Corrupción – Cuba – Corruption
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El continuismo de Raúl Castro

El continuismo de Raúl Castro
Viernes, Diciembre 20, 2013 | Por Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org – Transcurridos más de siete
años desde la célebre “Proclama” de Castro I, que marcó su salida de la
dirección del gobierno, el desempeño de Castro II no ha logrado
encontrar un derrotero capaz de llevar a feliz puerto la travesía de una
revolución náufraga.

Una mirada al panorama socioeconómico y político de Cuba permite
observar un confuso escenario en el cual no se produce ningún avance
económico significativo que permita remontar la crisis permanente;
mientras en el plano social continúa el retroceso, disminuyen las
prestaciones y la calidad de los servicios, en particular los de salud y
educación, y en lo político se mantiene el totalitarismo de una élite
militar y se establecen nuevas regulaciones que “flexibilizan” el
sistema a fin de lavar el rostro del régimen y ofrecer una imagen más
bondadosa hacia el exterior, a la vez que se incrementan y extienden los
métodos represivos hacia el interior contra los sectores disidentes y la
población.

Tras 55 años de dictadura el fracaso del sistema ha quedado
suficientemente demostrado. Sin embargo, la situación todavía no parece
apuntar hacia una salida, y –ante lo errático de las políticas
gubernamentales, la ausencia de instituciones independientes capaces de
influir en transformaciones más relevantes y la falta de libertad de
prensa e información, entre otros factores– la realidad ofrece un
panorama impreciso en el que conviven simultáneamente la necesidad
urgente de cambios radicales y la incertidumbre sobre el futuro.

Es sabido que las transformaciones sociales se producen con
independencia de la voluntad de los gobiernos. No obstante, éstos pueden
retrasar o acelerar dichos procesos. En el caso cubano la cúpula ha
demostrado convincentemente su voluntad de aplazar en todo lo posible
una transición que acabaría arrebatándole el poder político, de manera
que está apostando por otro tipo de estrategias que le permitan una
continuidad más allá de los cambios que sufra el sistema. Una apuesta
difícil, pero quizás no tan inverosímil si –ante la debilidad de la
sociedad civil interna para impedirlo–, el escenario internacional se le
muestra complaciente o propicio.

Post totalitarismo

Muchos analistas coinciden en señalar síntomas inequívocos de
descomposición del sistema socioeconómico cubano tal como éste existió
bajo el fidelismo. Otros, más optimistas, afirman incluso, que estamos
inmersos en una etapa de post-totalitarismo. Acertados o no, lo cierto
es que la realidad cubana no es la misma de un lustro atrás y existe la
impresión de estar asistiendo al final de un largo período que dará paso
a nuevos tiempos. Para bien y para mal, Cuba está cambiando, pero las
relaciones del poder con la sociedad siguen siendo despóticas y la
cúpula permanece incólume.

Más aún, la gerontocracia histórica parece haber encontrado una manera
de perpetuarse como clase mutando en sí misma, evitando a la vez una
mutación social. Así, en Cuba actualmente están imperando dos sistemas
simultáneos y paralelos en el que coexisten las reglas de la economía de
mercado, con beneficios solo para la élite; y una distribución
“socialista”, con perjuicio para el resto de los cubanos. Tal es la
“transición” concebida por el gobierno.

Ahora bien, en su significado lingüístico, transición es el paso de un
modo o estado a otro, cualitativamente diferente. En política equivale
al proceso de transformación de un sistema en otro, y se ha utilizado
profusamente en la definición del tránsito hacia la democracia tras
gobiernos o sistemas dictatoriales, con independencia de su duración y
su mayor o menor signo represivo. Por tanto, en el caso cubano se
trataría de una transición a la democracia, fruto de la cual emergería
un Estado de Derecho con una Constitución inclusiva, no regida por
partidos políticos o ideologías de ninguna índole, y en el cual los
poderes estarían separados y se respetarían los derechos sociales e
individuales, en tanto el ejercicio del poder público estaría
subordinado al sistema de leyes.

La eternidad de la autocracia

Asumiendo esta definición, resulta obvio que las transformaciones
implementadas en base a esa hoja de ruta (“Lineamientos”) nacida del VI
Congreso del PCC, no apuntan a una transición, sino que buscan legitimar
la eternidad de la autocracia. Se trata realmente de la estrategia
oficial para un continuismo sui géneris, en el cual los cambios
regulados desde el gobierno pretenden conservar no el sistema (dizque
“socialista”) propiamente dicho, sino el poder político y los
privilegios de una clase-élite.

El éxito de dicha estrategia dependería del comportamiento de varios
factores, entre los que destacan por una parte el crecimiento y
potencial fortalecimiento de los sectores opositores y la sociedad civil
independiente hasta el punto de representar una alternativa al poder, y
por otra las políticas de las naciones democráticas en sus relaciones
con la dictadura o con la oposición. En el momento actual el desgaste
del régimen y su falta de credibilidad socavan su perfil tanto al
interior como al exterior; y al mismo tiempo la lenta consolidación de
la oposición y los sectores afines a ésta no favorece que los apoyos
internos o foráneos se hagan más efectivos, lo cual equivale a un
relativo estancamiento en la situación general reflejado en un precario
equilibrio interno, que consiste en un aumento del descontento social,
un crecimiento de la oposición y de sus actividades, y un incremento de
la represión con diversos matices que van desde la coacción hasta las
golpizas, arrestos y encarcelamientos.

En sentido general, y finalizando ya el quinto año de raulismo, no se
han producido los avances prometidos por el gobierno. Antes bien los
cubanos se sienten más atenazados con la crisis general del sistema,
mientras el régimen continúa anotándose nuevos fracasos en sus objetivos
esenciales: detener y erradicar la corrupción, crearse una sólida
entrada de divisas y echar adelante la economía interna. Lo cual no solo
hace imposible una transición pactada, sino que también compromete
gravemente las aspiraciones de continuismo de la dictadura.

Source: “El continuismo de Raúl Castro | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/?p=55098

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