Corrupción – Cuba – Corruption
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La Mesa Redonda y nuestros males

La Mesa Redonda y nuestros males
ORLANDO DELGADO | La Habana | 4 Jun 2014 – 11:23 am.

Aunque quiera, el periodismo oficialista sigue sin poder ir más allá de
la superficie.

Desde hace un tiempo y ante el reclamo generalizado de que la Mesa
Redonda aborde temas nacionales, empezaron a aparecer en ese programa
temáticas de la actualidad nacional. Los intentos, como era de esperar,
no han sido exitosos, pero el programa —de muy baja audiencia— sigue en
su infructuoso empeño de acercarse más a los problemas cubanos y menos a
las matanzas en Siria o las elecciones en Egipto. Aunque obviamente no
lo logra, su último ensayo es toda una muestra a guardar de los claros
límites del periodismo oficial.

¿Tema de la Mesa del último viernes? Las constantes violaciones de
precios, pésima atención al cliente e inatajables desfalcos en todas las
tiendas del país. Los panelistas hablaron de algunas de las causas:
pérdida de valores, indisciplina, falta de control, corrupción y hasta
una malsana “codicia” de trabajadores e inspectores en todas las
estructuras del comercio estatal. Por supuesto mencionaron los bajos
salarios como una de las causas de estas conductas, pero volvieron a
apelar por enésima vez y de manera voluntarista a valores abstractos
como “respeto al pueblo”, cumplimiento de “lo establecido”, etc.

Lo que sucede actualmente en Cuba, donde nadie vive de su salario y los
trabajos en almacenes, tiendas y otros lugares en que se mueve una gran
cantidad de recursos e impera la corrupción, el robo y la estafa, es un
mal crónico típico de los extintos regímenes comunistas del siglo pasado
y del cual somos una exposición caribeña. Esos mismos fenómenos se daban
en mayor o menor grado en la Rusia de Brezhnev y el resto de países del
antiguo bloque comunista: los trabajadores adulteraban precios, cometían
fraudes y ofrecían un pésimo servicio a los clientes ante la falta de
estímulos y debido a sus bajas remuneraciones. Su mentalidad era tratar
de robarle al Estado y aumentar así sus magros ingresos inventando todo
tipo de artimañas. En la antigua URSS llegaron a crearse poderosas
mafias que poseían fábricas y todo tipo de servicios clandestinos al
margen de la economía estatal.

Uno de los arquitectos de la perestroika, Alexander Yakovlev, lo declaró
de manera amarga cuando le preguntaron por qué el supuesto “paraíso
prometido” se había derrumbado como un castillo de naipes. Su respuesta
sigue estremeciendo a todos aquellos que conocen la naturaleza
explotadora y antilibertaria de estos regímenes: “es que el comunismo no
tiene nada que ver con la naturaleza humana”.

Por ese motivo la Mesa Redonda no entrevistó a ninguno de las cientos de
personas que hoy guardan prisión en las cárceles del país por delitos de
estafa y robo al Estado, ni indagó en las causas de por qué una y otra
vez la mayoría de los funcionarios terminan corrompiéndose.

Según el paternalista pensamiento de Raúl Castro, estas personas “se
aprovechan de la nobleza de la revolución” y demuestran —dice el
dictador— tener “doble moral, porque la mayoría eran militantes del
Partido Comunista”. Bien sabe el General/ Presidente lo que oculta, por
ser práctica durante décadas: la posesión del carnet del único Partido
hace (¿hacía?) más expedito el camino hacia la cúspide y a su vez hacia
la “malsana” codicia y el deseo de prosperar inherente en la mayoría de
los seres humanos.

Resulta risible que los panelistas hablen de “derechos del consumidor” o
“empoderamiento popular” cuando a su vez reiteran que los reclamos de
los clientes siempre caen en saco roto. La contradicción es evidente
porque los males debatidos no son producto exclusivo de las perennes
carencias; tienen un trasfondo estructural debido a la naturaleza
totalitaria e improductiva del régimen.

De lo que se trata es de cambiar el sistema de propiedad y pasar
aceleradamente a una economía donde imperen las relaciones de mercado.
Solo de esa manera empezarían a atenuarse la contraproducente mentalidad
de muchos en tratar de conseguir un empleo con el único objetivo de
buscar la manera de robar. Despenalizar de una vez y por todas la
legítima aspiración a la prosperidad individual para crear riqueza para
sí y para los demás; por ahí comenzarían a enrumbarse los valores
perdidos y a encauzarse los derechos y deberes de todos los cubanos. Lo
demás es puro cuento.

Source: La Mesa Redonda y nuestros males | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1401873785_8883.html

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