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Revelaciones de un plomero

Revelaciones de un plomero
julio 22, 2014
Yusimí Rodríguez

HAVANA TIMES — El pasado domingo tupí el fregadero con unas lentejas en
mal estado. Me tocó buscar el plomero y cubrir el arreglo. El hombre nos
ha hecho otras reparaciones, pero no había cruzado con él otras palabras
que “buenos días, cómo está, qué necesita”, y el inevitable cuánto le
debo. Es un hombre cortés y sereno, cuya sonrisa parece afirmar que todo
saldrá bien.

En esta ocasión, permanecí observándolo mientras destupía mi fregadero y
entablamos conversación por primera vez. Sin levantar la vista del
fregadero, me comentó que había sido fotógrafo, y antes, profesor de
marxismo en secundaria y preuniversitario. “Me gradué en la escalinata”,
dijo, refiriéndose a la Universidad de La Habana (UH).

Por mucho tiempo he tenido la impresión de que un título de la UH tiene
más peso que uno otorgado por otro centro universitario. Cuando digo que
soy graduada de inglés, las personas me preguntan con entusiasmo: “¿de
la UH?”. El entusiasmo se esfuma en cuanto respondo: “del Pedagógico”.

Luís, el plomero, no muestra el orgullo de muchos de su generación,
sobre todo de la raza negra, que incluso mantienen sus títulos colgados
en la sala. Tampoco habla con el pesimismo de otros que a estas alturas
consideran haber desperdiciado el tiempo al estudiar en la universidad.
Su tono es casual, como cuando me pide un cubo para colocar bajo el
fregadero.

¿Por qué me asombra, a estas alturas, que este hombre vestido de
overall, a quien empieza a pesar agacharse bajo fregaderos y lavamanos,
y quisiera regresar a la fotografía porque requiere menos esfuerzo
físico, pero siente que la era digital lo dejó atrás, sea graduado de
Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana? No lo sé.

He escuchado muchas historias similares y aún me dejan boquiabierta. Lo
que más me intriga de cada una es porqué abandonaron el aula, la
ingeniería, el consultorio. Me toma tiempo conocer la respuesta en este
caso, porque Luís se pierde en anécdotas sobre Eusebio Leal.

Fueron compañeros de clase por un tiempo durante la carrera, y lo
describe como un hombre “sencillo y amable”. Leal tenía todo para ser el
Historiador de la Ciudad, menos el título universitario; faltaba a
clases con frecuencia por su trabajo y perdía exámenes. Al regreso,
debía realizarlos en el aula, en medio de alguna conferencia. “A los
doce minutos entregaba”, cuenta Luís. “¿Y las calificaciones?”,
pregunté. “Siempre el máximo”.

Logré llevarlo hacia el motivo que lo hizo abandonar el aula,
presumiendo que habría sido el bajo salario como profesor, a finales de
los 80. Su respuesta fue más simple: “Impartía Marxismo-Leninismo, y ya
a finales de los ochenta, cuando cayó el campo socialista, había dejado
de creer en todo eso; sobre todo en la visión con que debíamos enseñarlo
aquí, la de este hombre (refiriéndose a nuestro Eterno Líder, el
compañero Fidel Castro)”.

Al abandonar Educación, Luís consiguió trabajo en turismo. No se sintió
los años duros del llamado Período Especial. Pero un día de 1994, al
terminar sus vacaciones, le dijo a su esposa que no regresaría. “Estaba
muy mayor para que la policía viniera a tocarme la puerta. Había mucha
corrupción, mucho robo. La gente no se conformaba con coger lo necesario
para ellos y sus familias; se llevaban las cosas por camiones. Me
asusté”. Por esa época, también entregó el carné del Partido Comunista
de Cuba.

Ahora vive de la plomería y de vender prú oriental. Sus hijos mayores
están en los Estados Unidos. Quizás, con su ayuda, pueda conseguir los
equipos que necesita para volver a la fotografía.

Tras asegurarse de que mi fregadero estaba bien y cobrar su dinero, se
despide de mí. Su historia me ha interesado desde el principio y le pido
permiso para contarla. “Sin usar su nombre”, le aseguro, con la
esperanza de que me permita usarlo y además tomarle fotos. “Escríbela si
quieres, dice finalmente, sin mi nombre”. Su nombre no es Luís, pero no
importa, porque como me dice desde la puerta: “Mi historia puede ser la
de cualquier cubano”.

Lo veo alejarse y pienso en otros cubanos como él, mi propio padre,
gente que creyó en un futuro luminoso, que incluso reconocen algunos
logros al sistema, pero no logran ver una relación proporcional entre
estos y el precio para el país.

Source: Revelaciones de un plomero – Havana Times en español –
http://www.havanatimes.org/sp/?p=97551

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