Corrupción – Cuba – Corruption
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Un asunto de posicionamiento

Un asunto de posicionamiento
ROBERTO MADRIGAL | Cincinnati | 1 Jun 2014 – 7:40 pm.

Muchos de quienes pretenden derogar el embargo de EEUU hablan a nombre
del pueblo cubano. Lo cierto es que el pueblo cubano no tiene voz ni voto.

En 1984 publiqué un artículo en The Cincinnati Enquirer en el cual
expresaba mi opinión de que el embargo (¿bloqueo?) me parecía una medida
política que había demostrado ser completamente inútil y que tras casi
un cuarto de siglo (entonces) no había logrado ninguno de sus objetivos.
El pueblo cubano seguía hambriento y aislado y los gobernantes y sus
secuaces continuaban dándose la gran vida mientras abusaban de su poder
absoluto con absoluta impunidad.

Recibí varias llamadas, mayormente de académicos interesados en
invitarme a almorzar para discutir el tema, pero entre ellas estaba la
de un reverendo de una iglesia episcopal que se encargaba de dirigir
misiones humanitarias para llevar comida y medicinas al pueblo cubano y
que se mostraba sorprendido de que un cubano exilado se opusiera al
bloqueo (así lo llamó).

El buen pastor me invitó a que me presentara ante sus feligreses para
que les expusiera mis ideas en un conversatorio. Acepté la invitación
con gusto pero le advertí que antes de lanzarse a esa aventura estuviera
claro que yo no pensaba que el levantamiento del bloqueo iba a
beneficiar al pueblo cubano. Estos seguirían en las mismas, lo único que
se demostraría era que la medida le había servido como excusa al
castrismo para justificar su inhabilidad administrativa, su nivel de
corrupción y para mantener al pueblo aterrorizado en un alerta
permanente contra el enemigo que los ahogaba. Añadí que Castro sería el
primero en oponerse al levantamiento de la medida. Nunca más recibí
noticias del pastor ni se me invitó a conversar con sus fieles.

Solamente llevaba cuatro años en Estados Unidos. Mi opinión sobre el
embargo se había forjado en base a ese engañoso prisma que distorsiona
la realidad y que se conoce como experiencia personal. En 1964, para
aliviar la situación del transporte, ya que las guaguas pre-castristas
se iban deteriorando y por la falta de piezas de repuesto (debido al
bloqueo) muchas no funcionaban, comenzaron a llegar a Cuba unas guaguas
de marca Karocsa, de fabricación checa, que amenazaron con borrar de la
faz de la tierra a la población habanera. Fueron mucho más dañinas que
la Crisis de Octubre.

Las Karocsas tenían un grave defecto en los frenos y los accidentes con
muertos sucedían a diario. Yo mismo fui víctima de uno de ellos cuando
la Karocsa repleta en que viajaba rumbo a la secundaria, al llegar a su
última parada antes del puente de Almendares (justo en la esquina de la
que fuera la casa del exministro de Educación del gobierno de Grau, José
Manuel Alemán, ladrón como hubo pocos), perdió los frenos y el chofer
tuvo que maniobrar, para evitar ser lanzado al río, y girar el vehículo
de manera tal que se estrellara contra un semáforo. Lo logró y con ello
me apachurró a mí, que me encontraba justamente en el punto de colisión.
Todavía tengo una cicatriz en el muslo derecho que me recuerda el suceso.

La otra amenaza al pueblo cubano, casi peor que la seguridad el estado,
fueron las llamadas “Violeteras”, antiguas empleadas domésticas que por
un plan del gobierno y en un curso acelerado (casi tan acelerado como la
velocidad a la que manejaban), se convirtieron en taxistas. Manejaban
unos taxis colectivos llamados las “polaquitas” por el origen nacional
de los automóviles, que tenían un promedio de tres accidentes y diez
muertos diarios. Tan grave fue la cosa que el plan se suspendió a los
tres meses de empezado.

El problema del transporte fue malamente resuelto (y aquí comienza a
forjarse mi opinión sobre el bloqueo), no gracias a los amigos
soviéticos ni de los otros países amigos, sino por el arribo de los
vehículos procedentes del imperialismo inglés y del español, nefastos
enemigos. El parche lo pusieron las guaguas Leyland y Pegaso, para
nosotros entonces mensajeras de la modernidad automotriz.

Me di cuenta entonces de que el bloqueo era ineficaz porque básicamente
era el bloqueo de un solo país, el resto del mundo seguía comerciando
con Castro a pesar de que no pagaba sus deudas. Más adelante, ya en los
setenta, otra solución parcial e insuficiente al problema del
transporte, fue la compra de Toyotas, Fords, Dodges y Chevys, fabricados
en Argentina para convertirlos en taxis. O sea, subsidiarias de las
grandes de Detroit, volvían a infiltrarse allá.

Por supuesto, las cosas han cambiado mucho desde entonces. Cuando
aquello, a un amigo que le encontraron un billete de cinco dólares en el
bolsillo le echaron cinco años de cárcel por traficar ilegalmente con
divisas. Hoy en día el dólar circula libremente por la isla.

Otro de los efectos del bloqueo (¿embargo?) era el aislamiento del
pueblo de su vecino natural, aunque con solo encender un radio soviético
entraban decenas de emisoras americanas con mejor sonido y mejor música
que las del país (anteriormente, en los sesenta y principios de los
setenta, el DJ Clyde Clifford, desde Little Rock, Arkansas, a través de
la emisora de AM, KAAY, había involuntariamente penetrado las ondas
radiales cubanas para delicia de los roqueros cubanos, que no se perdían
una trasmisión de su Beaker Street). Eso se fue borrando desde que en
1979 comenzaron las visitas de “la comunidad”, el vuelo en reverso de
los gusanos convertidos en mariposas, con las alas llenas de regalos.
Esas mismas mariposas, con el tiempo, se convirtieron en una de las
mayores fuentes de ingreso del gobierno cubano, con sus remesas ya
billonarias, con lo que han desbaratado en gran parte el efecto
económico del embargo, aunque han convertido al país en una economía
parásita.

Con la llegada de internet y el incremento de los viajes de los cubanos
al exterior, el aislamiento se ha seguido rompiendo a pesar de la
persistencia del embargo. Por muy limitado que sea el acceso del pueblo
al mundo virtual, es un avance incomparable en comparación con lo que
había antes y muchas personas pueden contactarse a diario cuando años
atrás las caras no llegaban o demoraban semanas en llegar. El hecho de
que la telefonía ha quedado en manos de España y se ha hecho más
efectiva, llamar a Cuba hoy no es un problema (bueno, sí lo es de
dinero) como lo era por ejemplo en los ochenta. Los viajes le han
quitado la exclusividad a los dirigentes, que eran los únicos que salían
entonces.

En medio de todo esto, los hermanos Castro han continuado en el poder
haciendo de las suyas. Ahora con una nueva retórica y una serie de
cambios planificados para asegurar su supervivencia y ayudar a sus
fieles a postergarse en el poder en lo que sería un postcomunismo.
Quieren asegurar su lugar a la hora de una apertura (quizá muy limitada)
definitiva, cuando la biología termine su trabajo. El embargo nunca ha
afectado a los poderosos.

Cada vez hay menos razones para justificar la existencia del embargo
(¿bloqueo?). La pregunta sería ¿por qué ahora? O por quién hablan esos
signatarios de la carta a Obama y otros grupos. Hablan por ellos mismos.
Ante el inevitable curso de la historia y su erosión lenta pero
permanente del sistema castrista, todos estos personajes tratan de
posicionarse para cuando la isla se abra al comercio con el exterior.
Todos saben bien que resolver el asunto de la derogación del embargo
conlleva solucionar muchos problemas legales, ya que puede haber
demandas millonarias por indemnización por ambos lados, lo cual toma
tiempo. Pero también saben que en algún momento el embargo se levantará,
quizá cuando los Castro hayan muerto y otro rostro ocupe su lugar y
trate de defender sus intereses.

Pero es cierto que si la medida lleva más de medio siglo en pie y el
pueblo americano ni se ha enterado de ello, porque nada ha perdido (al
contrario, incluso ahora los tabacos hasta tienen el añadido sabor del
humo prohibido) y los figurones políticos y artísticos americanos que
visitan la isla se disfrazan de audaces, a pesar de su inefectividad,
por qué hacer concesiones sin pedir nada a cambio. Porque aunque ya el
gobierno cubano es una entidad decrépita que no representa ni la mitad
de la amenaza terrorista que fue hace treinta años, ha perdido una gran
parte del apoyo de la izquierda internacional, ha tenido que cambiar su
discurso de expansión (aunque sigue apoyando títeres latinoamericanos),
el asunto de los derechos humanos se mantiene casi sin cambio alguno. En
el poder continúan los responsables de la matanza del remolcador 13 de
Marzo, de la Primavera Negra y de un largo etcétera que llenaría varios
volúmenes. No sería justo eliminar el embargo a cambio de total impunidad.

Muchos hablan a nombre del pueblo cubano. Lo cierto es que el pueblo
cubano, que es el que más sufre esta situación, no tiene voz ni voto en
el asunto y no se sabe su opinión. Yo sé lo que opinan mis amigos y lo
que opinan periodistas, blogueros, intelectuales honestos (casi todos
del lado de acá) y algunos aspirantes a políticos, pero lo que el pueblo
cubano piensa es imposible de saber. No se pueden hacer verdaderas
encuestas de opinión en la isla que estén libres del control estatal. No
existen vehículos institucionales a través de los cuales el pueblo
exprese libremente su punto de vista respecto al embargo. Todo el que
diga que sabe lo que el pueblo piensa es un hipócrita, un mentiroso o un
idiota.

El ya polvoriento embargo se derogará cuando le convenga a los poderes
respectivos. Cuando su derogación implique pocas repercusiones legales y
económicas y aporte ventajas significativas. Mientras tanto, toda la
palabrería, las reuniones y las declaraciones, no son más que gestos e
intentos de ubicarse estratégicamente, de adquirir una relevancia
política, económica y cultural con respecto al futuro del país. Ese día
que, como dice Nicanor Parra en su poema Ultimo Brindis, “…no llega
nunca/ Pero que es lo único/ De lo que realmente disponemos”.

Source: Un asunto de posicionamiento | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1401644442_8841.html

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