Corrupción – Cuba – Corruption
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Raúl Castro y el ‘culto a la carga’

Raúl Castro y el ‘culto a la carga’
JOSÉ AZEL
04/12/2015 3:00 PM 04/12/2015 7:00 PM

En marzo del 2014, esperando atraer nuevas inversiones, Cuba adoptó una
nueva ley de inversión extranjera calificada de “estratégica y
trascendental”. Ahora –un año después– solamente una nueva inversión se
ha reportado aprobada. La ley, parte de las reformas económicas del
cacique Castro, se basa en la idea de que algo puede ser influenciado en
base a su parecido con otra cosa –una ilusión que los cientistas
sociales llaman “culto a la carga” (cargo cult).

Un “culto a la carga” implica rituales que quienes los practican creen
que conducirán a una apariencia de abundancia material (cargamento). Los
cultos a la carga a menudo surgen y se desarrollan en condiciones de
estrés social y generalmente suponen un liderazgo con un nuevo mito-sueño.

Los “cultos a la carga” en la Melanesia del Pacífico ofrecen los
ejemplos más conocidos de la vida real. Durante la Segunda Guerra
Mundial, los nativos melanesios –muchos de los cuales nunca habían visto
extranjeros– veían las enormes cantidades de material de guerra, comida
enlatada, ropa y otros bienes que eran lanzados desde el aire o llevados
en avión para abastecer las bases militares de EEUU.

Estaban estupefactos por los numerosos recursos que los americanos
disfrutaban sin tener que fabricarlos por sí mismos. Los bienes
simplemente llegaban en paracaídas y aviones que descendían del cielo.
Ningún americano fue visto nunca fabricándolos. Esa percepción confirmó
a los nativos la naturaleza metafísica de los bienes. Supieron que la
abundancia que llegaba del cielo era conocida por los americanos como
“carga”.

Cuando finalizó la guerra las bases militares fueron abandonadas,
terminando entonces el milagroso y aparentemente espontáneo flujo de
recursos desde el cielo. Para que la carga volviera, los nativos
imitaban los rituales que utilizaban los militares americanos.
Despejaron pistas de aterrizaje y levantaron torres de control con sogas
y bambú, tallaron auriculares de madera, encendieron antorchas para
iluminar las pistas, e incluso repetían las señales manuales cuando se
paraban en la pista.

El destacado físico Richard Feynman popularizó el uso metafórico de
“culto a la carga” para describir los intentos de recrear resultados
exitosos repitiendo circunstancias asociadas a esos resultados cuando
las circunstancias no tenían relación con las causas de los resultados o
eran insuficientes para lograrlo.

En la caribeña isla de Cuba, utilizando imágenes relacionadas –imitando
la magia empática (hechicería) de los nativos melanesios– el cacique
Raúl Castro espera atraer, con su versión de metafóricas pistas de
aterrizaje y torres de control, bienes materiales que fluyan de las
inversiones americanas. El general, simulando pésimamente algunas
características aleatorias de un mercado libre, busca el aterrizaje de
la carga americana. Fracasará igual que los nativos melanesios.

Los inversionistas se intrigarán con los cuentos cubanos, pero después
de mirar de cerca rechazarán las pistas simuladas del cacique. En el
papel, la nueva ley cubana de inversiones permite el 100% de propiedad
extranjera de un proyecto. Pero eso nunca se ha permitido, y los
inversionistas extranjeros han sido reducidos a accionistas minoritarios
en sociedad con los militares cubanos como mayoritarios. La ley también
estipula que los activos de los inversionistas extranjeros pueden ser
expropiados por razones de utilidad pública o valor social. Todo esto en
un entorno de corrupción sistemática, donde no hay poder judicial
independiente que falle a favor de cualquier reclamación de un
inversionista extranjero.

La ley cubana de inversión extranjera también impone un proceso
orwelliano para contratar trabajadores, violando protocolos
internacionales de trabajo. Las compañías extranjeras no están
autorizadas a reclutar sus propios empleados. En vez de eso, deben
solicitar los trabajadores que necesiten a una agencia del gobierno
cubano que proporcionará los empleados y facturará a la compañía
extranjera por el salario de los trabajadores, que se pagará a la
agencia gubernamental en divisas convertibles. En ese “paraíso
proletario” la agencia del gobierno pagará a los trabajadores con pesos
cubanos, reteniendo para el Estado aproximadamente el 92% del salario de
cada uno.

Esta práctica explotadora es “esclavitud bajo otro nombre”, tomando el
título del libro de Douglas A. Blackmon que recuenta el trabajo forzado
de prisioneros negros, a través del sistema de alquiler de presos
utilizado por gobiernos estatales y granjeros blancos en el sur de
Estados Unidos después de la Guerra de Secesión.

Ninguna compañía americana responsable –particularmente las que se
cotizan en bolsa y son supervisadas por el gobierno y el escrutinio de
los inversionistas– será persuadida de invertir en esas condiciones para
servir a un relativamente pequeño y empobrecido mercado de once millones
de personas con un ingreso promedio mensual de veinte dólares.

El cacique cubano puede creer que ha recreado las condiciones requeridas
para atraer inversiones extranjeras con su muñeca vudú reproduciendo
reformas económicas. Sin embargo, aunque la pinche, pellizque o apriete
como quiera, la carga americana no llegará.

Profesor Senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos
de la Universidad de Miami, y autor del libro Mañana in Cuba.

Jazel@miami.edu

Source: JOSÉ AZEL: Raúl Castro y el ‘culto a la carga’ | El Nuevo Herald
El Nuevo Herald –
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article18234161.html

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