Corrupción – Cuba – Corruption
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El precio de no involucrarse

El precio de no involucrarse
[30-06-2014 10:06:26]
Alberto Medina Méndez

(www.miscelaneasdecuba.net).- Es demasiada la gente que se queja. La
paradoja es que son los mismos que hacen bastante poco por cambiar el
curso de los acontecimientos. A ellos les molesta mucho lo que ocurre a
diario, pero a la hora de participar, despliegan una interminable lista
razones por las cuales no serán de la partida y delegarán en otros esa
vital tarea.
Muchos prefieren ser solo espectadores de lo que sucede y de ningún modo
tomar la responsabilidad de asumir el protagonismo necesario que les
permita modificar la realidad. A Edmund Burke se le atribuye aquella
frase que dice que “lo único que necesita el mal para triunfar es que
los hombres buenos no hagan nada”. Una descripción casi perfecta de la
actualidad.

Una sensación generalizada invade a la sociedad y es que la política no
ofrece a los mejores. Se dice que son mediocres, que no tienen ideas y
que abundan los deshonestos en esa labor. No menos cierto es que esas
características son más que frecuentes también en otras áreas del
quehacer cívico. Es que la dirigencia en general no es muy diferente en
promedio. Los que lideran las organizaciones de la sociedad civil, los
clubes, las comisiones barriales, los consorcios de los edificios, los
sindicatos, las entidades empresarias, las colegiaciones profesionales,
no escapan a esta regla casi universal y en todo caso no hacen más que
confirmarla.

Obviamente que también están las excepciones. Existe gente fuera de
serie, especial, con grandes aptitudes. Pero el problema es justamente
que no es un hecho habitual y frecuente, sino bastante inusual y por lo
tanto escaso.

Es evidente que los mejores no ocupan los lugares claves de conducción y
queda claro que no es casualidad. Existe una deliberada decisión
individual de no ser parte. Eso es innegable. Los más capaces parecen
haber elegido premeditadamente no participar, no integrarse, ni cooperar
en lo mínimo.

Muchos afirman que no quieren ensuciarse, que la política implica
embarrarse y que entonces la determinación pasa por no entrar a ese
mundo infinitamente ingrato. Otros creen que solo han optado por
dedicarse por completo a lo profesional, a los negocios, a la actividad
propia, suponiendo que así se puede progresar.

Cualquiera sea la razón que lleve a estas personas a no sumarse al
necesario proceso de cambio, lo que es indudable, es que el sendero
seleccionado no resulta gratuito. Esta decisión tiene un enorme costo
directo en la vida de cada ciudadano y en el de la comunidad toda.

Ser gobernado por mediocres, o inclusive por los peores, tiene
consecuencias que están a la vista. Solo así se puede explicar que
naciones con abundantes riquezas naturales, con tantas posibilidades de
desarrollo, hayan sido pésimamente administradas y convivan con la pobreza.

Hay que poner mucho ahínco para lograr tan malos rendimientos, en tan
poco tiempo. La ineptitud es la verdadera madre de estos infinitos
fracasos y de los innumerables desaciertos que pueden recordarse.

Como los incompetentes no pueden gobernar con habilidad, orientan sus
energías a construir ingeniosos mecanismos para saquear a los ciudadanos
y quedarse con el fruto de su esfuerzo. Hay que reconocer que han
demostrado una notable destreza y que han sido inmensamente eficaces
para generar corrupción. Sin ellos, este presente no sería posible.

Los más sobresalientes suelen ser excelentes en lo suyo, pero tal vez no
sean tan inteligentes como parecen. Ellos creen estar a salvo de todo
haciendo lo suyo, lo que saben, siempre en el ámbito de lo privado.
Después de todo, para eso se han preparado a lo largo de sus vidas. No
han percibido que no alcanza con ser exitosos. Eso no sirve, al menos no
en sociedades como estas, en las que el poder lo pueden ejercer los peores.

Nadie espera que los mejores ingresen masivamente a los partidos
políticos. Solo sería deseable si pudieran garantizar que disponen de la
fortaleza moral suficiente para no claudicar frente a las múltiples
tentaciones que propone el poder. Las agrupaciones políticas pueden ser
el instrumento apto para cambiar el estado de cosas y corregir el rumbo.

Pero existe otra alternativa. Los partidos configuran una variante, la
más habitual, pero no la única. Tampoco se puede pretender que
individuos con un colosal talento, abandonen sus profesiones y oficios.
Pero si al menos pudieran integrarse a la sociedad civil en cualquiera
de las diversas oportunidades existentes, si le dedicaran solo parte de
su tiempo, dinero y sacrificio a ser protagonistas en serio y
comprometerse, tal vez se podría escribir el futuro de otro modo y soñar
con una sociedad mejor.

Lamentablemente son pocos los que lo han comprendido. No participar es
oneroso. Es descomunalmente caro. Algunos ya lo entendieron y están
intentando ser parte a su manera. Otros, ni siquiera eso. Siguen sin
percibir el elevado costo que pagan por no participar. Se trata del
precio de no involucrarse.

Source: El precio de no involucrarse – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/53b11a823a682e16243a742a#.U7E1tfmSwx4

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