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El rock, otra vez en la mirilla

El rock, otra vez en la mirilla
CAMILO ERNESTO OLIVERA | La Habana | 28 Oct 2013 – 11:48 pm.

Irregularidades, corrupción y guerra solapada contra el género. El
desastre del Teatro Maxim Rock.

Una década después del cierre del célebre Patio de María, la escena
rockera y metalera cubana se enfrenta nuevamente al peligro de otro
desalojo.

Esta vez el golpe pretende ser mucho más demoledor, y va dirigido contra
la agencia estatal del género. También apunta contra el Teatro Maxim
Rock, lugar donde regularmente actúan las bandas.

El 20 de julio de 2007, en horas del mediodía, se inauguró oficialmente
la Agencia Cubana de Rock. Inicialmente estuvo ubicada en dos pequeñas
oficinas en el Museo Nacional de la Música. Al año siguiente se
completaron las obras de restauración y habilitación de una antigua sala
de cine, cercana a la Terminal de Ómnibus Nacionales.

Estos trabajos incluyeron la modificación del salón de proyecciones,
para adaptarlo como sala de conciertos. También se acometió la
construcción de oficinas y de un salón de reuniones.

La sala de conciertos fue insonorizada, climatizada y equipada con un
sistema de luces y sonido. El antiguo cine fue rebautizado con el nombre
de Maxim Rock, y desde septiembre de 2008 pasó a ser también la nueva
sede de la agencia estatal. Desde entonces, ha sido una manzana de la
discordia.

El comisario Vistel

Directivos del Instituto Cubano de la Música (ICM), entre ellos Orlando
Vistel, nunca estuvieron de acuerdo con entregarle el espacio a los
rockeros. Pero la decisión estaba firmada por el entonces ministro de
Cultura Abel Prieto, y todos tuvieron que asimilarla.

Sin embargo, dichos funcionarios alentaron el torpedeo solapado contra
la agencia. Al no poder desarticularla, optaron por aislarla. Se le
aplicó la clásica técnica del bonsái. A seis años de creada, solamente
cuenta con un teléfono, dos computadoras y cero acceso a correo
electrónico e internet.

En mayo último, la directora-fundadora, Max Yuri Ávila, decidió quedarse
en EEUU. Había viajado a ese país al frente de una delegación con tres
agrupaciones que tampoco retornaron a la Isla.

El 11 de junio asumió la dirección Blanca Recode, designada por el
actual viceministro de Cultura y presidente del ICM, Orlando Vistel.

Recode llegó imponiendo una dinámica represiva de corte fascista,
disfrazada tras supuestas “medidas para rescatar la disciplina laboral”.
De manera señalada ha propiciado el éxodo obligado de la mayoría de los
trabajadores administrativos.

En su lugar, ha contratado a una autentica “mafia”, con la cual se
siente plenamente a gusto. Como nunca antes, han ocurrido robos y
pérdidas de dinero en las oficinas y en la propia taquilla del teatro.

Estos hechos han sido cubiertos con un escandaloso manto de impunidad.

Por otra parte, los técnicos y el personal de servicios de la sala de
conciertos se hallan bajo presión y amenaza de despido.

La estrategia para disolver la agencia

Recode y sus cómplices están creando condiciones para “demostrar” que el
rock no es rentable a nivel profesional. Tienen a su favor diversos
factores: el circuito nacional de giras y conciertos está bajo el
control de una cadena de funcionarios corruptos. Estos gozan de la
impunidad que les ofrece la militancia en el Partido Comunista.

La radio y la televisión continúan ajenos a lo que ocurre con el rock.
En un país donde todos los medios son estatales, no se ha propiciado ni
un solo espacio especializado en emisoras de alcance nacional.

El Teatro Maxim nació como un lugar diferenciado para el rock. La
historia del género en la Isla se ha caracterizado por la existencia,
durante décadas, de un rechazo político y también social. Rechazo que
forma parte de la formación familiar y cultural de capas poblacionales
identificadas, por ejemplo, con la música popular bailable.

En las últimas semanas, en el escenario del Maxim se están presentando
agrupaciones de ese corte. Se trata, según la administración, de “hacer
rentable el espacio, para no tener que cerrar la agencia”.

Por otra parte, se pretende evaluar la calidad interpretativa de los
rockeros sobre la base de su dominio de géneros de la música popular
bailable. Todo un retroceso a los grises años setenta del pasado siglo.
Quien no se pliegue a esta imposición, pierde su categoría profesional y
se queda sin trabajo.

De hecho, la “reglamentación” significa una clara sentencia de muerte
contra las agrupaciones rockeras.

¿Aceptado o tolerado?

Da la impresión de que el ataque contra la Agencia de Rock va dirigido,
en igual medida, contra la existencia del género en el entorno
sociocultural cubano. Y prueba que el rock en la Isla nunca ha sido
aceptado, sino “tolerado”, bajo determinadas coyunturas, como un
elemento más para el lavado de imagen del régimen.

Las bandas de la agencia están sufriendo irregularidades y manejos
turbios. La directiva ha llegado a boicotear presentaciones en eventos
fuera de la capital. En otros casos, ha incumplido con el pago a los
músicos. El descontento entre los miembros es creciente. La situación va
a provocar una explosión.

Es evidente que la acción de Blanca Recode y sus colaboradores está
siendo protegida por funcionarios del más alto nivel del Ministerio de
Cultura.

Como hace cinco décadas, el rock en Cuba vuelve a estar en la mirilla de
la dictadura.

Source: El rock, otra vez en la mirilla | Diario de Cuba –

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