Corrupción – Cuba – Corruption
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La estafa del carnicero

La estafa del carnicero
“Es muy deshonesto. Yo sé que es deshonesto y ruín engañar a los
consumidores (…) pero dígame usted, cómo le explico a mi hijo de 5 años
cuando no pueda comprarle su merienda diaria para el colegio, o los
zapatos y la ropa”
lunes, enero 26, 2015 | Ernesto Aquino

LA HABANA, Cuba.- Muchos centros de trabajo, considerados por el
gobierno como centros no rentables, así como cuentapropistas, han pasado
a ser “Arrendados”, una condición que les permite utilizar propiedades
estatales para realizar sus actividades laborales.

Sin embargo, este fenómeno ha incrementado la corrupción y la
ilegalidad, porque además del impuesto estatal, los arrendados tienen
que garantizar los salarios obreros, las herramientas de trabajo, el
mantenimiento de los inmuebles y el abastecimiento general relacionado
con la actividad que desempeñan, sin que el Estado los provea de ningún
recurso.

Conversamos con un joven carnicero que labora en un pequeño
establecimiento arrendado, del cual no revelaremos el nombre ni tampoco
el del entrevistado, por razones de seguridad.

El testimonio de este carnicero es escalofriante. Según nos cuenta, en
su pequeña Unidad existen dos carniceros; uno que se dedica a la venta
de carne de carnero y él, que se ocupa de la venta de carne de cerdo.

Nos asegura que “cada uno de nosotros tiene que entregar al titular del
establecimiento unos 300 pesos -unos 15 dólares-, y de la ganancia que
saquemos después tenemos que compartir una parte con el administrador. Y
para lograr un ingreso diario que nos permita cumplir con estas
exigencias tenemos que hacer magia con el peso del producto”.

El joven carnicero de 32 años se refirió a la constante variación de los
precios de la carne de cerdo, el cual depende en buena medida de los
proveedores, quienes aprovechan la más mínima crisis para subir los precios.

“Por ejemplo -nos dice-, la pierna y las costillas son la parte del
animal que dan más ganancias. En estos momentos tuvimos que subir la
libra de bistéc de 40 pesos a 45, (2 dólares 50) ¡Y ya tú sabes, hay que
hacer bistéc hasta del pellejo y la grasa, para que nos dé la cuenta! Y
con las costillas hacemos algo muy parecido: la calzamos con alguna
piltrafa para aumentarle el peso. Yo sé que eso no es correcto, pero así
nos han obligado a vivir. Tenemos que sacar dinero para poder invertir
en mercancía y llevarnos algún diario para la casa”.

Por su parte, Horacio Fernández Rios, un carnicero retirado que laboró
algún tiempo en uno de estos centros arrendados, explicó que otra de las
estrategias usadas por los administradores, para conseguir precios más
bajos, es comprar carne refrigerada en almacenes estatales.

Supimos por Fernández Rios que “el Estado almacena grandes cantidades de
carne de cerdo en frigoríficos durante largos períodos de tiempo, y
antes de venderla a la población trata de negociar con los particulares
vendiéndoles la libra de 3 a 5 pesos MN por debajo del mercado privado;
aunque eso siempre es un riesgo, porque esa carne lleva mucho tiempo
refrigerada y muchas veces está en los límites de su aprovechamiento; es
decir, a punto de echarse a perder”.

Como sucede con la mayoría de los negocios en los que intervienen las
entidades estatales, los particulares no sólo no tienen garantías,
durante estas negociaciones, respecto a los productos que adquieren,
sino que además carecen de los recursos legales para hacer cualquier
reclamación, ya que estas “operaciones comerciales” –por llamarlas de
alguna manera- no están respaldadas por los procedimientos legítimos.

Nuestro primer entrevistado, el joven carnicero de 32 años, dijo
sentirse atrapado en una tela de araña que lo obliga a vivir como un
delincuente. Y encogiéndose de hombros, concluyó:

“Es muy deshonesto. Yo sé que es deshonesto y ruín engañar a los
consumidores, robándoles en el peso del producto por el que, ya de por
sí, están pagando un precio bastante alto; pero dígame usted, cómo le
explico a mi hijo de 5 años cuando no pueda comprarle su merienda diaria
para el colegio, o los zapatos y la ropa; o tenga que decirle: “mira,
hoy tienes que acostarte sin comer”. Esta, es una lucha por la
supervivencia. Aquí, lo único que importa es tratar de mantenerse vivo,
y para vivir hay que trabajar; y si trabajo, alguien tiene que pagar mi
salario”.

Source: La estafa del carnicero | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/la-estafa-del-carnicero/

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