Corrupción – Cuba – Corruption
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La corrupción y sus tres enormes daños

La corrupción y sus tres enormes daños
[27-04-2015 10:30:16]
Carlos Alberto Montaner
Escritor, periodista y político

(www.miscelaneasdecuba.net).- México y corrupción son dos palabras que
siempre van “de pipí cogido”, como dicen con picardía los colombianos.
La corrupción en Venezuela es mayor, y la de Argentina no anda muy
lejos, según Transparencia Internacional, pero, a juzgar por lo que
acontece en Chile, Brasil y Cuba, parece un mal endémico
hispanoamericano. El continente, con pocas excepciones, es una pocilga.

En todo caso, el gobierno mexicano quiere acabar con la corrupción. Ya
era hora. ¿Es eso posible? ¿Cuándo comenzó? Te lo dicen, riendo, tan
pronto pones un pie en el país.

Los conquistadores españoles torturaban a Cuauhtémoc, el cacique azteca,
para que revelara dónde escondía el oro:

–Dime, maldito indio, dónde está el oro –gritaba el torturador, por
medio del intérprete, mientras le quemaba las manos y los pies al
aguerrido príncipe.

–He dicho cuarenta veces que está enterrado a 50 pasos de la pirámide,
debajo de la palmera –gritaba Cuauhtémoc retorciéndose de dolor.

–Dice que no sabe, y que si lo supiera no lo diría nunca –tradujo el
intérprete afilándose secretamente los dientes.

Allí empezó todo. Muy al principio. La confusión entre lo público y lo
privado está en el ADN de América Latina y en el de las tres cuartas
partes del planeta. A Hernán Cortés le dieron los tributos de 20,000
indios como recompensa por la conquista de México. Luego se los quitaron
y el fiero capitán acabó en Europa, pobre y malhumorado, sin poder
olvidar el olor a chamusquina de la carne quemada.

Algunos cínicos o pragmáticos –a veces es lo mismo– sostienen que la
corrupción es una forma lateral de distribución de la riqueza y aumento
de los ingresos, encaminada a estabilizar la sociedad por medio de una
trama de intereses y complicidades.

No lo creo. Los daños que provoca la corrupción sin castigo suelen ser
devastadores. Anotemos tres dentro de una lista infinitamente mayor.

Primero, pudre la premisa esencial del Estado de Derecho desmintiendo el
principio de que todos están sujetos a la autoridad de la ley. Si el
político o el funcionario roban impunemente, o reciben coimas por
otorgar favores, ¿por qué el ciudadano común va a pagar impuestos? ¿Qué
le impide mentir o hacer trampas?

La ley establece que es delito vender cocaína y también apoderarse de
los bienes públicos. ¿Por qué no vender cocaína si otros desfalcan
impunemente el tesoro nacional? ¿Por qué no asaltar un banco? ¿Qué
diferencia moral hay entre robarles a todos o robarle a una empresa o a
una persona específicamente?

Segundo, adultera y encarece todo el proceso económico. La economía de
mercado está basada en la libre competencia. Se presume que los bienes y
servicios compiten en precio y calidad. Es el consumidor final el que
decide cuál empresa pierde o gana. Cuando un político o un funcionario
favorecen a una empresa a cambio de una comisión, esta
operación non sancta fuerza al consumidor a seleccionar una opción peor
y más cara, dado que el costo de la corrupción se agrega a los precios.
Por otra parte, la corrupción elimina los incentivos para innovar y
mejorar la calidad de lo ofertado, mientras reduce notablemente la
productividad, que es la base del crecimiento. ¿Para qué ser más
productivos y bajar los costos si tenemos a una clientela cautiva? ¿Para
qué diseñar un auto nuevo y mejor si el cliente está obligado a comprar
el de siempre? A veces son las propias empresas las que distorsionan el
mercado pactando entre ellas para aumentar los precios. Esa es otra
forma grave de corrupción.

Tercero, destroza la estructura ideal de la meritocracia a que debe
aspirar toda sociedad sana. Debilita la pasión por estudiar y frena el
impulso de los emprendedores. En las sociedades corruptas prevalecen las
conexiones personales. “El que tiene padrinos se bautiza”. Ésa es la
consigna general. Los vínculos son más importante que el esfuerzo por
competir en un mercado abierto y libre. ¿Qué sentido tiene quemarse las
pestañas estudiando cuando, para enriquecerse, basta pasarle un sobre
bajo la mesa a un funcionario corrupto? ¿Para qué sudar y penar en el
esfuerzo por crear una empresa exitosa, si para lograr el triunfo
económico basta una combinación entre las relaciones personales y la
falta de escrúpulos?

No hay duda: la corrupción acaba con el sistema político, el económico y
con los valores morales. Pregúntenles a los españoles que hoy transitan
por ese calle oscura e incierta. Por supuesto que la corrupción es una
tendencia presente en nuestra especie. Eso se sabe, pero no es una buena
excusa. O la combatimos y la derrotamos o nos devora. Así de simple.

Source: La corrupción y sus tres enormes daños – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/553df3983a682e0b746f8471#.VT4UFyGqqko

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