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Periodista oficial condenado por espionaje pide ayuda al Papa y a Obama

Periodista oficial condenado por espionaje pide ayuda al Papa y a Obama
Posted on 27 enero, 2015 by Café Fuerte

Por los últimos cuatro años, el arresto y condena por espionaje del
periodista José Antonio Torres, ex corresponsal de diario Granma, ha
quedado bajo un manto de enigmas.

Detenido el el 8 de febrero de 2011 y condenado a 14 años de prisión,
Torres, de 48 años, cumple actualmente su condena en la cárcel de
Boniato, en Santiago de Cuba, desde donde trata de romper el silencio
impuesto y proclamar al mundo su inocencia. El otrora vocero oficial
busca ahora auxilio en la oposición y el periodismo independiente, y
acaba de escribir sendas cartas al papa Francisco y al presidente Barack
Obama solicitandoles ayuda.

Yoani Sánchez logró hablar con Torres desde la cárcel y ha hecho una
exhaustivo trabajo de investigación y reconstrucción de la causa que
llevó a Torres a prisión. Por su carácter revelador, CaféFuerte
reproduce esta entrevista, aparecida en 14yMedio, e incluye al final la
sentencia judicial del caso. En próximas entregas, en colaboración con
14yMedio, se harán públicos en CaféFuerte otros documentos relacionados
con la situación del periodista.

EL ESPÍA QUE NUNCA QUISO SERLO

Por Yoani Sánchez

A las afueras del edificio, una zanja lleva las aguas albañales calle
abajo. Varios niños saltan de un lado a otro del apestoso canal mientras
la tarde cae en Micro 7, un barrio del santiaguero distrito José Martí.
Hace apenas unos años los vecinos señalaban hacia el número nueve de
aquel tosco bloque y decían: “Allí vive el corresponsal del periódico
Granma”. Hoy, la familia carga con el estigma de que el periodista está
en la cárcel, donde purga una condena por espionaje.

Los escalones son toscos y desiguales. Arriba una reja improvisada cubre
la puerta de la casa. Toqué por largos minutos, pero nadie abrió. Mayda
Mercedes, la esposa de José Antonio Torres, Tony, solo me recibió al
otro día, con cierto temblor en la voz y mirando hacia todos lados. Allí
logré acceder por primera vez a la sentencia judicial que hizo que el
destino de este hombre se torciera, al decir de un bolero, “como débil
varilla de estaño”.

El reportero oficial nunca imaginó que su cumpleaños 45 los pasaría tras
las rejas. Después de graduarse como periodista en 1990, su carrera solo
había conocido el éxito. Se desempeñó como subdirector de Tele Turquino,
corresponsal de la Agencia de Información Nacional, del Noticiero
Nacional y posteriormente del diario Granma. Fue comentarista deportivo,
secretario general del núcleo del Partido Comunista de los
corresponsales en Santiago de Cuba e, incluso, su trabajo fue alabado
públicamente por Raúl Castro. Todo apuntaba a que escalaría alturas
profesionales más cercanas al poder y mejor remuneradas.

Sin embargo, todo terminó cuando el 8 de febrero de 2011 lo detuvieron
y, después de tres meses en Villa Marista, traslados a otras prisiones y
agotadores interrogatorios, un tribunal lo condenó a 14 años de
privación de libertad por el delito de espionaje. En el expediente de la
causa número 2 de 2011, se dice que el acusado había escrito una carta
dirigida a Michael Parmly, quien fuera jefe de la Oficina de Intereses
de Estados Unidos en La Habana (SINA). El documento refiere, además, que
el acusado quería “conseguir una entrevista personal con este para
proporcionarle (…) información sensible (…) que podía poner en peligro
la seguridad nacional”.

Una carta de despecho

Tony asegura que la idea de escribir aquella misiva fue hija del
despecho. Su esposa había sido víctima de una injusticia laboral y,
según cuenta el periodista, decidió cobrar revancha contra las
autoridades. Un desquite que consistió en fingir que poseía datos de
carácter secreto que lograrían desestabilizar al Gobierno cubano. Su
abogada defensora aseguraría más tarde la “inexistencia de peligro real
para la seguridad del Estado”, y Torres confesaría que construyó “todo
pieza a pieza”.

Un andamiaje de mentiras que terminó cayendo sobre él, porque el delito
de espionaje incluye en el Código Penal cubano la “consumación
anticipada”. La mera proposición a un Estado extranjero de una
información sensible ya acarrea una condena.

Desde finales de 2005 y hasta enero de 2007, escribió en la computadora
de una vecina un largo texto en el que aseguraba tener datos sensibles
sobre “el caso Elián González (…), materiales clasificados de carácter
militar (…), informaciones sobre la corrupción gubernamental (…),
escándalos en las filas del Partido Comunista (…), documentos originales
de los cinco espías (…), estafa del grupo de inversiones de la Batalla
de Ideas (…), impagos en la contratación económica con China” y mucho
más. Una explosiva lista de temas, a la que anexó su propio currículo
como periodista para dar más credibilidad al asunto.

Con una meticulosidad inusual por estos lares, ideó también un
enrevesado código de contraseñas y claves que incluía “la mitad de un
billete de un peso moneda nacional”, que Michael Parmly sólo podría
completar cuando se encontrara cara a cara con él. Una postal de la Casa
de la Música de Miramar, también partida en dos, reafirmaría la
identidad de cada parte. En el cartel lumínico donde la SINA publicaba
por ese entonces titulares y noticias, debía mostrarse en los días
posteriores a la recepción del documento, el código “Michael 2003? si el
funcionario aceptaba la propuesta total de Torres, y “Michael 6062? en
caso de que solo existiera interés en una parte.

Aprendiz de James Bond

Al leer hoy tan metódico sistema de aviso y comprobación, es difícil no
sonreír ante este aprendiz de James Bond, que terminó siendo víctima de
su propia astucia. Pero Tony parecía no calcular la gravedad y el
peligro de sus acciones. Así que a inicios de 2007 le pidió a su hermano
que viajara a La Habana y echara un sobre en el buzón de la Oficina de
Intereses que contenía dos disquetes con copias de la carta, acompañados
del trozo de billete y la porción de la postal. El conteo regresivo que
terminaría en su desgracia había echado a andar, pero no lo sabría hasta
cuatro años después.

En su celda de la prisión de Boniato, una de las cárceles cubanas de
peor reputación, Torres ha alimentado por años la ilusión de que lo
visite algún periodista para tener a quien contarle su historia. Ha
pasado del rechazo al desespero por que alguien arroje luz sobre su
situación. A mediados del año pasado colocó mi nombre en la lista de
quienes podía asistir a sus visitas en el penal para narrarme
personalmente su versión de una historia que por momentos parece sacada
del libro El Agente Secreto de Joseph Conrad y, por otras, de la novela
La Broma de Milán Kundera.

El encuentro no se ha dado hasta ahora. La policía política monitoreó
las llamadas e hizo que “casualmente” se perdiera el listado donde se
recogía mi nombre para visitarlo ese fin de semana. Así que, después de
un largo viaje, me vi en la ciudad de Santiago sin más posibilidades que
la de reconstruir “el caso Torres” a través de los documentos jurídicos,
los testimonios de quienes lo conocieron y las cartas que regularmente
me envió desde la cárcel. Un rompecabezas de piezas, que en algunos
momentos me resultarían más literarias que creíbles.

Un hombre desesperado

Tony es puntilloso cuando cuenta su historia a través de la línea
telefónica, el oficio de reportero se le nota en cada detalle. Tiene una
letra apretada con la que llena cuartillas y cuartillas que después
despacha a todas partes. En poco tiempo me convertí en una destinataria
de sus desesperados escritos. Las llamadas telefónicas cruzaban la
geografía insular para resonar en mi piso catorce. “A veces tengo que
comprar con cigarros el acceso al teléfono “, me cuenta.

El antiguo vocero oficial se aferra ahora al periodismo independiente y
a la oposición como el naufrago a un precario salvavidas. Ha dejado
atrás las opiniones vertidas en un alegato que nunca pudo leer ante el
tribunal que lo juzgó y en el que aseguraba que había pedido dinero por
la información que iba a suministrarle a Estados Unidos para hacer
creíble su condición de agente al servicio de un Gobierno extranjero ya
que “no hay contrarrevolucionario que se respete que no busque o utilice
la ruta o el conducto de los dólares”.

Los rigores de la cárcel lo llevarían más adelante a buscar el apoyo de
la Unión Patriótica de Cuba y de su líder, José Daniel Ferrer. La
decepción por el sistema del que formó parte se ha hecho sentir también
en su escritura, cuando a mediados del año pasado, en una de sus cartas,
describió al pueblo cubano como “herido por el desengaño, con la
paciencia agotada, harto de necesidades, mal comido, con un fardo de
demandas postergadas, hacinado en el limbo eterno de las promesas
incumplidas”.

La semana pasada, su desespero lo llevó a escribir una carta a Barack
Obama y otra al papa Francisco, pidiéndoles ayuda. Las misivas han
comenzado ya el recorrido para llegar a sus destinatarios, pero esta vez
no llevan claves ni billetes cortados a la mitad. El prisionero espera,
al menos, ver su nombre en las listas de presos políticos y de
conciencia que varios grupos de la disidencia cubana elaboran. Sin
embargo, su caso “es difícil de defender”, aseguran algunos activistas
de derechos humanos, mientras otros le reprochan su largo pasado
oficialista.

Reclamo de inocencia

En la mañana que comenzaron las excarcelaciones de activistas derivadas
de las conversaciones secretas entre Washington y La Habana, mi teléfono
sonó temprano. “¿Qué sabes de las liberaciones?”, indagó una voz
engolada de locutor televisivo. Respiré profundo y lo provoqué: “Van a
liberar a un espía que le sirvió a Estados Unidos por años, así que si
no eres tú… será Rolando Sarraff Trujillo”. Su risa mordaz apenas me
dejó terminar la frase.

Irónicamente, cuando José Antonio Torres clama por que se le considere
inocente y no se le tilde de agente de la inteligencia norteamericana,
está también alejando la posibilidad de que lo incluyan en algún canje
de espías. Su principal argumento para defenderse y con el que exige
justicia, podría ser también el mayor escollo para lograr una liberación
a corto plazo.

Mientras tocaba y aguardaba porque Mayda Mercedes me abriera la puerta,
una vecina subió las escaleras cargando un cubo de agua. Andaba con
cuidado y despacito como quien lleva entre las manos un recién nacido.
En julio de 2010, Torres había escrito un extenso reportaje para el
periódico Granma donde denunciaba irregularidades, “negligencia” y “mal
trabajo” en las obras de rehabilitación del acueducto de Santiago de
Cuba. La ciudad estaba llena de huecos y calles rotas, pero el
suministro de agua no acababa de estabilizarse después de meses de labores.

Una coletilla de Raúl Castro se publicó junto al concienzudo trabajo, en
la que el general afirmaba “discrepar de algunos enfoques”, pero hacía
llegar “un reconocimiento al periodista santiaguero, por su constancia
en el seguimiento de la obra”. En los círculos del periodismo oficial
aún se rumora que fue aquel artículo y no la mascarada de espía de
Torres lo que marcó la severidad de la posterior condena en su contra.

Arrepentido del absurdo

Mientras el mundo leía el texto como si fuera una señal de la glasnost
informativa en Cuba, la Seguridad del Estado ya vigilaba desde cuatro
diferentes puntos la vivienda del periodista. En aquel entonces Torres
estaba arrepentido de su absurda acción y creía que nunca sería
descubierto. Todo indica que fue en ese momento en que el acto de
revancha que ideó al redactar aquella misiva en el pasado se topó de
bruces con la venganza de otros. El periodista no tendría ninguna
oportunidad de salir absuelto.

Un par de años después, desde la cárcel, Torres analizaría la prensa
oficial con la autocrítica del que ha sido por largo tiempo parte de un
artificio. “En este país (…) la prensa no conoce ni lo que debiera. El
amordazamiento es tan recio que nos hemos convertido a fuerza de
presiones en reos inofensivos de la repetición y la componenda”,
escribió en una carta que logró sacar del penal de Boniato, cuando sus
esperanzas de liberación estaban más bajas.

El arresto ocurrió en una mañana de febrero. Su hija más pequeña lloraba
mientras hacían el registro minucioso de la vivienda. Le ocuparon
casetes de video, bloc de notas rellenos con su letra bien cuidada, ocho
hojas con detalles sobre el acueducto de Santiago de Cuba, un cuaderno
de trabajo sobre el balance del sector de la salud pública, informes
meteorológicos, documentos con ideas del material entregado a los
sectores militares durante el Bastión 2004, fotocopias de cartas del
espía Antonio Guerrero a su hijo, dos cartas dirigidas por Torres a Raúl
Castro, entre otros materiales.

La carta que nunca llegó

La relación de sus pertenencias no pasaba de lo que cualquier periodista
tendría en su archivo. Ninguno de los datos que recoge el acta judicial
apunta a que poseyera “secretos de Estado”. Según se demostró, ni
siquiera la carta donde ofrecía sus servicios como informante llegó al
destinatario. No está claro cómo la misiva “apareció” en un latón de
basura ubicado en áreas aledañas de la SINA y no en el buzón donde
supuestamente la había colocado el hermano de Torres. Un testigo de la
fiscalía, agente del Sistema Especializado de Protección S.A. (SEPSA),
aseguró que allí encontró el sobre con los disquetes.

Torres intentó basar su defensa en la inviolabilidad de la
correspondencia diplomática, pero el tribunal enfocó la acusación en lo
“sensible de la información de interés para el enemigo”. Aún hoy, el
periodista apela a que su acto solo fue una tentativa que nunca hubiera
trascendido si el buzón de la SINA no estuviera “bajo observación de los
servicios de inteligencia cubanos”. Su autodefensa no proclama
inocencia, sino malos procedimientos en la obtención de pruebas. Pero el
recurso de casación para reevaluar la sentencia fue declarado “sin
lugar” a finales de 2012. Un cubo de agua fría cayó sobre sus esperanzas
de ver aminorada la condena.

Al destacamento 4 de la cárcel de Boniato le dicen “El Termómetro”. Los
presos le han puesto así porque siempre “está caliente” a causa de las
peleas entre reclusos y la violencia que impera en el lugar. En medio de
eso, un hombre que habla como un locutor de televisión pasa ahora sus
días. Una vez, hace tiempo, narró en su voz y sus escritos el paraíso
socialista y las manchas que debían erradicarse para que fuera perfecto.

En las noches, cuando los guardias apagan la luz y llaman al silencio,
coloca bajo el colchón las hojas repletas de una letra apretada que
después pondrá en improvisados sobres. De esa pasión por escribir cartas
que lo llevó a prisión, cuelgan ahora todas sus ilusiones de quedar en
libertad.

Sentencia del Tribunal Provincial de Santiago de Cuba

Source: Periodista oficial condenado por espionaje pide ayuda al Papa y
a Obama | Café Fuerte –
http://cafefuerte.com/cuba/21684-periodista-oficial-condenado-por-espionaje-pide-ayuda-al-papa-y-a-obama/

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