Corrupción – Cuba – Corruption
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Misión cumplida, General

Misión cumplida, General
MIRIAM CELAYA, Panamá | Abril 09, 2015

Tal como cabría esperar, la jornada del 8 de abril fue el día D para las
huestes castristas en Panamá, con la celebración del Foro de la Sociedad
Civil en el marco de la Cumbre de las Américas. La agresión física y
verbal, y la “violencia revolucionaria” desatada con toda su exhibición
pública de barbarie ante los ojos atónitos de quienes fueron testigos
involuntarios de la vergüenza, demuestran cuán largo es el brazo de la
dictadura insular y cuán irrespetuosos de los espacios democráticos
internacionales están dispuestos a ser.

Hubiese sido ingenuo esperar otra conducta después de los preludios que
anunciaban el clímax. El clan Castro, en principio halagado en su
infinita vanidad al haber sido uno de los primeros invitados a la Cumbre
de las Américas tras medio siglo de su expulsión de la OEA, pronto supo
que también debería tragar el sapo de tolerar la presencia de la
sociedad civil independiente en la cita regional. Son los juegos propios
de la democracia, pero la humillación que la casta verdeolivo antillana
no estaba dispuesta a aceptar.

Ahora pudimos comprobar que no fue casual que varios activistas de la
sociedad civil independiente cubana fuésemos molestados a nuestra
llegada al aeropuerto de Tocumen, algunos retenidos un tiempo
relativamente prolongado, e interrogados por autoridades que responden
directamente al gobierno panameño cual si se tratase de terroristas o
delincuentes. “No queremos desórdenes ni provocaciones en la Cumbre”,
era la advertencia que recibíamos antes de dejarnos continuar. Y a
continuación una frase amable que resultaba casi cínica: “Bienvenidos a
Panamá”. Sin dudas, un curioso sentido de la hospitalidad oficial y de
la imagen que ofrecen de su país a estos ocasionales visitantes.

Más tarde hubo una disculpa oficial emitida por la Cancillería panameña,
pero también trascendió que las huestes de la “sociedad civil” del
régimen cubano no fueron molestadas ni advertidas a su arribo al país.
Quizás por eso, de inmediato comenzaron a distribuir por los hoteles
que acogen a los delegados de decenas de países unos panfletos impresos
donde aparecen las fotografías y nombres completos de diversos miembros
de la disidencia cubana, bajo el rótulo de “mercenarios”. Grandes
cantidades del tabloide eran colocados sobre las mesas en el lobby del
hotel El Panamá, donde se efectuaban las acreditaciones, mientras otros
activistas los entregaban en las calles aledañas a las sedes de las
actividades de la Cumbre.

Así, alentados por la permisión –o acaso debiera decir, complicidad– de
los anfitriones y organizadores de la Cumbre, la chusma revolucionaria,
protegida además por las acreditaciones que les fueron otorgadas por
decenas, se sintió libre de crear disturbios violentos en el propio
salón plenario, agrediendo groseramente a los escasos representantes de
varias organizaciones independientes de la Isla que, a duras penas,
habían logrado acreditarse en el Foro de la Sociedad Civil en
representación de las decenas de aspirantes a los que se les había
negado la oportunidad de participar.

Algunos lugares públicos también fueron escenario de las turbas
castristas, saboteando el espíritu democrático y civilizado que cabría
esperarse de este evento hemisférico.

Mala elección de estos invitados a la fiesta democrática, señores
anfitriones, y muy mal efecto si tal es el modelo de civilidad que
queremos imitar en la región. Pero peores son los resultados para el
régimen de La Habana, cuyo objetivo de origen siempre fue boicotear la
Cumbre y dinamitar los espacios de diálogo, pero que pretendiendo
mostrar la supuesta baja catadura de sus adversarios, terminó mostrando
la propia, regalando a éstos –por añadidura– la ocasión de mostrar su
superioridad moral. Ahora los demócratas de la región se preguntan qué
clase de apátridas podrían ser quienes han sostenido décadas de lucha
pacífica frente al enorme aparato de violencia ejercido contra ellos
desde el poder.

Numerosos delegados ofrecían su solidaridad a la sociedad civil cubana y
nos comentaban su sorpresa. “Si esto es así en medio de este foro y en
un espacio democrático, qué no serán capaces de hacer dentro de Cuba”,
me comentaba un grupo de jóvenes de varias naciones Latinoamericanas.

Un señor sexagenario y serio movía reprobatoriamente la cabeza: “Esto no
está bien… No es decente… No podemos permitirlo”, decía en referencia a
la actuación de los castristas y simpatizantes.

Les impresionaba y conmovían más los espontáneos abrazos de apoyo que
nos dábamos unos a otros los miembros de la sociedad civil independiente
en el propio lobby del hotel , que los gritos y consignas que gritaban
desaforadamente minutos antes los energúmenos del régimen. La agresión
solo había conseguido unirnos por encima de cualquier diferencia.

Quedó claro también que una dictadura que se ha sustentado sobre la
confrontación y la beligerancia, dentro y fuera de su propio territorio
geográfico, no podría superar el desafío que impone el debate abierto y
argumentado de sus oponentes. Semanas atrás el General-Presidente ya
había anunciado que “la verdadera sociedad civil cubana vendría a la
Cumbre a derrotar a los mercenarios apátridas al servicio del Imperio”,
demostrando con eso su absoluta carencia de voluntad política para
respetar la diversidad de ideas y proyectos alternativos de los propios
cubanos de la Isla.

Pues bien, General, sus siervos –esos mismos repudiantes vocingleros a
quienes les retiraron sus pasaportes en cuanto traspusieron la línea
fronteriza que les daba entrada a Panamá, para evitar deserciones
inoportunas– se retiraron de la Cumbre en cuanto cumplieron su triste
papel. De nada valió que el Estado cubano gastara los siempre
insuficientes recursos de su pueblo empobrecido en costear documentos,
viaje, alojamiento, alimentación y una enorme cantidad de panfletos
impresos. Nada va a impedir el final de su imperio de corrupción y miedo.

Puedo imaginar el recibimiento que dará a su delegación “victoriosa”
cuando regrese a la patria escarnecida. Casi puedo imaginar al jefe del
grupo reverenciando sumiso sus charreteras de utilería: “Misión
cumplida, General”. Y el solo pensamiento de una imagen tan degradante
me embarga de dos sentimientos contrapuestos: compasión y desprecio.

Source: Misión cumplida, General –
http://www.14ymedio.com/opinion/Mision-cumplida-General_0_1757824219.html

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