Corrupción – Cuba – Corruption
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La guerra de todo el pueblo

La guerra de todo el pueblo
[10-04-2015 15:36:52]
Aimée Cabrera
Corresponsal

(www.miscelaneasdecuba.net).- Las delegaciones oficiales que se
encuentran en Panamá para participar en los foros paralelos de la VII
Cumbre de los Pueblos, son noticia en los medios por su malestar al
constatar que tenían que compartir espacios con quienes no los reconocen
ni siquiera como ciudadanos, sino los catalogan de mercenarios.
Por supuesto, que el término mercenario es bien despreciativo ya que,
quien se manifiesta como tal, se caracteriza por la falta de escrúpulos,
que lo lleva a cobrar un salario o estipendio, por realizar una labor
que debiera desempeñar quien le paga.

Ese es el apelativo con que empiezan sus parlamentos los distintos
invitados por el gobierno cubano a los foros panameños y su negativa a
estar cerca de quienes comentan, son el peor ejemplo de cubanos, por no
estar de acuerdo con la política del país.

Ahora que se llevan a cabo conversaciones, entre los gobiernos
estadounidense y cubano, se tenía la esperanza de una apertura en este
aspecto, pero no ha sido así. La maquinaria centralista que impone un
sentir obsoleto y lo reafirma a todas voces, sabía de hecho que, un
grupo de cubanos opuestos al régimen iba a ser invitado también a Panamá.

El resultado se desprende: sus seguidores llegaron a Panamá en
multitudes de revolucionarios enardecidos, los que con voces roncas e
histéricas entonaron el Himno Nacional, y opinaron con frases manidas,
para humillar a quienes consideran inferiores en todo. Aún no conciben
que en los países democráticos las personas con puntos de vista muy
diferentes sean capaces, por educación, de compartir un mismo escenario.

La catalogada como “prensa mercenaria” se ha hecho eco del sentir de
personas que viven en Cuba y sufren diversos desmanes, producto de
situaciones tan negativas como la burocracia que ha generado una
corrupción que parece instaurarse como sello del socialismo a lo cubano,
verdades que han tenido poco eco y seguimiento por parte de la “prensa
ejemplar”.

La misma que omite las opiniones de cubanos que no temen decir lo que
sienten, y solo pone en los noticiarios oficialistas lo que es
conveniente para la censura. Una prensa que encubre la verdad y el
sentir de una mayoría que pertenece a organizaciones de masas como la
Federación de Mujeres Cubanas (FMC) o Los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR), y se han acostumbrado a ser parte de una membrecía a
nivel de cuadra que, se complace con cotizar y asistir a alguna que otra
reunión, o simplemente se las agencian para dar excusas y no ir a ninguna.

“Cotizo (con el CDR y la FMC) para no buscarme problemas en el barrio y
en el trabajo. Tengo experiencia, me faltan dos años para poderme
jubilar con el máximo, pero nunca me han ayudado en nada-se refiere a
las mencionadas organizaciones- es como el sindicato, de qué sirven:
cuando caes en desgracia nadie te ayuda”, comenta una obrera del sector
de los servicios que pide no ser identificada.

Cientos de cubanos están en Panamá “enarbolando banderas del socialismo”
pero otros cientos de miles quedaron en casa, con la desesperanza de que
el martirio del mal vivir no tiene para cuando acabar. Para ellos no hay
garantías, solo son ignorados mientras no pierdan el temor a expresarse.

Los trabajadores estatales no acaban de recibir un salario que se ajuste
al alto costo de la vida y, se debaten en qué hacer para subsistir con
sus familias durante un mes, de los doce que tiene el año: una verdadera
agonía. En esa masa laboral explotada están desde los médicos hasta los
maestros, sectores que han sido más beneficiados en apariencia.

Otros como los que reciben chequeras mensuales por Asistencia Social
después de haber trabajado décadas reciben tan poco que, una vez que
pagan cuentas obligatorias, compran sus medicamentos y cuota normada, se
quedan con cifras de dinero que apenas alcanzan para una quincena. Ellos
también fueron timados y en su momento trabajaron como esclavos.

Están los que tienen minusválidos y no pueden trabajar en la calle. Para
ellos hay falta de atención por parte de los trabajadores sociales que
se apropian de parte de lo que necesitan los enfermos para revenderla
con el propósito de equiparar sus sueldos. El desánimo del cubano medio
es evidente, pues sufre en su tierra un eterno calvario.

Todas esas tragedias cotidianas reciben la solidaridad de los
“manipulados por potencias extranjeras”, estos “apátridas” no hablan de
que, quienes se auto titulan como la verdadera sociedad civil cubana
sean trabajadores que pertenecen a un ejército de “revolucionarios
corruptos”, portadores de máscaras para encubrir sus verdaderos
propósitos, nepotistas o faltos de criterio e identidad.

Esos y otros términos despectivos denotan arrogancia y falta de
humildad, este último valor abolido por más de cinco décadas; por lo que
los ejemplos impuestos por los “revolucionarios” nunca han sido
positivos y, por tanto esta minoría criticada, a la cual se le denomina
contrarrevolucionaria, no ha querido imitarlos por su prepotencia.

Estos cubanos que no están de acuerdo con el gobierno y residen en la
Isla, se crecen ante el chantaje psicológico y otras represalias
sofisticadas. Todos desean menos hostigamientos, agresiones y coacciones.

Que cese el odio y la violencia existentes. Ese maltrato que va de un
ciudadano a otro envuelto en la indolencia que los convierte en
vulnerables, debido a comportamientos injustos y grotescos que han
incrementado los índices delictivos.

“El bloqueo no tiene ninguna culpa. Llegas a la tienda y el dependiente
te trata mal, no hace gestión de venta, te roba. Te montas en la guagua
y el chofer no te da cambio cuando pagas por encima del pasaje, para
fuera de parada, o en un hueco, lejos del contén. Vas a hacer una
gestión de tu vivienda y te retrasan los papeles para que les pagues
sumas de dinero con la anuencia de sus jefes. Es un odio entre cubanos
pobres, los que no vamos a ir a Panamá ni a ningún otro país, porque
saben que nos vamos a quedar; quisiera quitaran el embargo, a ver cómo
se iba a justificar tanta pobreza y tanto odio, quién nos ha inculcado
tanto odio”, opina y cuestiona un trabajador por cuenta propia que se
niega a dar su nombre.

Todos, el cubano medio y los mal llamados mercenarios desean un diálogo
franco y abierto en el que no sean abucheados sino escuchados con el
respeto que merecen. No hay marcha atrás para erradicar todo lo nocivo
que ha ocurrido.

Ciudadanos de diversas ideologías tienen que dejar a un lado los
rencores y, saber hermanarse con la debida tolerancia y deferencias,
para llegar a acuerdos sólidos, con vistas a obtener el beneficio para
toda la sociedad civil cubana, que no es más que su propio pueblo
dolido, por tantas separaciones y carencias.

Source: La guerra de todo el pueblo – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5527d1f43a682e1bf4eb2879#.VSj-pPmUc3Q

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