Corrupción – Cuba – Corruption
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La conspiración perfecta

La conspiración perfecta
VERÓNICA VEGA | La Habana | 14 Nov 2014 – 7:23 am.

Un buen proyecto para despertar a Cuba podría ser simplemente reclamar
el sentido literal de las promesas extendidas a lo largo de décadas.

Viendo con mi hijo una serie titulada Los gigantes de la industria,
pensaba en la nitidez con que se percibe la intencionalidad de los seres
humanos a través de las acciones de toda una vida. Ningún discurso o
manipulación mediática se resiste al peso de los actos y de los hechos.
Ninguna justificación sobrevive.

La historia de hombres simples cuyo instinto financiero los llevó (y
lleva) a detectar y explotar oportunidades empresariales que cambian su
vida y el panorama de un país, manejando a su paso (y sin piedad) el
destino de multitudes, delata lo semejantes que son los negociantes a
los políticos, y cómo hay zonas donde sus intereses se confunden…

¿O acaso se confunden desde el inicio?

Aparte de Mohandas Gandhi (que por cierto, ni siquiera fue primer
ministro de la India), o el presidente de Uruguay, José Mujica, no
parece haber muchos ejemplos de austeridad elegida como forma de vida.
Este principio podría funcionar como método infalible para detectar
impostores.

El conocido apotegma “el hombre piensa como vive” es un indicador
sobrado de que quien no sobreviva (o sobremuera) con un salario de 300
pesos mensuales (unos 7 CUC y 12 pesos), no se conmoverá con los precios
del aceite para cocinar o por la calidad de un pan inconsistente, o por
los retos para calzar, vestir, aguantar las rajaduras de los techos, las
deficiencias de las instalaciones de agua, la falta de bombillos… Ni por
la insalubridad de calles que no cruza, de la basura cuyo hedor no
aspira o del eterno transportarse-maltratarse en autobuses repletos e
impuntuales.

Reclamar las promesas

Un buen proyecto para despertar a Cuba podría ser simplemente reclamar
el sentido literal de las promesas extendidas a lo largo de décadas de
desabastecimiento y veladas desigualdades sociales, ahora por fin a la
vista con total procacidad.

Me encantaría creer que es posible. Que la gente “ve” lo que tanto shock
causa a los cubanos cuando vienen después de una larga ausencia en el
extranjero: la indisimulable decadencia.

Cuando visité París en 2011, mientras una francesa me mostraba La
Défense, noté el orgullo con que me señalaba el Grande Arche (la
contrapartida moderna del antológico Arco del Triunfo frente al Louvre),
añadiendo que su construcción fue impulsada por François Mitterrand. Me
pareció muy claro que la obra de un presidente es el país que lega para
las generaciones futuras: la traza física y moral. La obra de la
Revolución es una Habana carcomida y una población vulgarizada y cínica.

Pero como “el hombre piensa como vive”, y exactamente como en los
tiempos de John Davison Rockefeller y Andrew Carnegie, solo los humildes
pagan los delirios financieros o políticos.

Un amigo sociólogo me comentaba: “Lo que yo veo que falta en el discurso
de Yoani Sánchez y la mayoría de los disidentes es enfatizar en la
responsabilidad individual. No todo es culpa del Gobierno. Yo no creo,
como tanto se dice, que la gente está confundida; he visto que la gente
sí sabe lo que pasa pero prefiere no hacer nada. Seguir en el
fingimiento le resulta más cómodo. Lo que le molesta no es que haya una
dictadura sino que esta no funcione (en el sentido económico); y cuando
aparezca alguien que ponga en peligro esa inercia, quien lo quitará del
medio no será siquiera la Seguridad del Estado sino la misma chusma”.

Teniendo en cuenta la eficiencia con que se han diluido las iniciativas
de reclamo civil por rápidas delaciones y mítines de repudio, tuve que
admitir que es cierto.

Lo triste es que esta “chusma” que enérgicamente sale al paso de la
verdad es parte de los despojados, de prosperidad y de derechos. Desde
ese enfoque la única solución posible es restaurar, desde abajo y
gradualmente, la fibra moral del tejido social. Pero lo cierto es que la
degradación ya ha hecho metástasis.

Es curioso que, por no enfrentar los riesgos de reclamar algo tan simple
e incuestionable como salarios funcionales, los cubanos hayan elegido
pasar la vida entera agarrando lo que pueden y huyendo (como viven las
ratas), en eterna incertidumbre.

Pero mientras prefieran desahogarse haciendo chistes como poner el
viandero debajo del televisor a ver si caen algunas viandas de las
exitosas cosechas que anuncian por el noticiero, o “hacer como que
trabajan mientras el Estado hace como les paga”, mientras comenten con
alivio que es cíclica y epidérmica la lucha contra la corrupción porque
el Gobierno se sustenta de ella; mientras, elijan, en fin, no vivir “de
cara al sol”, Cuba seguirá siendo la contraparte en una conspiración
perfecta.

Seguirá autodestruyéndose en ese acuerdo degradante y tácito que ha
hecho abortar todos los proyectos de nación intentados hasta la fecha.

Source: La conspiración perfecta | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1415910946_11255.html

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