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Algunos Apuntes sobre Marxismo, Castrismo y Gramscismo

Cuba: Algunos Apuntes sobre Marxismo, Castrismo y Gramscismo
[05-11-2013]
Jorge Hernández Fonseca

(www.miscelaneasdecuba.net).- Ahora que el socialismo castro-marxista
cubano se declara derrotado –al inaugurar en el Puerto de Mariel un
enclave capitalista para intentar sobrevivir al desastre económico,
social y moral de la sociedad castrista cubana de 2013– vienen a mi
mente ideas necesarias de compartir.
Nicolás Maquiavelo, un asesor de las altas esferas de gobiernos feudales
de algunas de las ciudades-estados italianas de inicios del
Renacimiento, fue probablemente el primer escritor que dejó para la
posteridad algunos principios de lo que hoy se conoce como las “ciencias
políticas”. Su obra principal, “El Príncipe”, es una recopilación de
recomendaciones efectivas (poco éticas) ante situaciones complejas que
enfrenta todo gobernante, válidas hasta hoy.

Carlos Marx, que pasó a la posteridad con su obra cumbre “El Capital”,
–de corte económica– creó también –asociado a sus estudios
económicos– métodos y procedimientos sociales y políticos como forma de
aplicar supuestas soluciones a los problemas que sus estudios económicos
arrojaron, según su óptica. Para tales propuestas, Marx incursionó en la
filosofía y la historia, de las cuales extrajo las bases para los
métodos y procedimientos citados. Nacían así principios marxistas
consagrados –como “el fin justifica los medios” muy usado hoy día–
asociados a la utilización de la violencia como método adecuado para
alcanzar fines políticos.

El trabajo de Marx en el campo social y político puede resumirse como
una sistematización, un método y un direccionamiento
político-económico-histórico de las viejas ideas contenidas en “El
Príncipe” citado antes, del cual probablemente extrajo sus principios
básicos, concatenándolos.

Sí bien la Cuba de los hermanos Castro de hoy ratifica –con su paso
hacia el capitalismo en el Mariel ‘brasileño’– el fracaso de las ideas
económicas y sociales de Marx, eso no significa que el marxismo como
filosofía de procedimientos –y en el ideario de nuestros políticos en
Latinoamérica, en las normas de la ‘mala’ educación, en la óptica
política y en el proceder social general de una izquierda revanchista–
esté igualmente acabado. Todo lo contrario, ¿por qué?

Una pregunta difícil de responder, asociada a un modelo de pensamiento,
cuyo núcleo central fracasó estrepitosamente –no sólo en Cuba, como
también en las decenas de países que lo experimentaron y fracasaron
antes– resultando por eso en una respuesta compleja y múltiple.

Por un lado, el marxismo es un cuerpo de doctrinas muy bien
concatenadas, que encuentra su principal –e insoluble– problema cuando
es aplicado en el mundo real. De manera que para aquellos de pensamiento
netamente teórico –la mayoría de la intelectualidad se engloba en esta
categoría– a los que les resulta ajena esa realidad social fuera del
“librito”, estos fracasos suelen ser atribuidos a ‘gestores inexpertos’,
‘conspiraciones de la derecha’, o a ‘incidentes fortuitos’ y no al
desapego del conocimiento marxista sobre la naturaleza humana, razón
principal de su fracaso en la realidad económica, política y en el
funcionamiento de la sociedad.

Por otro lado, el marxismo establece una especie de catecismo de dogmas
que funcionan como en una religión, de manera que obliga a atar aspectos
tan disímiles como la “justicia social” y la ‘dictadura de un partido
único’ (que reprima a ‘los capitalistas’ de manera ejemplar) siendo que
en la realidad social no hay relación efectiva de una cosa con la otra.
El marxismo distorsiona además los principios morales, para lo cual
ataca las bases de la sociedad occidental, el cristianismo, a cuya
doctrina es diametralmente opuesto, con vistas a destruir el cimiento de
nuestra civilización, pensando que –sobre las ruinas de la misma
(ruinas como las de la sociedad cubana actual)– puede establecer su
doctrina atea, relativista, oportunista y utilitaria.

El marxismo en Cuba fracasó en la economía y en la sociedad, que ya no
cree más en la “revolución”. Además, el marxismo no es sólo aplicar sus
postulados directos, también carga con sus consecuencias. Así, vive en
la esencia de una dictadura de partido único, en el odio de las turbas
que golpean mujeres indefensas, que arbitrariamente encarcelan y
condenan sin pruebas personas inocentes, en el terrorismo de estado que
aplican contra su propio pueblo y en la violencia social que se vive
dentro de la isla, sin presente y sin futuro. Eso también es marxismo,
como lo es la doble moral, la prostitución generalizada, los miles de
fusilados, los cientos de miles de presos políticos, la desesperanza de
la juventud, la división de la familia…

Adicionalmente, el marxismo es una doctrina de derramamiento de sangre,
que se justifica en la muerte del “enemigo de clase”, que promueve la
descomposición social, la falta de educación, el hablar chabacano, el
desprecio a las buenas costumbres. Siembra el odio y la destrucción de
la familia como principal célula social, incentiva la envidia y las
bajas pasiones con fines utilitarios, pero después no tiene como
suprimirlas, porque las usa precisamente como factores de triunfo de su
ideología divisionista, que controla con técnicas de terror social y
represión.

El marxismo es robarse las elecciones presidenciales en Venezuela, al
tiempo que ‘adelanta las Navidades’ para ganar las elecciones
municipales; es modificar –con los peores métodos de corrupción y
terror– la Constitución en Nicaragua para establecer un “dictadura
constitucional”; es hacer aprobar leyes contra la prensa en el
parlamento ecuatoriano; es doblegar voluntades pro socialistas usando la
coerción en Bolivia; es depredar el patrimonio público y privado en
Brasil escudándose en manifestaciones pacíficas, y un largo etcétera que
incluye penetrar los medios masivos de comunicación para establecer un
estado de opinión que justifique el caos.

Por efecto de la debacle generalizada en Cuba –y con miedo a la
estampida que se espera a la muerte de los hermanos Castro– muchos
marxistas cubanos han abrazado la oposición política al castrismo ahora,
pero –vaya pretensión– quieren imponernos a los opositores demócratas
sus ideas sin ninguna vergüenza. Usando sus condiciones de
“intelectuales” marxistas llegan incluso a mirar por encima del hombro a
los opositores demócratas, siendo que un puñado de los pocos
representantes del ex castrismo marxista dentro de la oposición política
cubana, escriben con excelente acceso a los medios de prensa opositores,
creando un estado de opinión con el que pretenden coartar a la mayoría
opositora demócrata dentro y fuera de la isla.

Es la práctica asociada a los métodos propuestos por Antonio Gramsci, un
comunista italiano que propuso la penetración del marxismo en los medios
culturales de occidente defendiendo sus métodos, materializado ahora no
sólo en una buena parte de la sociedad occidental, sino
–pretendidamente– dentro de la oposición política al castrismo. Este
procedimiento se ejecuta –no para defender una doctrina económica
fracasada en la isla– sino para introducir el germen de la
autodestrucción marxista entre los opositores cubanos, con vistas a
prevalecer dentro de la isla en una transición asociada a la familia
Castro, tal y como Raúl y sus generales planean.

El marxismo político, económico y social, ha fracasado, pero todavía hay
que dar la batalla de la eliminación de los métodos marxistas al
interior de la cultura de la sociedad civil cubana, como la única forma
de evitar que los teóricos del odio y la sangre derramada vuelvan por
sus fueros a imponer en la isla lo peor de una filosofía
discriminatoria, la envidia y las bajas pasiones, que si bien ha
demostrado eficacia para atacar y destruir personas de éxito e
Instituciones democráticas, también ha demostrado su total incompetencia
para generar bienes y servicios (riquezas) en una sociedad pacífica,
apegada a los preceptos cristianos de la exitosa sociedad occidental.

El marxismo –derrotado en la política y la economía– actúa ahora en
occidente como un cáncer en el seno del tejido socialmente sano, contra
el cual se rebela con métodos inmorales y poco éticos, basado
precisamente en la libertad y la tolerancia propia de las sociedades
democráticas, que aprovecha para penetrar con falacias y métodos
divisionistas –usando lo peor de la condición humana– que promueve con
vistas a prevalecer (divide y vencerás) para implantar su esquema de
terror, matonismo y desprecio por los valores éticos y morales.

La derrota del castrismo en la sociedad cubana es un hecho innegable. El
peligro ahora es su continuación mediante un gobierno “capitalista de
estado” promovido por los peores métodos marxistas de engaño, soborno y
penetración garmscista en la oposición política cubana. En virtud de lo
anterior, es necesario saltar con fuerzas al plano intelectual de la
lucha de ideas, para desmontar esta nueva pretensión
castrista-gramscista-marxista dentro de la oposición.

No dejemos que el marxismo derrotado capitalice la transición hacia un
capitalismo de estado castrista, ¡luchar por una Cuba libre y
democrática resulta ahora más que necesario!

Source: Cuba: Algunos Apuntes sobre Marxismo, Castrismo y Gramscismo –
Misceláneas de Cuba –

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