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Por qué los Pactos de la ONU?

¿Por qué los Pactos de la ONU?
ANTONIO G. RODILES | La Habana | 3 Mar 2014 – 9:08 am.

Los cubanos están hartos del régimen, pero temen a la violencia de
Estado. Exigir la ratificación de los Pactos permite involucrar a los
ciudadanos en una campaña con legitimidad internacional.

El 28 de Febrero de 2008 el régimen de La Habana firmaba, como maniobra
de propaganda, los Pactos de los Derechos Civiles y Políticos y
Económicos, Sociales y Culturales. Eran tiempos en que Raúl Castro
buscaba legitimar su figura en la arena internacional y proyectarse como
opción de futuro para la Isla.

Seis años después, Raúl Castro ya no se puede comprar como reformista.
Ahora se vende como quien cerrará una etapa en la historia de Cuba,
ofertando a la comunidad internacional y aliados un país en supuesta
transición bajo control y colocando a sus herederos como única opción de
“gobernabilidad” y “estabilidad”. Sin embargo, el grupo heredero solo
representaría la extensión de un sistema decadente y plagado de corrupción.

Con esta lógica detrás, una nueva ofensiva anti embargo pretende ganar
espacio. Varios actores y grupos de influencia dentro de EEUU salen en
busca de un cheque en blanco para la elite gobernante y sus
beneficiarios. Elite que carga la principal responsabilidad del desastre
nacional y la violación sistemática de los derechos y libertades
fundamentales. La ofensiva pasa también por Europa y Latinoamérica. En
esta última la principal pieza del ajedrez comienza a ser Brasil, una
vez que Venezuela, en su declive, deja de ser un socio que garantiza
estabilidad en el mediano plazo.

Sin embargo, las recientes “deserciones” de profesionales cubanos del
programa Más Médicos, y sus posibles consecuencias legales, evidencian
que el escenario brasileño es muy distinto al del “hermano bolivariano”,
y que la situación puede tornarse rápidamente más compleja de lo
esperado. Brasil, con su ambición de afincarse como potencia regional,
se enfocaría en un escenario a más largo plazo. Para sostener y ampliar
su presencia empresarial, necesita un proceso de transición suave en la
Isla, que derive al menos en un sistema estable con libre mercado y el
pleno restablecimiento de relaciones del gobierno de La Habana con EEUU.

Por otra parte, las negociaciones con la Unión Europea sobre un acuerdo
bilateral están en marcha, aunque según han dicho los propios
representantes del bloque, estamos frente a un proceso que tomaría al
menos dos años. Lamentablemente, algunos de los países involucrados han
comprado las antes mencionadas cartas de “gobernabilidad” y
“estabilidad” a corto plazo. Obvian las terribles consecuencias de
apoyar un sistema sostenido por la corrupción y la violencia de Estado.
Otros, en cambio, siguen reclamando la necesidad de una cláusula
enfocada en los derechos humanos como garantía mínima para un eventual
acuerdo.

Mientras tanto el régimen hace silencio ante la propuesta europea y opta
en la Isla por una represión quirúrgica para evitar que el descontento
generalizado comience a capitalizarse en reclamos abiertos al sistema.
La represión contra los activistas se incrementa y promete empeorar a
medida que el escenario se complejice.

Entretanto, la iglesia católica cubana, después de una carta pastoral
que pareció dar un giro a su cuestionable desempeño, continúa
sosteniendo un silencio cómplice ante la represión. Recientemente los
editores de la revista Espacio Laical, una plataforma católica,
declararon que el respeto a los derechos humanos no debe ser una
condicionante para las relaciones con La Habana. Declaraciones
lamentables desde una institución que debería asumir el respeto a la
dignidad humana como su principal premisa. Nadie debe olvidar que la
legitimidad ante la sociedad no se obtiene espontáneamente.

Promover la falsa esperanza de que un régimen como el actual
evolucionará de forma natural a una democracia moderna, es cuando menos
ingenuo, sobre todo si lo que salta a simple vista es la construcción en
Cuba de un capitalismo autoritario, sostenido en la violencia de Estado,
la corrupción y el clientelismo político. Otorgar gratuitamente
capacidad de maniobra a quien no entiende de respeto y ética y que de
inmediato muestra su perfil delincuencial, es un error.

En la pasada cumbre de la CELAC, una de las pocas declaraciones que
aportó algún contenido fue el pedido de ratificación de los Pactos al
régimen cubano por parte de Ban Ki Moon, secretario general de la ONU.
La campaña Por otra Cuba, iniciativa nacida dentro de la Isla hace casi
dos años, trabaja en esa dirección, buscando no solo la ratificación
sino también la implementación de estos convenios internacionales. En el
contexto anteriormente descrito, esto nos daría una magnifica
herramienta para el juego político al interior y al exterior de la Isla.

Resulta evidente que los resultados aún no alcanzan el nivel esperado,
pero las más de 4.000 firmas, el trabajo de promoción y distribución de
la “Demanda ciudadana” en el país, el pedido de Ban Ki Moon, así como el
posible acuerdo bilateral promovido por la Unión Europea, crean un
excelente ambiente para continuar enfocándonos en esta campaña.

Los cubanos en la Isla están hartos de un régimen totalmente decadente,
pero temen ser blanco de la violencia desmedida por parte del Estado y
sus grupos parapoliciales. Los Pactos como demanda cívica permiten
realizar una campaña precisa que involucre al ciudadano común y lleve
implícita una legitimidad internacional. La demanda de estos convenios
también proporciona a gobiernos democráticos y amigos una herramienta de
reclamo específico y directo al régimen de la Habana. Al mismo tiempo,
la implementación serviría de hoja de ruta para impulsar el proceso de
democratización a través de cambios en todo el andamiaje constitucional
y jurídico apegados al carácter vinculante de dichos pactos.

Demandar la ratificación e implementación de los Pactos es una
interesante herramienta que apenas hemos explorado. La campaña “Por otra
Cuba” ha dado solo sus frutos iniciales. Quienes desean desde el
exterior ayudar al cambio democrático en Cuba deben dar muestras de
responsabilidad política, prestar atención al trabajo ya hecho en la
Isla y palpar con mucha sensibilidad el pulso interior para no
contribuir a fracturar y desmontar esfuerzos. Si deseamos ser objetivos
y trabajar con las variables reales, sin crear falsas expectativas,
debemos observar los tempos que en la Isla marcan no solo los
opositores, sino también los ciudadanos.

Source: ¿Por qué los Pactos de la ONU? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1393830845_7421.html

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