Corrupción – Cuba – Corruption
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Burlar a la Aduana, otro deporte nacional

Burlar a la Aduana, otro deporte nacional
VÍCTOR ARIEL GONZÁLEZ, La Habana | Diciembre 06, 2014

Establecer las reglas para un deporte lleva tiempo. Pongamos por ejemplo
el béisbol, uno de los juegos más complicados que existe; alguien podría
preguntarse de dónde han salido las normas para su práctica, y por qué
algunas son tan enrevesadas. Pero si de capricho normativo se trata,
vayamos a una actividad que cada vez se acerca más a la clasificación de
deporte extremo, y es la entrada de productos a Cuba tratando de pasar
los controles de la Aduana General de la República (AGR).

Mucha es la curiosidad que despierta el cúmulo de prohibiciones,
condiciones y subterfugios que regulan el arribo de equipaje y
paquetería a la Isla. Hay tantas preguntas, que la prensa oficial dedica
multitud de espacios a explicar cómo funciona un sistema que todavía
confunde. Aunque más que confundir, molesta, porque afecta la forma en
que los cubanos sobrellevan sus carencias, al tiempo que alimenta una
abultada plantilla de funcionarios.

Este jueves el diario oficialista Juventud Rebelde ha dedicado toda una
página a detallar, por enésima vez, cómo funciona el mecanismo. Con el
título de El otro paquete –una clara alusión al demonizado “paquete
semanal”–, el texto se adentra en las cuestiones que considera más
importantes para la opinión pública en lo referente a la paquetería
internacional. Para ello cita, por ejemplo, el Decreto-Ley 22, donde se
dispone que el valor total de los envíos no podrá exceder los 200 CUP; o
la resolución 208 de 2014, cuya letra establece que el valor de
importación de 1 kilo de misceláneas equivale a 20 pesos, por lo que en
calidad de envío se pueden importar hasta 10 kilos de misceláneas,
quedando exentos de pago de aranceles los primeros 30 CUP (1.5 kilos).

Hasta ahí digamos que todo queda claro. Las complicaciones vienen cuando
el envío está conformado por “misceláneas” y artículos “duraderos” como
electrodomésticos o neumáticos. En tal caso, “la suma de ambos valores
no debe exceder el límite de importación establecido legalmente (…)
pues todo lo que supere esa cifra será decomisado luego de que la
persona escoja los artículos que desea priorizar”.

Esta es sólo la primera enredadera de una espesa maraña, porque también
están las consideraciones remitente-receptor. Un cubano residente en la
Isla que se halle de viaje, por ejemplo, no podrá enviarse a sí mismo un
paquete de vuelta a su país. La condición sería que el envío clasificara
como “menaje de casa”, y no todo el mundo tiene ese derecho. ¿Quiénes
sí? El abultado manual de la AGR brinda una imaginativa respuesta.

Asimismo, el número de entradas al país condiciona la cantidad de
productos que se pueden traer en el equipaje, y este último afectará
además la capacidad de recibir paquetes. En fin, no basta una página de
un periódico para explicar todo lo que hace falta saber, cuando saberlo
podría significar el jabón o el café que no te dejarán pasar. En un país
donde el gobierno vive quejándose del acoso externo, los ciudadanos
viven bajo el acoso de las autoridades. Cualquier intento de abastecer
el mercado informal o bien la economía familiar de manera independiente
puede considerarse ilegal, sin importar que dicha actividad sirva para
remediar en algo las carencias.

En la capital hay tres puntos de despacho de paquetes. Los otros están
en Holguín, Camagüey, Santiago de Cuba y Varadero. Como no se presta
asistencia para la mensajería, quienes viven alejados de estos almacenes
se ven en la obligación de realizar viajes interprovinciales. Más
complicaciones, más trabajo, más molestias. Los directivos de la AGR
reconocen que las instalaciones existentes no son suficientes, y
recurren a la promesa ya usual de “continuaremos extendiendo el servicio”.

Si hay exceso de equipaje o el paquete es demasiado grande –algo muy
fácil de lograr dado el estrecho margen establecido–, entonces viene la
expropiación, un punto que ha sido obviado de las investigaciones
oficiales. Cuando 14ymedio contactó a la AGR preguntando al respecto,
aquella informó que los artículos decomisados van a parar al Ministerio
del Comercio Interior (MINCIN), “para que éste lo distribuya al
Ministerio de Salud, al de Educación u otros”. Sin embargo resulta en
extremo difícil, cuando no imposible, ver en algún hospital o escuela un
televisor pantalla plana, una botella de crema L’Oreal u otros productos
que comúnmente son confiscados a su llegada al país. Por su parte en el
MINCIN, específicamente en su oficina de atención a la población, la
operadora no sabe a dónde remitir la pregunta. “Esta es la primera vez
que alguien llama preguntando qué sucede con lo que se decomisa en la
Aduana”.

Se sospecha que la corrupción dentro de la AGR es rampante. Después de
todo, la sabiduría popular reza que en Cuba todo el mundo tiene
necesidad, por lo que todo el mundo tiene un precio. Resulta evidente
que los viajeros insisten en burlar los controles y es altamente
probable que continúen intentándolo. El contrabando, otro deporte no
institucionalizado, reta la imaginación, inclusive la de los encargados
de redactar las leyes aduaneras.

Source: Burlar a la Aduana, otro deporte nacional –
http://www.14ymedio.com/nacional/Burlar-Aduana_0_1682831715.html

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