Corrupción – Cuba – Corruption
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Dos mendigos, dos vidas

Dos mendigos, dos vidas
Ahora tenemos sus palabras, pero antes casi se los llevan presos solo
por estar en la calle
lunes, marzo 17, 2014 | Marcia Cairo

LA HABANA, Cuba.- Cuando pasaba por Obispo vi una multitud. Pensé que
habían detenido a un ladrón que quizá arrebató la cartera a un turista…,
pero ese no era el caso; estaban apresando a dos mendigos que se ponen
en determinados rincones de la ciudad para que los turistas o la gente
que pasa le tiren unas monedas.

Uno de ellos es un estrafalario músico ciego que ejecuta varios
instrumentos: guitarra, armónica, maracas… ayudado por su boca, manos y
pies; incluso se ha colgado un muñeco de trapo al hombro, como
acompañante en su concierto callejero, y otros que coloca en el suelo
para hacer la escena más colorida. También detuvieron a una anciana que
se sienta en el piso y coloca su prótesis de pierna al lado, con el
correspondiente “platico” para las limosnas.

La gente en el tumulto replicaba entre dientes que aquello era una
injusticia, que por qué no dedicaban su tiempo a apresar a los
verdaderos delincuentes, vendedores de drogas, proxenetas, jineteros, y
toda esa lacra que comienza a aparecer cuando cae la noche en zonas
donde abunda la prostitución, donde hay un mundo plagado de delitos. Y
por qué no decir que hay otros mundos sofisticados, de traje y camisa
perfumada, donde se mueve la corrupción a escalas insospechadas. Allí sí
que se oculta el delito, se enmascara y no se conoce –salvo en algunas
esferas–. Solo ve la luz pública cuando se filtra la información y no
queda más remedio que comunicarlo en la prensa plana.

Es una vergüenza que estas cosas pasen, cuando sabemos perfectamente que
en la policía existe la corrupción, y que se hacen los “ciegos” cuando
ven el delito, y se aprovechan y sacan su tajada.

Días después, hablé unos minutos con Mario Padrón, de 58 años, viudo,
que vive con su anciana madre, y me explicó que su situación de pobreza
no le ha dejado otra opción que vivir de limosnas. Todos los días, desde
por la mañana, se aposta en el mismo lugar y hace su raro concierto de
showman. Me ha dicho que ya anteriormente había sido retenido y tenía
varias actas de advertencia, pero de alguna manera tenía que buscarse la
vida, porque con la miserable ayuda que le daban por la seguridad social
no podría ni vivir cuatro días.

Mientras, Alba López, la señora de la prótesis, me contó que por su
padecimiento de diabetes y la infección de una herida, tuvieron que
amputarle parte de una pierna. Ella habita en una ciudadela cercana con
su esposo y una hermana, en un solo cuarto. Se dedica a la mendicidad y
de paso observa a la gente y coge aire, pues su casa es un cuchitril
donde no se puede ni caminar. Cuando era joven trabajó en el comedor de
un hospital por muchos años. Su pensión es muy exigua; y ahora, a pesar
de su avanzada edad (87 años), siente que debe contribuir y apoyar a su
familia.

En La Habana Vieja se ven muchos casos como estos, pero lo que es
incomprensible es el acto arbitrario, un montaje de “limpieza de
escoria”, totalmente ridículo.

Source: Dos mendigos, dos vidas | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/dos-mendigos-dos-vidas/

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