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Obama y Raúl Castro, sincronizando el reloj para la democracia

Obama y Raúl Castro, sincronizando el reloj para la democracia
Posted on 18 diciembre, 2014
Por Carlos Cabrera Pérez

A sus 83 años, Raúl Modesto Castro Ruz acaba de asegurarse un lugar en
la historia, al comenzar el desmontaje paulatino del castrismo, en una
demostración de fuerza evidente ante el mundo y los cubanos de ambas
orillas, aún conmocionados.

Barack Hussein Obama ha dado un portazo al último conflicto de la Guerra
Fría en América. Se ha granjeado el odio eterno de los cubanos que
soñaban con una derrota humillante del castrismo y ha asumido el coste
político interno de tender la mano a La Habana, a cambio de que lleguen
los dólares y la democracia.

Raúl Castro, convencido de que el castrismo es inviable, ha sabido hacer
de la necesidad, virtud, y ha contribuido al inicio del restablecimiento
de relaciones diplomáticas con el enemigo histórico, que es también el
mercado más dinámico del mundo a 180 kilómetros de las costas cubanas.

Quizás en un principio haya tenido la tentación de reformar y traspasar
el mando, pero cada vez que intentaba arreglar un sector se encontraba
con tres murallas: desorden legislativo y organizativo, corrupción y
resistencia de unos burócratas con carné del PCC y cuantas medallas han
sido posible en 55 años, pero incapaces de pensar en favor de su país y
temerosos de perder su pequeño reino de taifa; una actitud lógica tras
décadas de totalitarismo.

Un Buena Vista Social Club político

A Raúl Castro le ha pasado casi como a los músicos de Buena Vista Social
Club, que solo alcanzaron reconocimiento mundial con más de 80 años
cumplidos, pero nunca es tarde, si la dicha llega y en vez de aplazar el
arreglo bilateral, decidió aprovechar el último tren de su vida política
y casi biológica.

Esta vez, Raúl Castro no ha obviado evocar al “compañero Fidel”, pero se
ha reservado el show del recibimiento de los espías y del reencuentro
con sus familiares, al que solo asistieron su hijo Alejandro Castro
Espín y su nieto, Raúl Rodríguez Castro. Mas claro, el agua.

La noticia del año es el mejor regalo navideño para los cubanos que
sueñan con construir una Cuba posible en la que quepamos todos con
justicia. Ello no implica que la hoja de ruta esté exenta de peligros y
de enemigos a ambos lados del Estrecho de la Florida.

Cuba sigue siendo una nación empobrecida, dependiente de uno o más
socios externos y sin una clase media que amortigüe las tentaciones
ciudadanas de tomarse justicia por su mano por años de agravios,
injusticias y marginaciones. Ahora mismo, la mayoría de los cubanos no
tiene nada que perder.

Tampoco faltarán los castristas anonadados y temerosos, que a esta hora
se creen traicionados por un pacto cocinado a tres bandas y del que
apenas se han dado detalles; y del otro lado, anticastristas anonadados
que también se sienten traicionados por un presidente norteamericano y
creen que han perdido frente a los Castro.

Ambos bandos saben, aunque no lo reconozcan públicamente, que -en estos
casos- siempre es preferible un mal acuerdo, en el que las dos partes
cedan y pierdan algo; a un pleito prolongado que siga posponiendo la
democracia, el desarrollo económico y la justicia social.

Peligros de la libre competencia

Pero estos no son los únicos adversarios o peligros de la búsqueda de la
normalidad entre Cuba y Estados Unidos; también cabe mencionar aquí a
muchos empresarios cubanoamericanos que han hecho suficiente dinero con
el diferendo bilateral.

El incipiente grupo de emprendedores cubanos, unos hijos de la
nomenclatura y otros con el dinero enviado por familiares en el exilio o
ganado por ellos en diferentes actividades, pueden ver en peligro su
posición de privilegio en un mercado aún cerrado, pero que acabará
abriéndose a la libre competencia.

Por si fuera poco, la noticia es la peor posible para los vecinos
caribeños e iberoamericanos que -hasta ahora- habían jugado la carta de
usar a Cuba como contrapeso en sus relaciones con Estados Unidos,
criticándole por mantener el embargo económico, pero con los dedos
cruzados para que Washington no lo hiciera porque una Cuba normal,
aflorará el valioso capital humano que formó la revolución, deseoso de
probarse con sus pares del mundo desarrollado y ávido de libertad,
desodorante y carne de ternera.

El acuerdo es una oportunidad de oro para la oposición interna y el
exilio cubano, obligados ahora al pragmatismo y la generosidad; aunque
les duela que Castro se haya salido parcialmente con la suya, al
triunfar en una primera etapa su tesis de que el diferendo era con
Estados Unidos y no con un sector de su pueblo.

Una relación bilateral respetuosa y equilibrada será el mejor aliado de
los demócratas cubanos, aunque en esta hora, algunos no lo vean o no
quieran verlo y se afanen en disparar contra Obama y Raúl Castro.

Un reto de altos quilates

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados
Unidos es un reto para todo el arco político cubano -incluidos los
congresistas y senadores cubanoamericanos- mientras el castrismo ya ha
perdido el comodín de culpar de casi todos sus males al enemigo yanqui y
sigue sin liquidez monetaria.

Al menos, una familia norteamericana y cuatro cubanas celebrarán estas
navidades con la alegría del reencuentro, tras años de cárcel y
extravío; en la mayoría de las mesas cubanas habrá abundancia de
esperanzas y buenos deseos, pero seguirá faltando de casi todo para
llevarse a la boca.

La fecha elegida para el anuncio, puede ser un guiño a los creyentes y
al mediador, el Papa Francisco I. Día de San Lázaro, Obispo de Betania,
pero también aquel pobre tullido de la parábola arrojado a los pies del
rico Epulón y comiendo de sus sobras; y Babalú Ayé, una de las deidades
yorubas con más seguidores dentro de la isla, al que acuden en
peregrinación anual para rogarle salud y desenvolvimiento.

El 17 de diciembre de 2014, a las 12 del mediodía (hora cubana y del
Este de Estados Unidos acabó la partida de ping pong más larga, absurda
e injusta de la historia y que ha contribuido a la ruina de una país con
virtudes para ser libre y próspero. Motivos hay para la alegría, pero
aún no lancemos las campanas al vuelo, el dominó acaba de comenzar y
algún jugador guarda el doble blanco.

Source: Obama y Raúl Castro, sincronizando el reloj para la democracia |
Café Fuerte –
http://cafefuerte.com/cuba/20360-obama-y-raul-castro-sincronizando-el-reloj-para-la-democracia/

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