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Entre el arte y la supervivencia

Entre el arte y la supervivencia
Las esculturas artísticas deben competir con tallas de baja calidad
realizadas por artesanos aficionados. El arte escultórico ha devenido en
souvenir para turistas. El artista tiene que comer
miércoles, noviembre 12, 2014 | Ernesto Aquino

La Habana, Cuba.– La necesidad de sobrevivir en medio de una economía
que cada vez demanda más ingresos diarios, obliga a los escultores a
comercializar sus obras a precios inferiores a su valor real. Por otra
parte, en las galerías de expo-venta, donde algunos pueden exponer sus
trabajos y vender de forma legal, los especialistas encargados de
negociar con los compradores extranjeros presionan al artista –mediante
trabas burocráticas y otros trucos deshonestos-, para que éste acepte
ventas clandestinas donde el mediador recibe comisiones abusivas,
mientras el artista se va con el mínimo.

Carlos Reycel, un joven de 36 años, graduado de la escuela San
Alejandro, ubicada en Avenida 31 y calle 100, en Marianao, La Habana,
explica que “yo decidí comercializar mis tallas en madera de forma
independiente, tratando directamente con los compradores extranjeros;
porque mira, las galerías de expo-venta, cuando venden tu pieza, reciben
el 40% por ciento de la venta, lo que yo considero abusivo, y si tienes
la suerte que el comprador pague en efectivo –lo que ocurre pocas veces-
entonces te pagan tu parte enseguida, pero si el comprador decide pagar
con tarjeta de crédito, entonces tu pago puede demorar hasta 6 meses”.

Según Reycel, otra forma de venta muy común es la que se hace a través
de un acuerdo con las vendedoras (que casi siempre son mujeres). Nos
cuenta el artista plástico que “cuando se presenta un comprador
extranjero, la vendedora llama por teléfono al escultor para que este
retire su pieza, de manera que la galería quede fuera de la venta; de
ese modo, el negocio se realiza entre el comprador y el escultor que,
por supuesto, tiene que abonar a la intermediaria una comisión del 25%
por ciento”.

Alejandro Buenaventura Díaz, otro escultor de 62 años, considera que el
gusto por las obras con valor artístico se ha degradado mucho con el
comercio de tallas en madera de baja calidad, realizadas por artesanos
sin ningún talento ni preparación profesional, que ha llevado el arte
escultórico al nivel de un producto de suvenir.

“Por una parte, están los turistas que nos visitan -que no son muy
exigentes en cuestiones de arte-, por la otra, están los nuevos ricos
del cuentapropismo, que con tal de presumir de su economía, compran
cualquier cosa. Ese fenómeno ha disparado el consumo de tanto arte de
feria; y nosotros, que buscamos valores más elevados a través de la
expresión artística, nos vemos forzados a ceder ante las condiciones
injustas de las galerías, porque son los únicos lugares donde, además de
poder comercializar nuestras obras, tenemos la posibilidad de encontrar
patrocinadores”.

Pero, el acceso a las galerías de expo-venta no resulta tan fácil. Según
el testimonio de muchos entrevistados, “para tener derecho a exponer en
esas galerías, el escultor tiene que pertenecer a la ACAA (Asociación
Cubana de Artesanos Artistas). No importa lo bueno que seas; si no estás
asociado, estás fuera. Con todos los peligros que eso entraña; ya sabes:
El acoso de los inspectores, las multas, el decomiso de tus obras, etc”.

Sin embargo, algunos escultores, como Juan Luis Porraspita García, de 58
años, opinan que pertenecer a la ACAA aporta beneficios a largo plazo.
Asegura Porraspita García, quien pertenece a la ACAA desde el año 2003,
que esta institución “le permite al asociado la posibilidad de acumular
un retiro, en la medida que el artesano contribuya con el aporte a la
seguridad social”.

“Creo que la ACAA –continuó diciendo- ha permitido al artista-artesano
alcanzar un reconocimiento social. Es cierto que no siempre las cosas
funcionan todo lo bien que quisiéramos, pero no todo es blanco y negro.
Hay matices. Antes de la creación de la ACAA muchos escultores y
artesanos éramos parias laborales. Hoy, a través de esa asociación,
nuestro oficio a alcanzado carta de ciudadanía”.

Juan Luis Porraspita, quien ha participado en cinco bienales de talla y
recibido varios premios y menciones, reconoce que la corrupción tiene
los brazos largos y que muchos funcionarios son deshonestos y abusan de
sus cargos, pero “lo más triste de esta historia -en la que hemos
participado todos- es que este desastre económico que está afectando a
la mayoría de los cubanos, y que parece no acabar nunca, sumado a la
profunda crisis de valores que venimos padeciendo desde hace décadas,
hace que víctimas y victimarios vivamos intercambiando roles
constantemente, y que la palabra culpable haya perdido el singular”,
concluyó.

Source: Entre el arte y la supervivencia | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/entre-el-arte-y-la-supervivencia/

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