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Médicos cubanos entre el bien y el mal 05-2014

Internacionalismo, Médicos Cubanos, Salud Pública

Médicos cubanos entre el bien y el mal
La existencia de una causa justa no le resta un ápice a un objetivo
primordial de la campaña: el interés del gobierno de los hermanos Castro
por mantenerse en el poder
Alejandro Armengol, Miami | 12/05/2014 11:44 am

Fue en julio y en 1998 cuando un taxista mexicano nos preguntó a Sara y
a mi: “¿cubanos de Cuba o de Miami?”, como si existiera un país
dividido. al igual que Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. o
dos naciones que se habían apropiado de un mismo nombre.
Luego de saber la procedencia, el hombre se empeñó en ganarse nuestros
dólares, y al tiempo que se mostraba solícito en llevarnos a los
Jardines de Xochimilco, las pirámides y los mercados de artesanía del
Distrito Federal, alababa los logros de la medicina en la Isla.
“Esta enfermedad, la curan en Cuba gratis”, nos dijo mientras nos
mostraba un brazo y se viraba para que pudiéramos ver mejor las manchas
de su cuello y cara. A partir de ese momento, supimos que nuestra
conversación marcharía cuesta arriba, con dificultad creciente, si
hablábamos de política.
Alguien que padece de vitiligo no es fácil de convencer. Sobre todo si
en algún momento le han hecho una promesa de tratamiento gratuito —así
nos hizo saber—, en caso de lograr las conexiones necesarias para
emprender el viaje a la Isla.
De nada sirvió explicarle que la medicina para extranjeros en La Habana
había que pagarla con esos mismo dólares —muchos más— que se empeñaba en
ganar aquella mañana, que salvo por razones políticas —no existentes
entonces y tampoco hasta el momento— los mexicanos de a pie quedaban
fuera de la caridad castrista hacia los enfermos latinoamericanos, que
los cubanos residentes en la única Cuba —que en realidad existe
geográfica y políticamente— pasan mil trabajos para encontrar cualquier
medicamento y que, además, no existía una cura científicamente
comprobada para el vitiligo. Ningún argumento tenía la fuerza necesaria
para apartarlo de la esperanza. Aquel chofer debe seguir esperando
todavía, ahora envidiando a venezolanos y bolivianos.
Miles de latinoamericanos han sido atendidos por médicos cubanos. Las
cifras son impresionantes. No es fácil rebatir este esfuerzo. Y sin
embargo, la existencia de una causa justa no le resta un ápice a un
objetivo primordial de la campaña: el interés del gobierno de los
hermanos Castro por mantenerse en el poder.
Si antes el “internacionalismo proletario” se manifestó a través de la
lucha armada y la guerrilla, ahora el frente internacional se ha
convertido en una fuente de prestigio, influencia y divisas. Al tiempo
que los servicios médicos en el exterior es una de las principales
fuentes de ingreso monetario, en buena medida se mantiene la leyenda de
los facultativos cubanos dispuestos a ir a cualquier lado y atender a
cualquiera.
Es posible que la ingenuidad del taxista mexicano se haya reducido con
los años, pero aún abundan los que defienden los “logros” de la salud
pública en la Isla.
El sacrificio de miles de cubanos —en muchas ocasiones brindando
asistencia médica en condiciones difíciles— contribuye al mantenimiento
de un gobierno dictatorial. No de una forma elemental. No se trata de
atacar o criticar la labor de los médicos, lo cual sería injusto.
Cualquier alivio del dolor y toda cura de un padecimiento son meritorios
en sí mismo. Pero hay dos males mayores que este esfuerzo dilata: la
permanencia de un gobierno que suprime las libertades individuales y el
encubrimiento de la ineficiencia de varios gobiernos latinoamericanos
—especialmente el de Venezuela— para resolver sus problemas.
La práctica médica cubana en el exterior, beneficiosa para miles de
ciudadanos de otros países, también contribuye al reforzamiento de un
gobierno perjudicial para millones de habitantes en la Isla. Es parte de
la lógica de un sistema, que para perpetuarse necesita tanto un objetivo
internacional como un enemigo externo: un modelo que se repite en
diferentes escenarios —y con diversos medios, tanto pacíficos como
violentos— y que siempre se empeña en subordinar el destino nacional a
un factor extranjero.
El populismo del gobierno chavista —primero Hugo Chávez, ahora Nicolás
Maduro­— se limita a dar algún respiro en medio de la miseria. El
gobierno de Caracas ha logrado poco o nada en lo que se refiere al
desarrollo económico del país, una reducción considerable de la pobreza
y la creación de nuevas fuentes de empleos, al tiempo que la corrupción
es igual a la de otros gobiernos. Pero el chavismo cuenta a su favor con
el historial de robo, incompetencia y entreguismo de los gobiernos
anteriores, el cual continúa obrando a su favor dentro de determinados
sectores ciudadanos.
Los médicos cubanos se han colocado en el centro de la política
venezolana y son un factor determinante en el futuro de ese país, desde
dos dimensiones diferentes pero relacionadas.
En Brasil está ocurriendo un fenómeno similar en cuanto a objetivos de
propaganda gubernamental, en este caso de cara a las próximas
elecciones. El gobierno de Dilma Rousseff ha contratado médicos cubanos
para ir lugares —y esto no hay que pasarlo por alto a la ligera ni dejar
de mencionarlo— a los que los facultativos brasileños no quieren
asistir. No hay duda de que el plan beneficia a quienes hasta entonces
habían carecido de servicios médicos, pero tampoco las hay ante el hecho
de que no se trata simplemente de una colaboración humanitaria, aunque
pagada, sino también de una operación de propaganda, de Brasil y Cuba.
Hace muchos años, a mediados de la década de 1970, comprobé que en la
Sierra Maestra los campesinos solo se habían beneficiado, tras el
triunfo de Fidel Castro, de contar con medicina gratuita. Algo notable,
podrán argumentar algunos, pero no suficiente. Por lo demás, seguían
comiendo tan mal como antes, vivían en bohíos miserables como antes,
carecían de electricidad —aunque después de 20 años de la llegada de
Castro al poder finalmente se avanzaba en llevar el tendido eléctrico a
la zona— y continuaban tan aislados y tan desconfiados de los
“habaneros” como siempre.
Sin embargo, la propaganda de la salud pública gratuita sigue siendo
efectiva. No solo en la Isla, donde los servicios médicos se han
deteriorado en gran medida en las últimas décadas. En todas parte se
alaba la labor de los médicos cubanos.
Elogios merecidos, en cuanto a la tarea profesional y dedicada de los
profesionales cubanos, pero no libre de la necesidad de ponerle
paréntesis, señalar sus limitaciones, incidir sobre el hecho de que tras
este esfuerzo hay un fin político.
No hay esfuerzo médico cubano digno de mayor elogio que el llevado a
cabo por los cubanos en Haití. Sin embargo, en ese mismo Haití, hace
pocos años, tras el terremoto devastador, un cubano exiliado se me quejó
que a un amigo suyo, herido de gravedad tras un asalto para robarle, se
habían negado asistencia médica en un centro médico a cargo de los
cubanos. Los médicos cubanos no querían verse involucrados en una
situación que no veían clara —¿era un simple robo, un ajuste de cuentas
por narcotráfico o algo más?— al tiempo que no querían verse
involucrados en un hecho delictivo donde la víctima era un cubano que
había obtenido asilo político en Haití. ¿Servicios médicos gratuitos
para los haitianos?: como no. ¿Para cualquier cubano en misión
extranjera o un ciudadano de cualquier rincón del planeta?: por
supuesto. ¿Pero para un cubano que había huido del régimen de la Isla?:
un momento, mejor es esperar, no meterse en líos y mirar hacia otra
parte mientras el cubano sufre o agoniza. Así de simple se caracteriza
la ayuda cubana en el exterior.
Mientras tanto el dinero de Caracas, Brasilia o muchas capitales del
mundo, por los servicios médicos cubanos, alimenta la decadencia de La
Habana y prolonga su agonía. Al igual que otros cubanos, los médicos de
la Isla se han convertido en protagonistas voluntarios e involuntarios
de una época diversa y a la vez monótona, donde han compartido un mismo
objetivo y padecido una afrenta similar: contribuir a la gloria de un
hombre primero, luego a la permanencia en el poder de una familia, y
siempre a resignarse tener que asumir un destino impuesto.

Source: “Médicos cubanos entre el bien y el mal – Artículos – Opinión –
Cuba Encuentro” –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/medicos-cubanos-entre-el-bien-y-el-mal-317905

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