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Entre los comisarios y el mercado

Entre los comisarios y el mercado
[02-03-2015 23:04:43]
Carlos Alberto Montaner
Escritor, periodista y político

(www.miscelaneasdecuba.net).- Parece que una parte sustancial de los
artistas e intelectuales españoles, incluidos los medios académicos, va
a votar por PODEMOS, la formación política neocomunista que ha irrumpido
con fuerza en la escena política.
No me extraña. La intelligentsia latinoamericana y española, como regla
general, suele ser estatista. A eso le llaman ser de izquierda. Los
escritores, artistas plásticos, músicos, cineastas, actores, autores
dramáticos, y, especialmente, los catedráticos y estudiantes de Ciencias
Sociales y de Humanidades (antropólogos, sociólogos, arqueólogos,
filósofos, teólogos, pedagogos, periodistas, etc.), se sitúan a la
izquierda del espectro político. Se colocan, con variable intensidad, en
el campo del estatismo.

Pero no todos. Por la otra punta de este fenómeno, en general, una buena
parte de las facultades de ingeniería, arquitectura, medicina,
odontología, informática, Ciencias Empresariales, y tal vez la mitad de
los economistas y abogados, tanto profesores como alumnos, mantienen una
actitud diferente.

Entre estos profesionales y aspirantes a serlo abunda un mayor
porcentaje de personas que pudiéramos llamar liberales, en el sentido
que se le da a ese término en América Latina y Europa. Confían mucho más
en el esfuerzo individual, se inscriben en el espacio político del
centroderecha, y desconfían de la gestión del Estado porque la
experiencia les ha demostrado que suele ser desastrosa.

La izquierda está convencida de que le corresponde al Estado,
administrado por gobiernos populistas, producir ciertos bienes o
gestionar directamente una gran cantidad de servicios para el pretendido
beneficio del “pueblo”, lo que inevitablemente significa la adjudicación
y el manejo de un alto porcentaje de la riqueza que la sociedad produce.

La derecha, persuadida de que ése es el camino más corto al aumento de
la corrupción, al clientelismo, al descalabro económico y al surgimiento
de atropellos contra los individuos, defiende que los bienes se
produzcan o los servicios se brinden dentro del ámbito privado. Serán
mejores, alega, y resultarán más económicos.

¿Por qué esa marcada inclinación populista de la intelligentsia?
Sospecho que se trata de una fatal consecuencia del mercado. El vasto
campo de los intelectuales y artistas ofrece una mercancía que,
independientemente de su calidad, salvo algunas excepciones,
difícilmente puede sostenerse motu proprio entre los consumidores. La
inmensa mayoría depende fatalmente de cátedras universitarias,
subsidios, becas o premios que suelen ser abonados por medio de los
presupuestos oficiales. Son “cazadores de rentas”.

En cambio, los profesionales que suministran algún servicio demandado
por la sociedad, pese al riesgo que ello entraña, confían mucho más en
el mercado que en la seguridad de colocarse bajo el ala protectora del
Estado y recibir un salario mensual o alguna suerte de prebenda.

A esa intelligentsia estatista que rechaza el mercado con un
despreciativo aire de superioridad, le gusta autopercibirse como
solidaria y generosa, pero, aunque algunos o muchos de sus miembros
tengan esos rasgos, en realidad se trata de un grupo que, como es
frecuente, defiende sus intereses individuales y busca la protección de
un patrón que le garantice la seguridad económica, divulgación y cierta
fama profesional.

Claro, eso tiene un costo. En general, las dictaduras ilustradas, es
decir, las que poseen un corpus ideológico que define sus presupuestos y
objetivos –comunistas y fascistas en primer lugar–, son las que con más
habilidad crean instituciones y mecanismos dedicados a controlar a la
intelligentsia.

Lo hacen mediante un sistema claramente conductista de refuerzos
positivos y negativos, administrado por inflexibles comisarios
culturales que manejan (en Cuba utilizan el verbo “atender”) los
gremios en los que colocan a los periodistas, escritores, artistas
plásticos y otros intelectuales para servirse de ellos.

Esos gremios son jaulas sin barrotes en las que estabulan a la
intelligentsia para vigilarla y organizarla de manera que, dócilmente,
los intelectuales firmen documentos, y aprendan y repitan consignas que
le sean útiles al régimen para construir y sostener su relato. Si asumen
los dogmas de la secta y colaboran en estas tareas, se les remunera
generosamente y se les llena de premios y lisonjas. Si se oponen, se les
castiga y desacredita.

En cambio, en los regímenes democráticos realmente libres, regidos por
la economía abierta, la intelligentsia no está sujeta al látigo de los
comisarios, sino a las preferencias del mercado, lo que, con frecuencia,
resulta económicamente perjudicial y riesgoso para estos intelectuales y
artistas.

¿Es preferible el comisario o el mercado? Los comisarios son
despreciables policías del pensamiento que exigen un insoportable
sometimiento. El mercado –la libre preferencia de la sociedad—no tiene
corazón y los artistas e intelectuales pueden naufragar, pero hay
libertad. El mercado es mil veces mejor.

Source: Entre los comisarios y el mercado – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/54f4de7b3a682e1644f34390#.VPWBQfnF9HE

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