Corrupción – Cuba – Corruption
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Neocastrismo y autoritarismo regional

Neocastrismo y autoritarismo regional
Veinte años después el castrismo se muere. El neocastrismo, que pretende
venderse como la única opción de gobernabilidad y estabilidad, no puede
postergar más su aparición ante la comunidad internacional. Los
presuntos herederos políticos necesitan con urgencia de esa legitimidad
martes, diciembre 16, 2014 | Antonio G. Rodiles

LA HABANA, Cuba. -Cuando en 1989 colapsó el bloque comunista de Europa
del Este muchos sociólogos y analistas compartieron la visión de Francis
Fukuyama sobre el fin de la historia. Pensar en la democracia liberal
como paso obligado a la modernización de las naciones goza de toda una
lógica y un respaldo conceptual pero aseverar que las naciones se mueven
ineludiblemente en esa dirección es una extrapolación desmentida por
múltiples procesos sociales de los últimos 25 años.

Quienes basan sus análisis en el supuesto de que libertades económicas
conllevan a libertades civiles y políticas se han encontrado con claros
ejemplos que lo desmienten. Varios países de la orbita ex soviética
incluyendo a la Rusia de Putin, junto a asiáticos como China y otros
Latinoamericanos se han movido hacia sistemas cada vez más autoritarios,
que simulan ser democracias.

El uso de las instituciones estatales para desmotar los mecanismos
democráticos, se ha convertido en una maquinaria muy útil que la mayoría
de las veces ha mostrado gran efectividad. En nuestra región la
situación de Venezuela es la más alarmante y, lamentablemente, los
mecanismos allí ensayados se convierten en modelos para otros. Las
elecciones han pasado a ser un proceso para legitimar el poder de estas
elites y el uso de grupos parapoliciales facilita el trabajo sucio sin
consecuencias legales. Por otra parte, la formación de organismos
regionales otorga el necesario soporte internacional a dichos regímenes
para presionar a las naciones democráticas a aceptar estas democracias
espurias.

El caso de nuestro país es muy simbólico, el régimen de la Habana logró
sobrevivir al derrumbe del bloque comunista enfrentando un escenario de
profunda crisis. Decisiones desacertadas permitieron a Fidel Castro
maniobrar y evitar el fin de la dictadura. Una de ellas, tomada por la
administración Clinton posibilitó el drenaje de toda la presión interna
a través de un éxodo masivo, en un momento en que los cubanos mostraban
un claro hartazgo hacia el régimen. La posterior aparición del “hermano
bolivariano” Hugo Chávez, garantizó la sobrevivencia del castrismo los
próximos 15 años, en medio de un contexto más favorable.

Veinte años después el castrismo se muere. El neocastrismo, que pretende
venderse como la única opción de gobernabilidad y estabilidad, no puede
postergar más su aparición ante la comunidad internacional. Los
presuntos herederos políticos necesitan con urgencia de esa legitimidad.

Sin embargo el panorama general se muestra complejo. Hacia el interior
del país el control social continúa siendo la principal premisa del
sistema, la miseria sistematizada, la nación completamente
descapitalizada, el creciente descontento social, la corrupción
generalizada, los cuerpos represivos entrenados en la impunidad, el
poder judicial supeditado a la Seguridad del Estado, el tráfico de
influencias y una economía informal como único sustento del pueblo,
conforman la herencia de 55 años de totalitarismo.

Hacia el exterior resulta preocupante la penetración en Latinoamérica de
la inteligencia cubana con toda su experiencia en la creación y manejo
de grupos parapoliciales como control social . El incremento del tráfico
de cubanos a través de México en coordinación con el crimen organizado,
la fuerte presencia en Venezuela donde el tráfico de drogas se ha
incrementado en forma ostensible, son algunas de las alarmas a
considerar. La cercanía geográfica a los Estados Unidos es un factor que
puede jugar un papel positivo o negativo en dependencia del tipo de
escenario hacia el que se incline el país.

Los opositores dentro y fuera de la isla tenemos el compromiso de evitar
que el régimen nos convierta en figurantes o simples espectadores de una
transferencia de poder. En el leguaje político los términos unidad,
consenso, tolerancia, reconciliación, perdón, son muy sonoros. Un
discurso cargado de dichos términos puede hacer vibrar el alma más
apática. Sin embargo, buscar desesperadamente un diálogo fantasioso con
el régimen es un suicidio moral y político.

La reconciliación lleva implícita, la verdad, la justicia y la
reparación. Sin estos elementos esenciales no hay realismo, ni es
posible una transición creíble y estable. Generar consensos pasa por la
confianza y el compromiso entre los distintos actores políticos. Será
difícil que surjan alianzas solidas en los opositores si no hay un
posicionamiento bien definido hacia el castrismo y se establecen
estrategias claras con un capital humano capaz de desarrollarlas.

En su reciente visita el ministro de relaciones exteriores español José
Manuel García Margallo señaló con mucha certeza dos elementos que sin
dudas marcan un camino viable para solucionar el problema cubano, dos
pasos fundamentales que permitirían destrabar la situación vigente. La
ratificación e implementación de los Pactos de DDHH de la ONU y de los
acuerdos de la OIT. La primera, una demanda en la que trabajamos desde
hace más de dos años en la campaña “Por otra Cuba”.

Sin embargo el castrismo se empeña en mostrar su soberbia. El rechazo de
Raúl Castro a recibir al canciller García Margallo, la negativa de
participar en la Cumbre Iberoamericana y la organización de dos cumbres
paralelas buscó torpedear el esfuerzo de los españoles en la región y
lanzar el viejo y falso mensaje de que están dispuestos a seguir
atrincherados.

Las naciones democráticas que sustentan el orden global deben ejercer su
liderazgo mostrando una posición razonable pero vertical. Solo el
reconocimiento y ejercicio pleno de las libertades civiles y políticas
puede garantizar que el país encuentre una salida viable a la
encrucijada en que se encuentra. Esas libertades deben ser restituidas
como condición necesaria para iniciar un proceso de transformaciones.

El año 2015 promete ser intenso en el tema cubano y regional. El régimen
moverá sus fichas con más premura en la legitimación y diseño del
neocastrismo. Los viejos jerarcas y sus aliados saben que tendrán que
arriesgar más para intentar seguir el poder.

La Cumbre de las Américas en abril será uno de esos momentos
definitorios. Raúl Castro espera llegar respaldado por todos los aliados
regionales. Sus esperanzas cifradas en que el presidente Barack Obama,
en un segundo y simbólico apretón de manos, le lance una tabla salvadora
al nuevo engendro conformado esencialmente por sus descendientes.

El futuro de la región tendrá mucho que ver con la democratización o no
de Cuba. Relativizar las libertades y derechos fundamentales y promover
la idea de que estos no son piezas claves en la estructuración de
nuestras naciones constituye una terrible señal en un momento crucial.
Nos debatimos los próximos 20 o 30 años como país y como región. Dar
pasos hacia la consolidación del neocastrismo implica la tácita
validación del autoritarismo como forma alterna a la democracia en
Latinoamérica.

Publicado originalmente en ESTADO DE SATS

Source: Neocastrismo y autoritarismo regional | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/neocastrismo-y-autoritarismo-regional/

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