Corrupción – Cuba – Corruption
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Ley de Ajuste Cubano – A discreción

Ley de Ajuste Cubano: A discreción
Posted on 23 marzo, 2015
Por Elaine Díaz Rodríguez*

Ajahn Sarayut es un sacerdote budista en Tucson, Arizona. Ajahn no puede
cocinar. De acuerdo con la tradición budista, depender del otro es una
forma de renuncia. Cocinar para sí mismo es un lujo. Significa que
puedes descansar en tus propias capacidades para satisfacer necesidades
individuales.

Según los budistas, la dependencia frustra el deseo. Pero Ajahn dice que
comenzó a cocinar en su pequeño monasterio de Tucson, Arizona, porque no
puede alimentar su virtud mientras otros mueren de hambre en la
frontera. La frontera es otro país. O es un no-país. La frontera es la
zona intermedia en donde se ensayan tecnologías de vigilancia y se
pudren bajo el sol los inmigrantes en el desierto. A Ajahn le pregunto
que qué más puedo hacer, yo que solo soy un poco periodista y un poco
profesora. Y Ajahn me dice que escriba y que le cuente a mi comunidad.

Cuestión de supervivencia

Comunidad es una de las palabras que más se escucha en Tucson. La
comunidad impide deportaciones. La comunidad apoya a los activistas que
van a juicio por detener un ómnibus repleto de inmigrantes listos para
ser procesados como parte de Operación Streamline. La comunidad pone
pomos de agua y comida en el desierto. La comunidad cuida a los niños de
los indocumentados que deben salir a buscar trabajo. La comunidad, para
los que viven en Tucson, es cuestión de supervivencia.

Ajahn no sabe que mi comunidad es Cuba. Y que los inmigrantes de mi país
no atraviesan el desierto, sino que piden asilo político a los pies de
una garita en la frontera de México o de Canadá, o vienen por el mar. No
sabe que, casi siempre, los miembros de mi comunidad tienen acceso a la
residencia al año y un día y a la ciudadanía luego de cinco años. Ajahn
no conoce que los políticos de mi país quieren que deroguen esa ley que
protege a los cubanos y que la califican de “anacrónica” y “asesina” y
“retrógrada”. Y ciertamente, la ley es un instrumento político que
intenta cuantificar el fracaso de la Revolución cubana de acuerdo con la
cifra de inmigrantes. Pero nos ha salvado de muchas muertes.

Los políticos de mi país parecen olvidar que las causas de la
inmigración casi siempre se encuentran en el espacio vital que
corresponde a la isla. La tragedia diaria de sobrevivir con salarios
miserables, en un entorno de corrupción generalizada -corrupción que se
esconde amablemente tras términos menos duros como “resolver”-, aún con
garantías de educación y salud gratuitas y universales, y no la
existencia de una ley, es lo que empuja al mar, o a la frontera. La ley,
en el caso de Cuba, es un alivio; un alivio que una vez desaparezca
convertirá a muchos cubanos en cadáveres deshidratados en el desierto de
Sonora, tal como ocurre hoy con los ciudadanos de Guatemala, El
Salvador, México, Honduras… Aquellos que logren deslizarse con vida y
sean capturados por la patrulla fronteriza enfrentarán cargos de entrada
ilegal al país e irán a los juicios masivos que se realizan cada día en
las Cortes Federales de Arizona, con cadenas de la cintura a los pies,
con las manos esposadas, ante el temor de que “puedan volverse
violentos” y serán deportados, no sin antes cumplir sentencias de más de
treinta días en prisión.

Apuntar al vecino

Pero sucede que a veces es más sencillo apuntar con el dedo al vecino
que reconocer las culpas propias. A veces es más sencillo olvidar que en
2014, solo en 2014, casi 18 mil cubanos cruzaron por una garita y no por
el desierto. Ese mismo año, miles de latinoamericanos murieron
intentando reunirse con su familia, o trabajar en los Estados Unidos.
Casi 18 mil fueron también los niños centroamericanos deportados. Tras
cada deportado se esconde un posible retorno, que solo culmina, en el
mejor de los casos, en otro indocumentado y, en otros, en una víctima de
los carteles de droga.

Las leyes migratorias de Estados Unidos hacia Cuba cambiarán en algún
momento si se restablecen las relaciones diplomáticas. Ya veremos a los
mismos políticos que hoy vociferan el necesario fin de la Ley de Ajuste
implorar que se respete la dignidad de nuestros inmigrantes o ser
cómplices con su silencio de las muertes.

* Profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La
Habana y autora del blog La Polémica Digital. Este artículo es resultado
de un viaje con estudiantes de Harvard a la frontera de Arizona para
conocer de primera mano la experiencia de los inmigrantes indocumentados
que tratan de llegar a Estados Unidos.

Source: Ley de Ajuste Cubano: A discreción | Café Fuerte –
http://cafefuerte.com/cuba/23043-ley-de-ajuste-cubano-a-discrecion/

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