Corrupción – Cuba – Corruption
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En baja el mercado negro habanero

En baja el mercado negro habanero
Los boliches de carne de res de 10 libras se despachaban a 10 dólares a
vendedores clandestinos al detalle y ellos revendían cada libra a 1.50
de dólar.
Iván García Quintero
junio 23, 2014

Hace 20 años, Edel (nombres cambiados) había montado una red por todo el
país que involucraba a decenas de personas y abastecía con carne de res
fresca el atrayente mercado negro habanero.

“Era una operación complicada y bien engranada donde participaban
matarifes de vacas, camioneros y choferes de ómnibus interprovinciales.
Se pagaban comisiones a policías de carretera y puntos de control, para
que mirasen a otro lado. Llegamos a introducir en La Habana mil kilos
semanales de carne de res”, cuenta Edel, cerebro del ilegal entramado.

Los boliches de carne de res de 10 libras se despachaban a 10 dólares a
vendedores clandestinos al detalle y ellos revendían cada libra a 1.50
de dólar. “La demanda era tremenda. Superaba la oferta. Trabajábamos a
destajo y teníamos hasta competencia”, señala Edel.

La ‘competencia’ era el robo descarado de cientos de kilos de carne que
a diario hurtaban los empleados de mataderos y empacadoras estatales de
ganado vacuno ubicados en la capital.

Entonces, Remberto laboraba en un matadero a tiro de piedra de la Virgen
del Camino, céntrico cruce de calzadas en el municipio San Miguel del
Padrón. Todavía le brillan los ojos cuando recuerda aquella etapa.

“Yo cargaba 60 libras diarias. Cada uno tenía un modo diferente de
operar. En mi caso, me adosaba la carne, fileteada en bistec, por todo
el cuerpo. Después la descargaba en casas de los alrededores que hacían
las veces de almacenes. En un matadero había que ser muy honesto o muy
tonto para no robar. Los jefes sacaban la mercancía en los maleteros de
sus autos. Los custodios recibían un porciento del dinero de la carne
robada y por la puerta te dejaban pasar hasta un elefante”, evoca Remberto.

Pero una combinación de factores, entre ellos mayor rigor en los
controles estatales, cierre de varios mataderos y centros de
elaboración, a lo que se suma un aumento sustancial de compradores, ha
disparado los precios y provocado escasez en el recurrido mercado negro
habanero.

Carlos, economista, apunta más a la poca productividad en la industria
alimenticia y una caída en picada de la agricultura y ganadería nacional.

“Las industrias procesadoras de leche, fábricas de queso, envasadoras de
puré de tomate o jugos de frutas y mermeladas cada vez producen menos. Y
los centros de elaboración y empacadoras de vacunos, pescados o
mariscos, a duras penas se mantienen con derivados de la carne de cerdo,
que ha tenido discretos crecimientos desde 2008. Ese déficit, sumado al
incremento de nuevos actores, como miles de negocios gastronómicos
surgidos en La Habana, han provocado un aumento brusco de precios y una
escasez que no era habitual en el surtido mercado negro”, argumenta el
economista.

El crecimiento del sector privado de hospedaje y gastronomía, ha vaciado
incluso los estantes del mercado en divisas. En La Habana se pierde
tiempo recorriendo comercios en busca de queso, pescado fresco o
mariscos, ofertados a precios prohibitivos para el cubano promedio.

Un par de años atrás, vendedores ambulantes discretamente vendían queso
o yogurt casero a domicilio. Ahora, la incipiente crisis del mercado
negro ha provocado la ausencia de ese servicio.

“Sigo vendiendo queso y yogurt, pero en menor cantidad. Ya no tengo que
caminar varios kilómetros al día, pues me dirijo a una cafetería
particular y el dueño me compra todo lo que le lleve”, comenta un
vendedor clandestino.

La legalización de ciertas actividades que antaño se realizaban por
debajo de la mesa, ha permitido sacar a la superficie a cientos de
vendedores de viandas, frutas y hortalizas. En cualquier cuadra de La
Habana, es raro no encontrarse a un carretillero pregonando su mercancía.

Para Augusto, conseguir en el mercado negro alimentos como carne de res,
leche en polvo, pescado de mar y mariscos, se ha convertido en una
auténtica odisea.“Y no hablemos de los precios”, dice.

Según Augusto, conocedor de los entresijos del mercado subterráneo,
“hace una década, la carne de res costaba entre un dólar y uno cincuenta
la libra. Ahora, cuando aparece, vale entre 2.50 y 3 dólares. Sucede
igual con el camarón y la langosta. Pescados como el castero o la aguja
rondan los tres dólares la libra. Del agro, la papa y la naranja son
misión imposible. Tienes que olvidarte que existen las papas y naranjas
no encuentras ni aunque pagues tres pesos por cada una”.

Los dueños de cafeterías y restaurantes privados, asiduos a comprar por
lo negro, se rompen la cabeza para armar un menú atrayente. Gracias a la
creatividad de sus cocineros, Tomás, propietario de una paladar en la
parte vieja de la ciudad, puede justificar los altos precios de los platos.

“No es fácil mantener un negocio donde casi todos los productos,
incluidos los del mercado legal por divisas, es difícil conseguirlos.
Ciertas frutas y pescados están desaparecidos. Ni siquiera en Varadero u
otras zonas turísticas importantes, de donde fluyen suministros
destinados al mercado negro, se pueden conseguir. Hay dueños de
paladares y familiares de dirigentes en el poder, que juegan con
ventaja: por la izquierda importan alimentos de Miami o Centroamérica, o
por sus contactos con militares que administran fincas, consiguen carnes
exquisitas. Pero quienes dependemos del suministro del mercado estatal
minorista o del ilegal, sufrimos demasiado para garantizar un menú
variado”, cuenta Tomás.

La pregunta que se hacen muchos habaneros es si esta crisis dentro del
mercado negro es solo coyuntural. Porque en los años más duros de la
escasez, a raíz de la zafra de los 10 millones en 1970 o a partir del
‘período especial’ en 1990, el mercado negro siempre surtió de alimentos
y productos a un sector amplio de la población.

Augusto es optimista y cree que se puede superar y regrese el esplendor
de antaño del eficiente mercado negro. Tomás, por su parte, asegura que
en el mercado subterráneo no se puede vender lo que el país no produce.
Y añade:
“Si el Estado no cambia las reglas de juego en el sector agrícola y
alimentario, elimina acopio y la banda de corruptos que inundan el
comercio estatal, terminaremos vendiendo pan con guayaba. La
ineficiencia tiene un límite”.

Source: En baja el mercado negro habanero –
http://www.martinoticias.com/content/en-baja-el-mercado-negro-habanero/37779.html

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