos la unidad, el arroz a 5.00 pesos la libra, el frijol negro o
colorado a 15.00 pesos la libra, la carne de puerco a 30 pesos la libra;
un aguacate a 10.00 pesos, un mango a 8.00 pesos, una libra de cebolla a
15.00 pesos, etc.

Y en tanto los productos de la libreta son insuficientes para cubrir las
necesidades básicas, la población tiene que completar las necesidades de
diversos bienes de consumo de alta demanda (jabón de baño y de lavar,
detergente, pasta dental, aceite, puré de tomate, condimentos, café,
etc.) acudiendo al mercado liberado en pesos cubanos o en divisa, en el
que los precios son mucho más altos, lo que incide en la baja capacidad
de compra de la gente.

En estos establecimientos -a los cuales no tienen posibilidad de acceso
regular los sectores más pobres- los precios mantienen una tendencia al
aumento, a lo que se suma las irregularidades en el abastecimiento de
numerosos productos, favoreciéndose con esto el incremento del mercado
negro y la especulación.

El salario promedio mensual en Cuba, que ronda los 460 pesos, no cubre
las necesidades básicas más elementales: según criterio de varios
especialistas y testimonio de diversos ciudadanos, cada persona requiere
hoy alrededor de 3 salarios promedio para adquirir los productos de
primera necesidad.

Con semejantes salarios, la mayoría de las familias cubanas viven en
situación de pobreza, sobreviviendo con ingresos obtenidos por vías
ilegales: desvíos de recursos estatales, participación en el mercado
negro, hurtos, etc.

De esa situación se exceptúan aquellos que ocupan puestos importantes
vinculados con la economía que opera en divisas (empresas mixtas,
inversiones extranjeras), ciertas categorías especiales (oficiales de
los cuerpos armados, algunos deportistas y artistas), los que rentan al
turismo o tienen algún negocio relacionado con este (paladares, clubs) o
quienes reciben una ayuda importante (remesas) del exterior.

Y si bien se suele replicar aludiendo a las prestaciones estatales de
servicios de educación o salud -también bajo asedio combinado de la
crisis y los recortes, a lo cual dedicaremos futuros post- no es menos
cierto que incluso en estos rubros la población está destinando parte de
sus ingresos para garantizar, sino el acceso, sí la calidad del servicio.

¿Pero, preguntan algunos, frente a tal situación en un país con las
añejas tradiciones de lucha y niveles de instrucción como el cubano, no
sería lógico que la gente expresara su disenso? E ignoran que esto está
sucediendo, tanto en los canales institucionales (asambleas sindicales,
barriales, buzones de queja del estado y la prensa) como en las
conversaciones callejeras y las manifestaciones de la acotada oposición.

Sin embargo, en tanto la prensa y sociedad civil oficiales funcionan en
sintonía con los intereses estatales y las voces críticas corren el
riesgo permanente de sufrir sanciones de todo tipo -en un país donde el
estado es patrón, policía y dador de permisos para la incipiente
iniciativa privada. La queja en voz baja, la catarsis en círculos de
confianza o la inserción en el mercado negro, mezcla de robo al estado y
al prójimo, parecen ser, todavía, las reacciones individuales más
comunes ante tal coyuntura.

Sin embargo, de continuar el empobrecimiento de la población en estos
tiempos de reformas liberalizadoras, no es trasnochado presumir que
asistiremos -en un futuro cercano y sobre todo en las abandonadas zonas
del interior de la republica- a frecuentes expresiones de descontento y
protesta social, más caóticas y espontáneas que políticamente
conscientes y organizadas.

Algunas experiencias recientes en otros países señalan que el disgusto
con las afectaciones a la vida cotidiana pueden desencadenar protestas
personales que, a la postre, conllevan a procesos de cambio de
insospechadas consecuencias: el publicitado caso del tunecino Mohamed
Bouazizi, cuya inmolación dio inicio a la llamada Primavera Árabe,
resulta en ese sentido paradigmático.[iv]

La realidad es que las emblemáticas conquistas sociales de la
Revolución, que tanto beneficiaron a las mayorías trabajadoras, están
bajo asedio y en retirada. Y que su defensa debe ser tarea no sólo de
las izquierdas sino de todo el que se considere demócrata, porque no
puede erigirse –y subsistir- un auténtico Estado de derecho sobre la
pobreza y desigualdad de las mayorías.

En todo caso, el romántico relato de que los cubanos viven con una
pobreza digna debe ser, como otros tantos, debidamente revisado.

[i] Ver Información extraída del Documento “Información sobre el
resultado del Debate de los Lineamientos de la política Económica y
Social del Partido y la Revolución. Mayo 2011. Para consultar este y
otros materiales relacionados ver:
http://www.one.cu/publicaciones/08informacion/Lineamientos/folleto-lineamientos-vi-cong.pdf
;
http://www.one.cu/publicaciones/08informacion/Lineamientos/tabloide_debate_lineamientos.pdf
y
http://www.one.cu/publicaciones/08informacion/Lineamientos/Resolucion%20sobre%20los%20Lineamientos%20de%20la%20Politica%20Economica%20y%20Social%20del%20Partido%20y%20la%20Revolucion.pdf

[ii] http://temas.cult.cu/blog/201307/resena-ultimo-jueves-julio/

[iii] Además, se entregan 3 kilogramos de leche en polvo para niños de 0
a 7 años y 13 pomos de compotas para niños de 0 a 3 años.

[iv] Según testimonio de un colega estudioso de la política árabe, el
joven tunecino se encontraba previa (y forzosamente) insertado en las
redes políticas y clientelares del régimen autoritario de Ben Alí, hasta
que el proceso de liberalización y la expansión de la corrupción,
combinados con la desresponsabilización estatal respecto a la política
social y la erosión de los mecanismos de integración adhoc
tradicionales, elevaron a niveles inéditos las presiones económicas y
los maltratos de los funcionarios corruptos sobre los trabajadores
informales. Factores estos que desencadenaron, en el caso de Bouazizi
-insertado en redes de vendedores ambulantes y en una asociación de
desempleados- la dramática respuesta.

Source: “Cuba ¿de qué justicia social hablamos?” –
http://www.havanatimes.org/sp/?p=91048

No tags for this post.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *