Corrupción – Cuba – Corruption
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«In crescendo» la luna de miel entre el PRI y la dictadura castrista

«In crescendo» la luna de miel entre el PRI y la dictadura castrista
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) mexicano nunca le ha
fallado a Fidel Castro, en una relación recíproca iniciada entre 1954 y 1956
Félix Luis Viera, México DF | 15/09/2014 10:31 am

Desde que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México tomara
el poder hace par de años, todo ha sido felicidad para el régimen
establecido en Cuba. Al fin pasaron esos dos sexenios en que estuvo en
el poder el Partido Acción Nacional (PAN), el cual le prodigara varios
sinsabores al castrismo.
Como es de todos sabido, Fidel Castro siempre ha sido un gran amigo y
aun admirador del PRI, desde que entre 1954 y 1956, cuando se hallaba en
México para preparar la futura tragedia para el pueblo cubano, conoció
al priista Fernando Gutiérrez Barrios —“el capitán caballero”, según lo
definiera Castro—, quien era entonces jefe de la Dirección Federal de
Seguridad de México y posteriormente secretario de Gobernación durante
el gobierno del priista Carlos Salinas de Gortari (1888-1994).
Por razones de variados matices, que incluyen el apoyo que Gutiérrez
Barrios le brindara a Castro durante aquella estancia en México en la
década de 1950, cuando el futuro dictador preparaba la guerrilla para
desembarcar en Cuba…, la amistad de Castro, según sus propias palabras,
con Gutiérrez Barrios duraría “hasta su muerte”; la muerte del político
mexicano ocurrió en 2000.
Igual, desde 1959, cuando se hiciera del poder, ha perdurado esta
amistad del gobernante cubano con el PRI en pleno. Desde entonces,
mediante la prensa existente en la Isla, toda en la nómina de la
dictadura, los cubanos teníamos una visión falsa, no muy distante de lo
idílico, de la República Mexicana, que resultaba algo así como un sitio
no muy lejano de lo ideal. Sería muy raro que algo ejemplarmente
negativo, bien fuera en lo político, social o económico, tomara los
primeros espacios de la prensa castrista.
Sirva de ejemplo que todavía hoy, en Cuba no se ha publicado la Matanza
de Tlatelolco. Asimismo, los mexicanos sobrevivientes de esta y de otras
acciones en pro de la democracia, no encontrarían refugio en Cuba; este
les fue negado y debieron asilarse en países del ya desaparecido campo
socialista de Europa del este.
Como vemos, Fidel Castro ha mostrado una lealtad al ciento por ciento al
Partido Revolucionario Institucional de México, como debe ser entre
grandes amigos. Sirva otro ejemplo. En las décadas de 1960 y 1970, se
rumoraba —los residentes en la Isla no lo sabíamos— que en Cuba se
entrenaban guerrillas de diversos países; sin embargo, el lema divulgado
por el castrismo hasta el cansancio era: “Las revoluciones no se exportan”.
Unos 15 años más tarde el propio Fidel Castro declaró en público lo
contrario: sí, se habían entrenado guerrilleros de diferentes países en
la Isla, “excepto de México”, dijo bien claro. Otro hermoso gesto de
solidaridad con el PRI.
Dicho lo anterior, no es de extrañar que los cubanos desconociéramos la
corrupción, el vandalismo, la inmoralidad en general del PRI, incluidos
los asesinatos y torturas a sus adversarios a lo largo de las décadas.
La podredumbre que implantara en el país durante 71 años, un partido que
no solo desmoralizó a las clases gobernantes, sino que su vileza se hizo
fuerte aun en los planos más humildes de la población, con lemas tales
como “El PRI roba, pero deja robar”.
Cuando en el año 2000, el poder presidencial pasa a manos del Partido
Acción Nacional, en la figura de Vicente Fox, curiosamente, las
informaciones sobre México toman otro tinte. Entonces, en las secciones
internacionales de la prensa cubana se advierten informaciones
novedosas; tanto en la vida civil como en la política y económica del
país azteca; México era una nación que se hallaba mucho más mal de lo
que uno suponía según los reportajes a los que se habían tenido acceso
antes.
A partir del 2012, cuando el PRI alcanza de nuevo el poder presidencial
en la figura del telegénico Enrique Peña Nieto, convoco a quienes así lo
quieran que lean las páginas internacionales de los periódicos
castristas: México está tranquilo, o casi, poco de lo peor ocurre por
estas tierras.
Así, había comenzado la luna de miel entre un gobierno, un presidente
elegido en las urnas, con la dictadura más vieja de América Latina.
Y qué raro, qué raro que un presidente escogido por el voto popular haya
ido a visitar al viejo dictador —que en más de medio siglo no ha
celebrado elecciones presidenciales, valga la redundancia— en su búnker
allá en La Habana, cuando, en el pasado enero, se celebró en aquella
ciudad la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños). Y, para el registro de la Historia, se fotografiara con él,
amoroso. Y declarara: “Tuve oportunidad de saludar a Fidel Castro. Fue
un encuentro fraterno, reflejo de los históricos lazos de amistad entre
cubanos y mexicanos”.
No hay que ser un genio para asegurar que durante su visita a Castro,
Peña Nieto no se interesara por las penurias que viven los cubanos, por
las golpizas que reciben los pocos hombres y mujeres que se atreven a
protestar pacíficamente, por el encarcelamiento arbitrario y brutal de
muchos de estos o por el pánico impuesto en la Isla.
El PRI no le falla a Fidel Castro. Recordemos cuando, en abril de 2011,
la fracción de este partido en el Senado mexicano se opuso a un punto de
acuerdo en que se lamentaba la muerte, debida a una huelga del hambre,
del disidente cubano Orlando Zapata y exhortaba al gobierno cubano, ya
con Raúl Castro, el dictador heredero, en el poder, a entablar un
diálogo con la disidencia y liberar a los presos políticos.
El castrismo no le falla al PRI. No olvidemos que el expresidente
mexicano Carlos Salinas de Gortari, según se dice uno de los más
corruptos y desalmados gobernantes priistas, en 1995 hundió a su país en
una soberbia crisis económica de la que aún no se recupera, y entonces
recibió amoroso refugio en Cuba de parte de su amigo, Fidel Castro,
quien aun lo autorizó a comprar una residencia en la Isla. Allí, en
Cuba, Salinas de Gortari, impune, inmune, ha llevado a cabo la vida de
rey de la que siempre había gozado.
Ya lo digo. Luna de miel in crescendo. Recientemente el gobierno
mexicano condonó el 70 % de la deuda de Cuba (una acción bonita, pero
solo de impacto político: ¿alguien cree que la dictadura tendrá algún
día con qué pagar la inmensa deuda económica que tiene con tantos países
del planeta?).
Por otra parte, en los primeros días de este mes, el canciller mexicano,
José Antonio Meade visitó La Habana, donde se reunió con el mandatario
Raúl Castro y altas personalidades de la dictadura, para “fortalecer los
lazos entre ambos países” e “incrementar los vínculos económicos”. El
canciller impartió una conferencia en el Instituto Superior de
Relaciones Internacionales, durante la cual afirmó “que México y Cuba
mantienen una comunicación fluida no sólo a nivel de gobiernos sino, de
manera muy especial, entre sociedades”.
“Entre sociedades”, dijo.
Y siguen los amoríos, los besos, los ramos de flores mutuos. El pasado 8
de septiembre, el embajador castrista en México, Dagoberto Rodríguez
Barrera ofreció una entrevista desbordada de optimismo al diario
mexicano El Universal.
Antes de referirme a la entrevista con el embajador, primero aclaro por
qué he escrito “embajador castrista”. Sencillo: esa, y todas las
embajadas que dicen ser cubanas en el mundo todo, no lo son. Son
castristas, representan a la dictadura, solo a la dictadura; atienden
consularmente solo a quienes son partidarios del régimen o a quienes no
se han manifestado enfáticamente en contra de este; pueden negar el
permiso para volver a su país a aquellos que resultan, según sus
criterios totalitarios, “gusanos”, “vendepatrias”, “enemigos de la
revolución”, “disidentes”, etcétera. Estos, para ellos, los diplomáticos
representantes del castrismo, no son cubanos; no nacieron allí, no
tienen los derechos que cualquier ciudadano del mundo, sea de la
ideología y el credo que fueren, posee ante sus embajadas. De modo que
el embajador castrista en México no me presenta a mí ni a tantos otros
como yo, también cubanos, considerados elementos “contestatarios”,
“enemigos de la Revolución”, etcétera. De manera que si un “desertor”,
como lo llaman ellos, tuviese un problema de índole legal, digamos, que
se olvide de que el consulado castrista lo apoye; puesto que, valga la
reiteración, no es cubano. De modo que si un “desertor”, “un enemigo de
la revolución”, muere en cualquier sitio del mundo en circunstancias
imprevistas, y mucho menos cuando recientemente ha huido de la Isla, que
se olvide del ataúd, los servicios fúnebres y el posible traslado a su
tierra; no era cubano. Como no son cubanos aquellos que, opositores al
régimen, no están en ninguna de las listas de invitados para las
recepciones y celebraciones patrias que las embajadas de Fidel Castro
organizan en los diferentes países.
En la entrevista referida, titulada “Relación de México y Cuba están
blindadas” (fíjense por donde va el idilio) el embajador Rodríguez
Barrera, entre otros aspectos, se refiere a la crisis que se produjo
entre ambos gobiernos en la pasada década, la cual comenzara cuando el
entonces presidente mexicano Vicente Fox, del PAN, en una visita a Cuba
en 2002, se atrevió a reunirse con varios representantes de la
disidencia, y que tuvo su clímax cuando dos años más tarde el
exsecretario de Gobernación, Santiago Creel, acusó al gobierno castrista
de intromisión en los asuntos de México, en relación con el sonado caso
del empresario argentino Carlos Ahumada.
“Lo ocurrido fue un accidente que no se repetirá. Fue resultado de la
miopía de algunos actores y confiamos en que no se repetirá. Pero hoy
tenemos el nivel de cercanía y la madurez política de conversar y
solventar temas de diferencias sin que la relación tan estrecha se
afecte”, señala Rodríguez Barrera sobre aquella crisis. Y debemos
creerlo, si claro, la relación entre ambas naciones “está blindada”.
En cuanto a las colaboraciones entre ambos países, el embajador
Rodríguez Barrera afirma: “Estamos también preparados con médicos para
ampliar la colaboración”.
Esto yo no lo entiendo. En México, la asistencia médica, aún lejos de
ser perfecta, mantiene sin dudas un nivel aceptable.
En el Instituto Mexicano del Seguro Social (Imss), se hayan registrados
o deben estarlo, los trabajadores de las empresas privadas, a los cuales
se les descuenta aproximadamente un 10 % o 12 % de su salario mensual
para la asistencia médica; esta cantidad incluye la atención a sus
familiares de primera línea. Los pacientes tienen derecho al servicio
médico y a los medicamentos (es decir, no tienen que comprar las
medicinas, como sí ocurre en Cuba, por ejemplo). Al Imss pueden
inscribirse, asimismo, trabajadores independientes, que pagan una
anualidad. Por una cuota anual de unos 3.000 pesos (unos 230 dólares al
cambio de hoy) tienen los mismos derechos que los antes citados.
Puedo dar fe de que las instalaciones del Imss, tanto sus hospitales
como sus clínicas, son muy superiores a sus iguales cubanos, tanto en
tecnología como en variados recursos y en organización, y quisiera
agregar que también en cuanto al trato al paciente, pero quizás ya en
Cuba eso haya mejorado.
El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del
Estado (ISSTE), tiene un funcionamiento similar que el Imss en cuanto a
la asistencia médica. Solo que a este se hayan adscritos los
trabajadores del Estado, los menos.
Los Centros de Salud, pertenecientes a Salubridad, para las personas que
viven en cada uno de sus alrededores, cobran seis pesos por una consulta
general (unos 0,46 centavos de dólar) y el paciente tiene derecho a
recibir los medicamentos gratis en caso de que, por sus condiciones
socio-económicas, se halle bajo el concepto de Gratuidad o esté inscrito
en el Seguro Popular, de reciente creación y gratuito.
Por otra parte, existe una cadena de consultas médicas vinculadas a una
empresa farmacéutica, donde cobran 25 pesos por la visita (el
equivalente a 1,90 dólares). En el DF, en una sola cuadra es posible
hallarse con tres de esos consultorios.
Como es natural, existe la medicina privada, con hospitales muy
suntuosos en algunos casos y otros, pequeños, al alcance de la clase
media baja.
Que me sea perdonada esta digresión, pero creo que era necesaria para
tratar de desentrañar lo que el embajador Rodríguez ha expresado con
“Estamos también preparados con médicos para ampliar la cooperación”.
¿Médicos? ¿Médicos cubanos hacia México? ¿Vendrían a enseñar o aprender
el sistema?
O quizás, en caso de que llegaran, serían destinados a las zonas
rurales, donde según varias informaciones, existe cierta desorganización
en la atención médica, falta de equiparación y de tecnología avanzada,
digamos, entre una región y otra.
Pero aquí yo veo un problema muy grave para el régimen cubano. ¿Ustedes
se imaginan que, si médicos cubanos enviados a Brasil, Venezuela,
Ecuador, Bolivia y otros sitios de América Latina, escapan de estos
lugares decididos a cruzar medio continente para llegar al umbral de la
Tierra Prometida, México…, cuántos de ellos, venidos directamente al
país azteca, darían el saltico hacia el imperio?
Yo le aconsejaría a la dictadura que no cometiera ese error.
Por otra parte, afirma el embajador Rodríguez en la entrevista aludida,
al referirse a la difícil situación económica internacional, que “México
impulsa reformas y Cuba actualiza su modelo económico que incluye
transformaciones en casi todos los sectores de la vida económica y social”.
Es decir, Cuba tiene un modelo económico; lo tiene, y ahora lo está
“actualizando”, algo así como “ponerlo al día”, otorgarle actualidad,
pero claro, siempre que esa “actualidad” no se inserte en el mundo actual.
¿Y no parece un despropósito, al menos, esta afirmación: “México impulsa
reformas”, mientras que Cuba actualiza?
Y ahí tienen que, como colofón, Rodríguez Barrera espera que “en la
próxima campaña de liberación [por los cinco espías cubanos presos en
EEUU, que ya en realidad ya son tres] el poder legislativo mexicano
vuelva a manifestar su apoyo y que haga saber estos principios a su
contraparte estadounidense”.
Quién sabe, es posible, el PRI tiene mayoría en el Congreso.
También espera el embajador el mismo apoyo de parte “de la sociedad
civil”. Aquí, como “sociedad civil”, debe leerse que la mayoría está
conformada por grupos de choque pro castristas, que suelen romper actos
en favor de la democracia en Cuba, destrozar actividades culturales que
no se avengan con la “revolución cubana”, y aun amenazar a quienes nos
manifestamos de una u otra manera contra la dictadura. Estos grupos,
esta “sociedad civil”, caracterizada por la violencia, son orientados
por la embajada castrista, donde departen consuetudinariamente, y entre
ambos celebran el 26 de julio, el 1 de enero o el cumpleaños de Fidel
Castro, así como realizan convenciones en distintos estados y municipios
del país. Y eso cuesta; dinero, digo.
Hacia el final de la entrevista, expresa el embajador Rodríguez,
refiriéndose a la Ley de Ajuste Cubano, que permite a los isleños que
toquen tierra estadounidense, recibir de inmediato el derecho de
permanencia en aquel país, que “Si el cubano recibiera el mismo trato
que un mexicano, hondureño y salvadoreño, esto sería diferente”.
Y esto es cierto, si bien la Ley de Ajuste Cubano tiene sólidos orígenes
y en los países que el cita no es necesario, por razones políticas, en
muchos casos, escapar.
Mas, yo me pregunto: si Cuba estableciera, por ejemplo, la Ley de Ajuste
Mexicano, cuántos ciudadanos de este país se lanzarían a cruzar el
Golfo, en lo que pudieran, con tal de llegar al paraíso.
Ya ven. Así van las cosas.

Source: «In crescendo» la luna de miel entre el PRI y la dictadura
castrista – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/in-crescendo-la-luna-de-miel-entre-el-pri-y-la-dictadura-castrista-320194

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