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Cuánto vale rentar un cuarto en La Habana?

¿Cuánto vale rentar un cuarto en La Habana?
El precio del alquiler de una casa o una habitación depende de quien
vaya a pagar, si cubano residente en la isla o extranjero

jueves, enero 15, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. -¿Cuánto cuesta el alquiler de una casa o una
habitación en Cuba? Hay muchas respuestas para esta sencilla pregunta,
según provenga de un cubano residente en la isla o de un extranjero.

La situación de caos que enfrenta la economía cubana y que el gobierno
intenta disfrazar de “reordenamiento”, más las condiciones de
“ciudadanos de primera” y “ciudadanos de segunda” en que ha sido
dividida, o mejor dicho, fragmentada, la sociedad cubana por diversas
causas económicas, sociales y políticas, no permiten ofrecer una única
respuesta, mucho más cuando se examinan factores como el estado crítico
de la vivienda (más de la mitad del fondo habitacional se encuentra
deteriorado o en condiciones inhabitables) y los bajísimos salarios que
perciben los trabajadores, sean profesionales u obreros, de unos 20
dólares mensuales como promedio, lo cual sitúa la cifra entre los
sueldos más bajos a nivel mundial.

Si bien es cierto que, debido al populismo de los primeros años de la
dictadura, se construyó un buen número de viviendas, también lo es que
la falta de un concepto arquitectónico humanizado y de un proyecto
urbano que tuviera en cuenta el bienestar de las personas y el
crecimiento de las familias, terminó por crear un sinnúmero de barrios
espantosos (como Alamar, al este de La Habana; o El Eléctrico, al sur; o
San Agustín, al oeste) que hoy clasifican como zonas de marginalidad y
núcleos de alta criminalidad.

En consecuencia, son estas barriadas las que ostentan los precios más
bajos en cuanto a alquileres y ventas pero, aun así, las cifras son
inalcanzables para una familia que viva del salario estatal. Por
ejemplo, en Alamar, un apartamento pequeño de dos habitaciones y sin
muchas comodidades, incluso con deficiente servicio de abastecimiento de
agua, ronda los 60 dólares mensuales, lo cual supera los ingresos de un
matrimonio de profesionales. Ese es el mismo precio de una habitación
sencilla, sin salida independiente, en el centro de La Habana.

En cualquier edificio de la Habana Vieja, a pesar de la falta de agua o
de que el inmueble se encuentre declarado en peligro de derrumbe, los
apartamentos pequeños pueden superar los 100 dólares mensuales. En un
recorrido que hicimos por algunas viviendas de alquiler de la zona,
pudimos comprobar que las condiciones de muchas habitaciones, cuyos
costos oscilan entre 1 o 2 dólares diarios, no cuentan con las
condiciones mínimas para que una pareja pueda vivir cómodamente.
Algunas, carentes de ventilación y hasta de higiene, solo ofrecen una
cama maltrecha y un ventilador.

En estos casos, los dueños permiten al cliente utilizar el baño y la
cocina pero solo en momentos del día que han pactado con antelación,
incluso hay horarios en que la propia habitación suele ser alquilada a
otros, para encuentros sexuales, por un precio que oscila entre 1 y 5
dólares la hora, en dependencia del confort y hasta de la preferencia
sexual del cliente. Una pareja gay, por ejemplo, paga mucho más que un
matrimonio heterosexual.

Son numerosos los edificios y cuarterías de La Habana donde este negocio
de alquileres es la única fuente de ingresos de la mayoría de los
vecinos que, según nos confiesan algunos, no se arriesgan a sacar una
licencia para ejercerlo legalmente debido al proverbial nivel de
corrupción de los inspectores de la Oficina Nacional de Administración
Tributaria (ONAT) que luego recurrirían a la constante extorsión.

Las licencias otorgadas por la ONAT distinguen, obligatoriamente, entre
quienes alquilan a extranjeros y los que rentan a cubanos, y las cuotas
de los impuestos son muy diferentes. A un extranjero se le suele cobrar
entre cinco y diez veces sobre el valor real del alquiler y, en
consecuencia, los inquilinos relegan al cliente nacional.

En otras zonas de la ciudad como Miramar o Nuevo Vedado los precios
pueden elevarse a cifras astronómicas si continuamos comparando con el
salario promedio de un cubano. En estos barrios, una habitación
independiente (ya no un apartamento) con baño propio puede costar entre
25 y 40 dólares diarios. Una casa modesta suele alcanzar hasta los 100
dólares al día, pero una mansión puede superar los 500, que viene siendo
el salario de dos años de trabajo para un editor o un ingeniero, digamos.

Lo más curioso de estos alquileres “especiales” es que muchos ?bien
lujosos y en barriadas exclusivas donde se puede tener por vecinos a
altos dirigentes del país?, pertenecen a exdirigentes o exdiplomáticos,
ya jubilados o defenestrados; a viejos generales pasados a retiro o en
activo, que escudan su identidad detrás de un hijo, un sobrino o una
amante. Incluso, algunos hasta burlan el pago de impuestos ya que,
legalmente, sus casas pertenecen a las Fuerzas Armadas o a algún otro
ministerio o institución inmune a las leyes que ellos mismos promulgan.

La política del gobierno cubano ha sido hipócrita en muchos sentidos
pero en la cuestión de la vivienda es donde ha exhibido su mayor
cinismo. En Cuba, la idea de “propiedad” sobre un inmueble es de un
simbolismo desvergonzado porque es el Estado, y no la persona que lo
habita, quien decide sobre cada milímetro de lo que debiera ser un
espacio personal, privado.

Las Fuerzas Armadas son aún más deshonestas. Por ejemplo, bajo los
elásticos conceptos de “seguridad del Estado” y de “disposición
combativa”, ha acaparado la mayoría de las mansiones y casas que fueron
expropiadas a sus legítimos dueños en los primeros años de la
revolución. Todos los militares de alto rango y los principales
dirigentes del país, habitan esos inmuebles e incluso exhiben mayor
nivel de vida que sus antiguos propietarios. En la actualidad, mientras
disminuye el plan de construcciones de viviendas o se condiciona la
entrega de los inmuebles al grado de fidelidad o complicidad con la
dictadura, los militares y principales dirigentes del país gozan del
privilegio de cambiar de casas a su antojo.

Mientras un ciudadano que depende de su parco salario y que no desea
comprometerse con la dictadura está condenado a crear una familia en la
misma vivienda donde convive con padres, abuelos, hermanos, tíos y
primos, sin esperanzas de adquirir alguna vez un espacio propio, los
dirigentes cubanos y los militares se adjudican propiedades y hasta el
derecho de expropiar y desalojar a cualquiera bajo el pretexto de velar
por la “seguridad del país”. Todos en Cuba saben que si un dirigente
decide mudarse a determinado barrio, aquellos vecinos del lugar que sean
declarados no “confiables” políticamente, deberán sufrir cualquier tipo
de presiones y arbitrariedades.

Los altos precios de los alquileres, en contraste con el bajísimo
salario promedio, no es una situación que el gobierno desea resolver.
Muy por el contrario, es una estrategia que beneficia la política de
chantaje que siempre lo ha caracterizado. Los precios astronómicos no
solo de las viviendas sino de todo cuanto necesita una persona para
subsistir, son un mecanismo de control de las multitudes empobrecidas.
El ciudadano de a pie, desesperado por el cúmulo de carencias y
dificultades en que vive, es forzado por el propio gobierno a transitar
dos caminos muy similares: delinquir para satisfacer sus necesidades o
plegarse al chantaje político.

Source: ¿Cuánto vale rentar un cuarto en La Habana? | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/cuanto-vale-alquilarse-en-la-habana/

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