Corrupción – Cuba – Corruption
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El fin del embargo no arreglará nada

El fin del embargo no arreglará nada
La clave pues no está en el fin del embargo porque la llave del fin de
las penurias de los cubanos está en Cuba y en los propios cubanos.
Joan Antoni Guerrero Vall
julio 31, 2014

¿Sería clave para algo eliminar el embargo estadounidense? ¿Sería
beneficioso para los cubanos? Para los ciudadanos de la isla, ¿quién es
el más malo de la película: el embargo o un gobierno autoritario
acostumbrado a hacer la suya sin ningún tipo de interés en resolver los
probelmas de la gente y sí, en cambio, en meterse en épicas batallas
contra un malvado imperio del que, a pesar de todo, anhela la
penetración turística y económica?

Ya sería hora que el régimen cubano actuara en los asuntos importantes
para el pueblo con la misma diligencia con la que monta sus rimbombantes
celebraciones de efemérides revolucionarias y orquesta alianzas
internacionales contra todo lo que se le antoja que le sirva para
envolverse y eludir sus responsabilidades.

¿A qué esperan? ¿Hasta cuándo tiene que esperar el pueblo cubano a ver
los frutos de ese proceso revolucionario de resonancias bíblicas que
multiplica los peces y los panes? Muy probablemente el levantamiento del
embargo llegará demasiado tarde como para poner fin a las
justificaciones que el régimen de La Habana está acostumbrado a hacer
cuando trata de tapar su ineficiencia y la bancarrota de un sistema para
el que probablemente no existan levantamientos de embargo que puedan
salvarlo.

Así pues, por mucho que Estados Unidos decidiera levantar el dichoso
embargo no parece probable que una consecuencia inmediata de la medida
fuese la “caída de careta” del gobierno cubano como parecen esperar
algunos defensores del fin del embargo.

Precisamente en medio siglo de sanciones el gobierno títere de la
familia Castro encontrará la justificación de todos los males de Cuba
por medio siglo más. Se levantará el embargo y en ese mismo momento se
montará el nuevo argumentario castrista en base a los perniciosos
efectos de medio siglo anterior de hostilidad norteamericana.

El coro internacional a favor del castrismo -con su necesidad de
munición contra Estados Unidos- repetirá el mantra, que servirá a los
gobernantes cubanos para seguir ocultando y disfrazando la verdad, y es
que Cuba no se puede levantar sobre la base actual porque los cambios
que se requieren tienen que ser de un mayor calado, más allá de la
inversión extranjera controlada y sin los criterios de chantaje
ideológico. Como también se precisa la construcción de una nueva
ciudadanía, sin el lastre de más de cincuenta años de unipartidismo y de
espejismo de un consenso nacional en torno al comunismo y a la figura de
Fidel Castro. Cuando el tótem castrista caiga, cuando los cubanos logren
derrumbar ese símbolo, estaremos quizás ante la caída de un segundo Muro
de Berlín, y los cubanos, de paso, habrán hecho así un favor al mundo.

La clave pues no está en el fin del embargo porque la llave del fin de
las penurias de los cubanos está en Cuba y en los propios cubanos, tanto
de aquellos que participan de la farsa castrista, como de los que la
aceptan en silencio y de los que se ven atados e incapaces de actuar
contra esa maquinaria que todo lo puede, porque todo se le permite.

El fin del embargo solo conduciría a engrasar un sistema de injusticia
social que es en el que viven hoy la mayoría de cubanos, lejos de
contribuir al progreso. Existe una creencia por estos mundos que dice
que la “idea de la Revolución era buena” pero que en algún momento por
el camino “se torció” por la “corrupción” de algunos. Habría que ir
derribando esos falsos mitos y aclarar que no hay objetivos de justicia
social que puedan pasar por encima de la dignidad humana ni de la
libertad de conciencia nadie. No hay proceso o programa político que
pueda cobrarse sus objetivos en vidas humanas.

La única revolución aceptable es la democrática cuando la soberanía del
pueblo permanece ocupada por élites que entorpecen el libre disfrute de
sus derechos a los ciudadanos y a éstos anteponen los intereses de un
grupo particular, sea un partido u otro tipo de organización. Hay un
acuerdo mundial sobre cuáles son nuestros derechos fundamentales y ese
acuerdo también debe aplicársele a los cubanos: tanto pueden seguir
siendo comunistas, el que quiera, como dejarlo de ser o ser otra cosa en
el futuro. Mientras esta posibilidad sea un imposible en Cuba, no habrá
punto final de embargo que arregle absolutamente nada.

Source: El fin del embargo no arreglará nada –
http://www.martinoticias.com/content/el-fin-del-embargo-no-arreglara-nada/39139.html

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