Corrupción – Cuba – Corruption
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Manipulaciones sobre abuso infantil

Manipulaciones sobre abuso infantil
¿Es posible que más de una docena de instituciones oficiales no hayan
sido capaces de impedir los 2 231 casos de abuso sexual contra menores
en Cuba?
lunes, diciembre 1, 2014 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba -El Informe presentado por las autoridades cubanas Sobre
el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otras formas
de abuso sexual, correspondiente al año 2013, constituye el primer
documento en que se reconoce oficialmente la existencia en Cuba de
prostitución, proxenetismo, abuso sexual contra menores y mujeres,
corrupción de menores y trata de personas.

Si bien el Informe parece ser solo un gesto (pose) de la dictadura para
lavar su rostro con un enjuague de “transparencia” y “buena voluntad”, a
fin de mostrar los cambios verdaderos que exige la Casa Blanca como
requisito para el inicio de un acercamiento entre ambos gobiernos, no
por ello resulta menos significativo. El tema tratado es un flagelo cuya
existencia en Cuba ha sido denunciada y profusamente documentada por
organizaciones de la sociedad civil y por el periodismo independiente a
lo largo de los años, pero el gobierno de la Isla siempre lo había
negado a rajatabla, aduciendo que se trataba de “patrañas de los
enemigos de la revolución”.

La renuencia a reconocer males considerados como rezagos de las
decadentes sociedades capitalistas, que no tenían lugar en nuestro
sistema social superior, propició que el mal se multiplicara
exponencialmente, en particular desde que se produjo el desplome de la
Unión Soviética (URSS) y del socialismo real, desatándose la mayor
crisis económica que recuerda Cuba, y que se mantiene hasta el presente.

¿Ninguno de ellos es cubano?

Pese a la generalización de la pobreza y al florecimiento de la
prostitución en todas sus variantes e implicaciones sociales, el
catecismo oficial ha sostenido hasta el hartazgo que la niñez cubana
estaba a salvo de los males que azotan al resto de las naciones, en
particular las de los países subdesarrollados. Los medios oficiales y
las vallas públicas repetían que millones de niños en el mundo padecen
de hambre y de abandono, lo que los hace susceptibles de convertirse en
víctimas de la trata y del abuso sexual, pero podíamos estar satisfechos
porque “ninguno de ellos” era cubano.

Sin embargo, bastaba con salir a la calle y observar con atención el
movimiento humano en aquellas zonas más proclives a los delitos
vinculados a la prostitución –incluida la de menores–, por ejemplo, el
Barrio Chino de La Habana, al que concurren comúnmente turistas en busca
de proxenetas y traficantes de droga, y donde pululan la corrupción y el
contrabando de todo tipo; o las áreas cercanas a escuelas secundarias de
los barrios más pobres, donde los proxenetas están al acecho porque allí
existen mayores probabilidades de seducir adolescentes cuyas familias
viven en condiciones materiales precarias, para iniciarlas y explotarlas
a través del sexo rentado. En Cuba la realidad y el discurso transitan
por vías paralelas.

Así, podría considerarse que el reciente Informe presentado por el
gobierno cubano constituye al menos un paso de avance, puesto que la
erradicación de un mal comienza por el reconocimiento de su existencia.
No obstante, tampoco cabría esperar que las autoridades reconocieran la
verdadera magnitud del problema, su enorme cuota de responsabilidad en
su propagación y arraigo, así como la demostrada ineficacia e inutilidad
de sus muy cacareadas organizaciones políticas y de masas –los
combativos y vigilantes Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de
cada cuadra del país y los “bloques zonales” de la Federación de Mujeres
Cubana (FMC)– a la hora de prevenir y combatir estos delitos que
implican a la niñez, el segmento más frágil e indefenso de la sociedad.

Por demás, el Informe de marras está plagado de las limitaciones
inherentes a cada documento oficial.

Pecado de imprecisiones

Asumiendo ingenuamente que los datos ofrecidos en el informe oficial
cubano sean rigurosamente ciertos, resulta incongruente que en un año se
hayan producido 2 231 casos de abuso sexual contra niños si en la
implementación de la política gubernamental en tal sentido “desempeñan
un papel decisivo los órganos de la Fiscalía General de la República y
de los Tribunales Populares, así como un grupo de Organismos de la
Administración Central del Estado, entre los que se encuentran los
Ministerios de Educación y de Educación Superior, el Ministerio del
Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Cultura, el Ministerio del
Turismo, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Justicia, el
Ministerio del Interior, y el Ministerio de Relaciones Exteriores, de
conjunto con organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil como
la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro Nacional de Educación
Sexual (Cenesex)”.

¿Es posible que más de una docena de instituciones oficiales de nivel
central, con ramificaciones y filiales en todo el país, no hayan sido
capaces de impedir, o siquiera de prevenir, la comisión de los peores
delitos: los que se cometen contra menores de edad?

Cierto que la legislación cubana de jure condena los delitos de trata de
personas, la venta y tráfico de menores, el comercio de órganos, los
trabajos forzados, la corrupción de menores –sea en cuestiones de
prostitución, pornografía y “otras conductas deshonestas” –, entre otros
crímenes relacionados, pero de facto, en medio de la pobreza general, la
crisis de valores morales y familiares, y la imposibilidad de la
sociedad para organizarse de manera autónoma para participar en la
prevención y erradicación del mal, la ley es papel mojado.

Otro punto del Informe refiere que existen programas educativos y
preventivos, tanto en los medios de difusión como en la forma de
impresos, folletos, plegables y carteles. Con excepción de un programa
televisivo semanal, spots ocasionales relacionados con campañas
temporales, o algún esporádico panel acerca de la violencia de género y
los “derechos” de mujeres y niños, cuestiones tan importantes como la
prostitución raramente son tratadas en los medios. En cuanto a la
prostitución o el abuso sexual infantil, nunca el tema ha sido abordado,
de manera que la población no tiene verdadera percepción del problema.

Muy alarmante resulta, además, el hecho de pretender minimizar el
impacto social de los crímenes contra los menores, al sostener que dicha
cifra constituye solo (¿apenas?) el 0,09% de una población
infanto-juvenil total de 2 260 751 individuos. Como si dichas
estadísticas significaran alguna reparación del daño irreversible
sufrido por esos niños o se tratara de una competencia global en la cual
“gana” el país que mejores estándares muestre. Un récord de
insensibilidad bastante desacertado para tratarse del “sistema más justo
del mundo”. Un solo niño ultrajado sexualmente es un insulto a la
justicia, y todo castigo será insuficiente para mitigar el perjuicio
causado. Cualquier número es demasiado grande cuando se trata de daños a
un menor.

Pero puestos a considerar pautas numéricas, 144 causas judiciales
durante 2013 son una cifra muy escasa para hacer justicia a 2 231 niños
sexualmente ultrajados. Más insignificante se torna el dato si tenemos
en cuenta de esos 144 juicios incluyen también los procesos seguidos
contra proxenetas y abusadores sexuales de mujeres adultas, y si de
estos procesos resultaron sancionados solo 14 cubanos y cuatro
extranjeros. Obviamente, para el sistema judicial cubano resulta más
punible disentir del gobierno que abusar sexualmente de un menor o de
una mujer.

Ahora la dictadura posa de proactiva y se apresura a ofrecer informes
sobre sus desvelos a favor de la seguridad de la infancia y de las
mujeres víctimas de la prostitución, de la trata y de otros crímenes
sexuales, pero a la vez se asegura de mantener el monopolio sobre los
programas a desarrollar, las donaciones de instituciones extranjeras y
las estadísticas que ha de mostrar. No casualmente el elitista y
“familiar” Cenesex es una de las instituciones más comprometidas.

En cuanto a la verosimilitud del documento presentado, queda en
entredicho, como toda verdad a medias. Así será mientras las
inaccesibles estadísticas formen parte de las cábalas utilizadas para
cubrir al mínimo los requerimientos formales que exigen los organismos
mundiales, y mientras los países civilizados sigan tolerando amablemente
la longeva satrapía de los Castro.

Source: Manipulaciones sobre abuso infantil | Cubanet –

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