Corrupción – Cuba – Corruption
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Del servilismo a la liberación

Del servilismo a la liberación
Los cambios esperados solo tendrán lugar cuando cambie la mentalidad y
la actitud de los cubanos y no cuando mandatarios enmienden y traten de
solucionar diferencias
lunes, febrero 23, 2015 | Alberto Roteta Dorado

QUITO, Ecuador –Algunos pensaron que el nuevo siglo traería a los
cubanos cambios radicales, o al menos ciertas reformas en el orden
político, económico y social. El efecto devastador del llamado período
especial dejó huellas en un pueblo que acudió a todas las posibles
formas de subsistencia. Las carencias, la corrupción, el deterioro ético
y moral, la falta de libertad de expresión, la manipulación del
pensamiento y en primer lugar: el aislamiento, fueron heredados de un
siglo a otro. El terreno estaba preparado para que se produjeran esos
“cambios” tan esperados por muchos, sin embargo, han transcurrido quince
años y aún no se perciben.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados
Unidos y Cuba, no presupone necesariamente, el cambio radical que ha de
tener lugar para que Cuba salga del abismo al que ha sido llevada por
parte de la dictadura comunista, aunque, sin duda, se abren nuevos
caminos que pudieran pomer fin al aislamiento.

Se puede teorizar mucho sobre este asunto, lo han estado haciendo desde
el histórico día en que se dio a conocer el diálogo entre los
presidentes de ambos países, pero desde el punto de vista práctico,
todos sabemos que el cambio tiene que partir de Cuba, de sus mandatarios
anquilosados, los que han mantenido su postura hasta ahora, pero ante
todo, de la actitud del pueblo.

Es difícil asumir tan magna responsabilidad, pero los cubanos deben
dejar de ser esclavos y de una vez no cooperar con el régimen.
Recordemos que el gran Gandhi fue capaz de lograr la independencia de
su enorme país a través de la no cooperación. Si dejamos de asistir a
los actos patrióticos convocados, de cotizar el llamado día de la
patria, o de responder mecánicamente a sus llamados, estaremos asumiendo
nuestra responsabilidad como ciudadanos libres. Es hora de que dejemos
de ser siervos de los amos y que nos inspiremos en la sabia enseñanza
del verdadero maestro, quien precisó: “Yo sé de un pesar profundo, entre
las penas sin nombres: la esclavitud de los hombres, es la gran pena del
mundo”.

Salir de la esclavitud a que se nos ha sometido es el deber fundamental
de los cubanos. No esperemos a que un bondadoso e inteligente líder de
otro país venga a modo de salvador, pretender que los dictadores
comunistas experimenten cambios de actitudes es absurdo. Lo que no se
hizo en medio siglo no tendrá lugar en un instante. La responsabilidad
es nuestra. Acudo de nuevo a la profética palabra del Apóstol para que
comprendáis nuestra misión:

“Los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el
sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un
mendrugo roído de ratones”.

La comprensión del significado de ese “glorioso ascenso de la vida
humana” nos llevará por los caminos del saber, del verdadero saber,
libre de convencionalismos, de ideas totalitaristas, de esquemas
retrógrados y falsos paradigmas. Ese “pueblo culto” que tanto manipuló
el anterior presidente, necesita retomar los ideales y principios que
en otro tiempo inspiraron a nuestros libertadores de la gesta del final
del diecinueve. El cultivo del intelecto nos hará libres. El gobierno
cubano teme más a las reuniones de intelectuales que a una marcha
popular. Recordemos que la gran reunión de los artistas e intelectuales
cubanos del pasado año fue seguida de cerca por los líderes del sistema
y se planificó todo para mantener a ciertos dirigentes que a través de
estos años se han dejado manipular.

Para no desmigajarnos “como un mendrugo roído de ratones” es necesario
asumir de una vez nuestro rol. Evadir nuestro deber no nos conducirá a
nada. Se necesita no solo hombres de buena voluntad, sino hombres
inteligentes, hombres de fe y esperanza, hombres de libre y amplio
pensar, capaces de comprender que los cambios esperados desde hace
algún tiempo, solo tendrán lugar cuando cambie la mentalidad y la
actitud de los cubanos y no cuando mandatarios enmienden y traten de
solucionar diferencias.

Cuando la paradigmática figura de José Martí tuvo conciencia de su
deber, que en su caso, se convirtió en algo verdaderamente sacramental,
decidió echar su suerte “con los pobres de la tierra”. Pocas veces nos
detenemos a reflexionar en su genial verso porque lo hemos asociado a la
idea de los desposeídos, marginados y explotados, pero muy pocos lo
conciben como la idea de la pobreza del espíritu y del intelecto. El
propio autor de los “Versos Sencillos” nos enseñó que era deber del
hombre cultivarse por respeto a sí mismo y a sus semejantes. Respetarnos
equivale a abandonar ese espíritu servil que a través de estos años ha
predominado en las multitudes. Téngase presente que para el Apóstol de
la independencia cubana: “Esclavo es todo aquel que trabaja para otro
que tiene dominio sobre él”, y ese dominio cesará cuando dejemos de ser
ciervos pasivos y seamos capaces de enfrentar con valentía lo injusto
asumiendo nuestro deber.

Source: Del servilismo a la liberación | Cubanet –
http://www.cubanet.org/colaboradores/del-servilismo-a-la-liberacion/

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