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Un camino ético para la sociedad civil

Un camino ético para la sociedad civil
Miembros de diversos proyectos pro-democracia de toda la Isla, así como
de periodistas independientes, lo aprobaron, por consenso. “Deseamos
identificar sus raíces en la eticidad de nuestros padres fundadores.
José Martí nos recuerda que: “Por el amor se ve, con el amor se ve, es
el amor quien ve”
miércoles, febrero 25, 2015 | Miriam Celaya

LA HABANA, CUBA. — Este miércoles, 25 de febrero de 2015, sesionó en La
Habana un nuevo encuentro de los participantes del Espacio Abierto de la
sociedad civil independiente, con una amplia representación de miembros
de diversos proyectos pro-democracia de toda la Isla, así como de
periodistas independientes. Un total de 25 participantes tomó parte del
coloquio donde, además, se intercambiaron puntos de vista sobre temas de
interés de la actualidad cubana.

En esta ocasión, entre los puntos más importantes del debate, quedó
aprobado por pleno consenso el documento “Un camino ético para la
sociedad civil cubana”, que –tal como indica su nombre– establece una
guía de principios básicos por los que se rige el cónclave, y se dictó
una Moción de Solidaridad con la sociedad civil y la oposición
venezolanas en momentos en que la represión tiende a recrudecerse, con
un pronunciamiento que hace énfasis en líderes como Leopoldo López,
quien recientemente cumplió un año en prisión; María Corina Machado, ex
diputada que fue agredida y removida de su cargo por el autoritarismo
chavista; y el Alcalde Mayor de Caracas, elegido en las urnas por
voluntad popular, Antonio Ledezma, arrestado violentamente en días
pasados por las fuerzas represivas del gobierno de esa nación.

Considerando que el documento aprobado en el cónclave debe ser del
conocimiento de la opinión pública, en particular de los cubanos de
todas las orillas, aquí se reproduce íntegramente:

Un camino ético para la sociedad civil cubana

Como parte de la sociedad civil cubana independiente, consideramos que
toda opción moral es una decisión estrictamente personal e
intransferible, alejada de toda imposición. Reconocemos también que por
su carácter relacional los ciudadanos buscan socializar e insertarse en
comunidades que han recibido un humus sedimentado con valores y virtudes
conocido como el ethos comunitario, sea familiar, grupal, nacional o
internacional. Al consensuar un camino ético renunciamos a una moral
dogmática, solo prohibitiva, de la frivolidad o el libertinaje. Optamos
por una ética dialógica frente a una moral autoritaria, una ética que
vincule intrínsecamente libertad y responsabilidad. Proponemos educarnos
para asumir, en nuestros principios y en nuestras actitudes, el
siguiente camino ético, enraizado en lo mejor de la herencia cultural
cubana:

1. Reconocemos que la persona humana es la protagonista de su propia
historia. Así mismo, la persona debe ser el principio, el centro y el
fin de toda institución o proceso histórico. La persona humana no es un
medio, ni puede ser un objeto en manos de otros, por tanto no debe ser
manipulada para experimentos científicos, sociales, políticos ni
económicos. Creemos que todos los seres humanos son iguales ante la ley
y diversos por sus capacidades y opciones personales.
2. Debemos fomentar la coherencia entre lo que se cree, lo que se dice y
lo que se hace. Todo compromiso personal, cívico y político, debe estar
indisolublemente avalado por un comportamiento ético sin el cual toda
acción individual o comunitaria pierde valor y sentido.
3. Cuba, es decir, la Nación entendida como la comunidad de todos sus
ciudadanos en la Isla y en la Diáspora, su felicidad, libertad, su
progreso y bien común, es la inspiración y el fin de toda acción cívica
y política, desterrando intereses espurios. Consideramos que el sentido
y el fin de nuestro compromiso ético para Cuba es la construcción en
nuestro País de una convivencia pacífica, fecunda y próspera, más que
una simple coexistencia de los diferentes o adversarios.
4. Optamos por los métodos pacíficos y la búsqueda de las soluciones no
violentas tanto de los conflictos nacionales e internacionales, como de
nuestras relaciones interpersonales. Optamos por el respeto absoluto de
la vida humana y nos pronunciamos en contra de toda violencia y de la
pena de muerte.
5. La discrepancia de opiniones y el debate político no deben dejar
lugar a los ataques personales o grupales, ni a las descalificaciones
denigrantes, ni a las difamaciones.
6. Creemos que el tener, el saber y el poder son para servir y que sin
instituciones ágiles y honradas no hay gobernabilidad posible. Tenemos
la convicción de que sin soberanía ciudadana no hay progreso, ni
articulación, ni primacía de la gobernanza de la sociedad civil como
interlocutora válida. Siendo la corrupción, la mentira y el excesivo
interés material los principales enemigos del civismo en el mundo de
hoy, como parte de la sociedad civil cubana independiente rechazamos
estos males y optamos por la transparencia, el servicio a la verdad y la
primacía de los valores espirituales.
7. Buscamos una ética de mínimos acordados mediante un proceso de
construcción de consensos. Diferenciamos los procesos de diálogo y
negociación. Por tanto, creemos que una ética de mínimos debe surgir de
un diálogo que desemboque en acuerdos de consenso, mientras que de las
negociaciones deben surgir los pactos específicos, que deben ser
observados y cumplidos por las partes.
9. Una ética cívica de mínimos consensuados, es ya un logro de la
humanidad pluralista. Su base es la dignidad plena y suprema de la
persona humana, que se logra con el reconocimiento, la educación y
defensa de todos sus Derechos para todos, proclamados en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos acordados por la ONU en 1948 y que
hacemos totalmente nuestra como inspiración y programa ético.
10. Nos adherimos a los tres valores fundamentales que resumieron los
mejores anhelos de la humanidad: libertad, igualdad y fraternidad, y a
sus correspondientes derechos. Los derechos llamados de primera
generación exaltan el valor de la libertad: son los derechos civiles y
políticos; los de segunda generación exaltan el valor de la igualdad:
son los derechos económicos, sociales y culturales, así como los
derechos de tercera generación exaltan el valor de la fraternidad
universal como el derecho ecológico a un equilibrio sano del medio
ambiente y el derecho a un mundo en paz.
En consecuencia, deseamos optar por: la inclusión y la participación
democrática, la autoridad moral y no el autoritarismo, las propuestas y
no las recetas, lo que se dice, es decir las ideas, más que quien lo
dice, los programas y no solo los líderes. La unidad en la diversidad y
no la uniformidad. Las convicciones racionales y no los fanatismos. La
despenalización de las discrepancias y no las intolerancias. La
descentralización y la subsidiaridad deben sustituir al centralismo y al
totalitarismo. La ética debe primar sobre la técnica y la ciencia. El
compromiso debe ganar a la indiferencia. Optamos por la eticidad de la
política y de la economía, de la convivencia nacional y de las
relaciones internacionales.
11. Este compromiso ético debe concretarse en actitudes y en acciones
proactivas para sanar el daño antropológico y superar el analfabetismo
cívico y político con un trabajo sistemático de empoderamiento
ciudadano. Como rechazamos toda imposición moralista creemos que la
educación es el único camino válido. Por eso orientamos nuestros
esfuerzos hacia una educación liberadora de nosotros mismos y de toda
alienación, para así poder dar nuestra contribución a la educación ética
y cívica de todos los cubanos, inspirada en los Derechos Humanos y sus
correspondientes Deberes Cívicos.
12. Los activistas cívicos y los políticos, o los intelectuales, no
deberían ser los moralizadores de la sociedad. Ser elegido para
representar no confiere autoridad moral sino compromiso político
sometido al escrutinio y a la voluntad ciudadana. Creemos en la
representatividad como servicio a la sociedad. Esta representatividad
debe ser producto de la elección popular y limitada por el tiempo y la
alternancia. La ética cívica la hace cada persona y a la comunidad le
corresponde asentar, educar, promover y custodiar el humus de la
eticidad de la nación abierta a lo universal, basados en los grandes
valores de la verdad y de la libertad, de la justicia y del amor.
Al adoptar este camino ético deseamos identificar sus raíces en la
eticidad de nuestros padres fundadores. La enseñanza del Apóstol José
Martí nos recuerda que: “Por el amor se ve, con el amor se ve, es el
amor quien ve”. Creemos en la amistad cívica y en la reconciliación en
que debe desembocar aquella justicia que el Maestro José de la Luz y
Caballero llamó ese “sol del mundo moral”. En fin, compartimos la
convicción del Padre Félix Varela que nos enseña que: “No hay Patria sin
virtud, ni virtud con impiedad”.

162 aniversario de la muerte del P. Félix Varela

Source: Un camino ético para la sociedad civil | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/espacio-abierto-de-la-sociedad-civil-cubana-independiente/

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