Corrupción – Cuba – Corruption
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El Fraile sigue matándose como Chacumbele

El Fraile sigue matándose como Chacumbele
PABLO PASCUAL MÉNDEZ PIÑA | La Habana | 21 Jul 2014 – 5:40 pm.

Respuesta a Percy Alvarado, agente Fraile, sobre el papel del MININT y
la Aduana de Cuba en los atentados explosivos de 1997 en hoteles habaneros.

Con el título “Diario de Cuba y una mentira sobre el terrorismo en
Cuba”, publicado en el oficialista Cubadebate el pasado 14 de julio, su
autor, un tal Percy Francisco Alvarado Godoy, reclamó diera respuesta a
su trabajo.

Vale aclarar que DIARIO DE CUBA publicó un artículo de mi autoría,
“Entre explosivos y pacotilla”, en el cual mediante una reconstrucción
de los hechos, más las opiniones y testimonios de algunas fuentes
agrupadas en un reportaje, fueron reveladas supuestas indolencias de la
Aduana General de la República y los órganos de la Seguridad del Estado
ante los actos terroristas protagonizados hace 17 años por el homicida
salvadoreño, Raúl Ernesto Cruz León, hechos que causaron la muerte del
turista italiano Fabio Di Celmo.

Como primera embestida, el articulista alega: “Luego de leer
detenidamente dicho trabajo —evidentemente alejado de los sucesos
históricos vinculados al caso?, no me despierta la menor de las dudas
sobre su carácter especulativo y tendencioso”. Declaración que merece
contestación en forma de pregunta: ¿Ecured, esa elemental enciclopedia
de nuestro sistema nacional de educación divulga mentiras?

Para contar la historia que el señor Alvarado cuestiona, me tomé el
privilegio de consultar la citada enciclopedia. En ella, una entrada
titulada “Explosiones en los hoteles de La Habana” reconstruye los
sucesos acaecidos los días 12 de julio y 4 de septiembre de 1997. ¡Ah,
que las informaciones sean falsas o manipuladas, ya es otra cosa! Lo
paradójico es que ese prontuario es consultado por los estudiantes
cubanos de todas las enseñanzas.

Igualmente me tilda de manipulador al aseverar: “Otra de las fallas es
sembrar la duda entre los lectores, al lanzar la pregunta: ‘¿Cómo es
posible que en un lapso de tiempo tan breve, las autoridades ya
conocieran el modus operandi del terrorista salvadoreño Raúl Ernesto
Cruz León?’”

Para poder digerir su mal intencionada especulación, le informo a los
lectores que la interrogante a la que se refiere el señor Alvarado fue
originada hace 17 años, cuando las autoridades alertaron —por vía
telefónica? a los empleados del garaje Servi-Cupet Riviera a alejarse
urgentemente de cualquier bolsa de compra abandonada en el lugar, ya que
podía explotar. Y el hecho ocurrió minutos después de las explosiones en
los hoteles Capri y Nacional.

Reconozco que dicha inquietud ya fue esclarecida gracias a la torpeza
del propio señor Alvarado. Tras leer detenidamente su nota, puedo
asegurar que la policía política si conocía el modus operandi del
terrorista, tal y como se sospechaba.

Según fundamenta en su trabajo, tres meses antes (el 12 de abril de
1997) en la discoteca Aché del hotel Melía Cohiba y en el piso 15 del
propio inmueble (el 30 de mayo de 1997) estallaron sendas bombas. La
noticia fue silenciada oficialmente. Y gracias a la absurda medida, el
terrorista Francisco Chávez Abarca, autor de los bombazos, campeó
libremente por La Habana, mientras que todos los pobladores y turistas
estaban desinformados y expuestos a ser victimados.

Pero el punto donde Alvarado comienza a tensar la soga en su cuello como
el suicida Chacumbele, es cuando desencadena sus delirios de superespía,
para narrar su experiencia como exagente encubierto de la inteligencia
cubana.

Resulta que el propio Alvarado (agente Fraile) reconoce que fue el
“primero” en pasar dos libras de explosivo C4 por la barrera aduanera y
al mismo tiempo participó de los análisis sobre la oleada terrorista de
1997, informándole a uno de sus jefes que los terroristas estaban
utilizando el canal aéreo Guatemala-San José-La Habana —el mismo
utilizado por él para viajar a la Isla—, algo que demuestra que la
policía política tuvo conocimiento de los vuelos utilizados por dichos
agresores.

A sabiendas de estos detalles —según afirma el propio agente?, por los
controles aduaneros del aeropuerto José Martí pasaron, entre 1997 y
1998, varios kilogramos de explosivos, y ni siquiera un solo miligramo
fue detectado por los oficiales de la Aduana General de la República y
los sabuesos de la Seguridad del Estado que supuestamente estaban al
corriente del trasiego.

Según el retablo, otros 9 terroristas fueron capturados a posteriori con
las manos en la masa. El agente Fraile confirma que la Fundación
Nacional Cubanoamericana (FNCA) proyectó el estallido de 31 bombas, pero
gracias a la “sagacidad” de la Seguridad del Estado, solo estallaron 11,
proporción que a su criterio responde a un “excelente récord”, o sea,
por cada 3 bombas explotó 1 para una average de 333, índice magnífico
para un bateador de beisbol, pero pésimo para el terrorismo.

Lo chocante y difícil de tragar, es que ni la Aduana, ni la policía
política impidieron la entrada de explosivos al país para evitar
víctimas mortales, a pesar de las “valiosas” informaciones
proporcionadas por el agente Fraile. Lo más asombroso de la historia es
que el Ministerio del Interior (MININT), un monstruo represor
—homologado con la Stasi de la antigua Alemania del Este— que le
proporciona empleo a más de 100.000 efectivos y 200.000 informantes y,
cuyo célebre órgano de la Seguridad del Estado, se vanagloria de haber
desarticulado exitosamente más de 600 atentados contra Fidel Castro,
teniendo a su alcance todas las informaciones aportadas por el agente
Fraile y las distintas redes de espías no pudiera dominar la oleada
terrorista en La Habana.

Tras leer el trabajo “abarrotado de verdades” del exagente Fraile, ahora
sí estoy plenamente convencido de que si los efectivos de la policía
política encargados de la operación no estaban comiendo cascaritas de
piña —valga el eufemismo?, entonces escenificaron un complot, y lo digo
así para que se entienda.

Corrupción en la Aduana

En cuanto a la ola de corrupción que contamina a la Aduana General de la
República, no vale la pena tratar un asunto ya conocido hasta por los
perros callejeros. Más útil resulta referirse al cuestionamiento hecho
por el señor Alvarado a la fuente anónima citada en mi artículo, la cual
aseguró que en el aeropuerto José Martí si existían las técnicas tanto
electrónicas como caninas para detectar los explosivos.

Aseveración, que reconozco, no ha sido probada categóricamente por
ninguna de las partes. Estamos ante “la palabra de la fuente contra la
del señor Alvarado” y aclaro que nunca me fio de exespías, o
profesionales de la mentira y la doble cara.

Frente al dilema de si existía o no la técnica anti-bombas en el
aeropuerto José Martí, intuyo que Cuba debió pedir urgentemente
colaboración en materia de detección de explosivos a la Interpol u otra
organización internacional. Y el por qué no lo hizo presupone una respuesta.

Con relación a la impugnación hecha a los jefes de Aduana —generalmente
oficiales de las FAR y el MININT? por la entrada de explosivos al país,
debido a la indolencia y corrupción de sus subordinados, solo formularé
dos interrogantes: ¿A quiénes se les exige responsabilidades? ¿A los
caciques o a los indios?

No dudo que en las jefaturas de las FAR y el MININT existan hombres
honestos y ejemplares. Recuerdo que uno de ellos fue el general de
división Arnaldo Ochoa Sánchez, un héroe de la República de Cuba que
únicamente se subordinaba a la dupla de Fidel y Raúl Castro, sin embargo
fue ejecutado a causa de sus vínculos con el narcotráfico internacional
y el zar de las drogas, Pablo Escobar.

Carlos Aldana, Luis Orlando Domínguez, Rogelio Acebedo… —y agréguele los
pejes gordos que faltan?, ¿por qué fueron tronados? ¿Acaso tenemos que
volver a hacer la historia del tabaco? Le recomiendo, señor Alvarado,
que cuando opine sobre corruptelas, mire mejor hacia arriba y no adonde
le convenga.

Ya no podemos parafrasear a Shakespeare insinuando que algo huele a
podrido en Cuba, sino que tenemos que reconocer que el mal apesta
perennemente. Esta isla está podrida de punta a cabo y de cabo a rabo. Y
si me cuestiona, tendré que preguntarle también: ¿en dónde reside, en
Cuba o Guatemala?

Una campaña mediática desde Terrorilandia

Creo que la cuestión más fascinante de toda esta controversia,
corresponde a la campaña mediática desbordada tras la muerte de Fabio Di
Celmo. Para nadie es un secreto que desde enero de 1959, el régimen
castrista se ha balanceado en “el cachumbambé de la víctima y el
victimario”. Empañarle el parabrisas a la comunidad internacional acerca
de su patrocinio y vínculos con el terrorismo ha sido una malograda
pretensión.

El reconocimiento a un régimen como el castrista, llegado al poder
mediante la violencia y el terrorismo, ha sido la mayor metedura de pata
de los cubanos y las democracias del mundo. A ello se suma la
desvergüenza de ver cómo condecoraron y promovieron a cargos importantes
en la dirección del país a los jacobinos que detonaron centenares de
bombas durante el periodo de lucha revolucionaria. Y han transcurrido 38
años desde que el máximo líder, Fidel Castro manifestara públicamente en
el teatro Karl Marx que su gobierno “no ha renunciado al terrorismo”, y
ni siquiera se ha retractado de tal barbaridad.

El mayor desatino ha sido convertir a la Isla en una pista de aterrizaje
para los terroristas demandados por la justicia internacional, y si le
sumamos los fanáticos de Al-Qaeda presos en la base estadounidense de
Guantánamo, podemos afirmar que Cuba es una auténtica Terrorilandia.

Señor Alvarado, da asco ver el narcoterrorista Jesús Santrich,
paseándose por el capitalino bulevar de Obispo, más tranquilo y campante
que Johnny Walker y protegido por guardaespaldas del MININT.

¿Y qué podemos decir sobre la fotografía de Iván Márquez, Pablo
Catatumbo, Alexandra Nariño y otros narcoguerrilleros gozando la
papeleta en un tour de yatismo que surcaba los mares de alguna zona
exclusiva y destinada al recreo de los máximos dirigentes partidistas?

¿A quienes representan estos monstruos, señor Alvarado? Nada más y nada
menos que a las FARC-EP, una organización tan criminal como la Mafia o
Al-Qaeda, que capitanea el narcotráfico internacional y cuyos dossiers
enumeran 15.000 víctimas por secuestros y extorsiones, 300 pueblos
destruidos, más de 1.000 civiles mutilados, 1.500 personas asesinadas en
cautiverio y otras 200.000 en el conflicto, incautaciones de aviones
comerciales y la exacerbación del terrorismo a partir del 11 de
septiembre de 2001, tal como si Osama bin Laden les hubiera iluminado.
Arnaldo Ochoa fue fusilado por la millonésima parte de las barbaridades
cometidas por esos crápulas. Paradoja de paradojas, eh.

Es cierto que el régimen castrista también ha sido víctima del
terrorismo. Uno de los actos más repudiables fue la explosión en pleno
vuelo de un avión de Cubana de Aviación en Barbados. Sin embargo,
ignorar el terrorismo de Estado contra los disidentes es una burrada que
los despoja de fuerza moral para demandar justicia. Las masacres de Rio
Canímar, Cojímar y el hundimiento del remolcador 13 de marzo son
tétricos ejemplos de masacres.

Veintiún niños perecieron en el hundimiento del remolcador y no fue
mostrado oficialmente un ápice de sensibilidad ante la tragedia. La
monstruosidad de los mandantes de este país se evidenció cuando ni
siquiera decretaron duelo nacional por la muerte de esas criaturas. Esos
infantes supeditados a las decisiones de sus padres también fueron
criminalizados como apátridas: que abominación.

El régimen bloquea las investigaciones y los asesinos siguen en
libertad. Pero lo más monstruoso del pogromo del remolcador 13 de marzo
es que el mundo continuó contemplando el crimen en silencio.

Un espía en entredicho

Para terminar, me referiré a usted, señor Percy Alvarado, siento decirle
que nunca me han interesado sus hazañas. Hice averiguaciones para
responderle y lo primero que desempolvé fue su errabundo desempeño como
periodista. Tras el carpetazo que protagonizó al acusar a 5
intelectuales cubanos de “mercenarios al servicio del imperialismo” sin
aportar pruebas, se agenció la coronación de chapucero y falto de
credibilidad.

Le manifiesto que tengo fundamentadas dudas sobre sus facultades como
espía. Dicha profesión está predestinada a hombres y mujeres muy
meticulosos, pues un leve desliz pudiera ser fatal.

Le ruego no tomar mis argumentos como un ataque personal, pero tras
analizar todas las informaciones que usted suministró a la inteligencia
cubana ?según su artículo? albergo el cosquilleo de que la policía
política nunca confió en sus soplos. Señor Alvarado, ¿no lo habrán
tomado por loco o charlatán? Considero que esta pregunta merece respuesta.

Me tomo la atribución de hacerle algunas recomendaciones para su trabajo
periodístico, no para uso doméstico, sino para exhumar la verdad. Por
supuesto que son gratuitas y libres de impuestos, aunque soy el blanco
de sus acusaciones por supuestamente binsnear con “atentados
terroristas, como autoagresiones”.

Señor Alvarado, otórguele unas merecidas vacaciones a su guardaespaldas.
Olvídese de esos arquetipos de superespía que usa como prótesis
cerebral. Vístase con ropa normal y corriente. Mézclese con el populacho
o “la plebe” (motes con que los hijos de papá identifican al pueblo).
Usted no necesita caracterización porque nadie lo conoce. Después de
cumplir con todos estos requisitos pregúntele a la gente —no como espía,
sino como un hombre sincero? qué opina sobre los miembros de la
Seguridad del Estado.

Conociendo a este noble pueblo que cuando se enfurece es capaz de sacar
los cadáveres de los cementerios para arrastrarlos por las calles,
declaro solemnemente que no quisiera estar en su pellejo, ni en el de
los chivatones y esbirros que tanto daño han hecho.

Mirando desde arriba hacia abajo no dudo que los dioses y semidioses del
Olimpo cubano, vislumbren aguas mansas, seres pusilánimes, con hábitos
de rebaño y ensimismados en la miseria.

Pero no duerman tranquilos, porque esas multitudes que durante medio
siglo han apretado en su fuero interno una abismal carga de odio y
frustración, el día que estallen, expresarán en grado superlativo el
verdadero significado del terror.

Fraile, la bola está en tu campo.

Source: El Fraile sigue matándose como Chacumbele | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1405957220_9604.html

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