Corrupción – Cuba – Corruption
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Cubanía, narcisismo y petulancia

Cubanía, narcisismo y petulancia
Del viaje de Yoani a Chile, de mano de la derecha pinochetista, a los
supuestos coloquios de Fariñas con generales descontentos: disidencia y
deslegitimación
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de Chile | 12/05/2015 12:46 pm

Yo estoy convencido de que lo que nos salva a los cubanos es nuestro
excelente sentido del humor. Sin él seríamos francamente impresentables,
pues nuestra otra cara, nuestro lado oscuro está marcada por un
narcisismo irrefrenable.
Nos imaginamos que somos una parte tan relevante del mundo que quien no
nos toma en cuenta pierde una valiosa oportunidad de ser mejor. Nos
creemos poseedores de una historia única, cuando en realidad la parte
más singular de nuestra historia es que nos hemos pasado tres cuartas
partes de nuestra existencia subsidiados por alguien, en lo cual solo
compiten con nosotros los puertorriqueños. De manera que siempre hemos
tenido alguien trabajando para nosotros, sea un indio mitayo en
Guanajuato, un trabajador soviético en Bakú o un empleado de PDVSA.
Pululan los listados de todas aquellas cosas en las que, supuestamente,
fuimos los primeros, siempre a escalas mundial o continental, porque ser
los primeros en el Caribe no merece ser mencionado pues es un asunto de
sentido común.
Y cuando llegamos al fondo de la miseria en los 90, lo interpretamos
como una lección de dignidad para el mundo entero, como si andar
desnutrido, mal vestido y fuera del mundo virtual fuera digno en algún
sentido. Y es que, como genuinos porteños del Caribe, hemos compensado
nuestra discreta existencia con ambiciosas proyecciones al cielo y al
futuro.
Y esto ocurre, curiosamente, en cada uno de los campos políticos en que
hoy se divide el escenario cubano. Cuando revisaba los —unas veces
hilarantes y otras indignantes— videos de las francachelas de la
delegación oficial cubana a la Cumbre de Panamá, siempre me llamó la
atención que los enardecidos condotieros del castrismo juraban que
estaban salvando la dignidad y el decoro del continente. Y, de paso,
derrotando a “los enemigos históricos de las causas populares”,
finalmente aniquilados en el pintoresco combate del Parque Porras. En el
homenaje a estos gamberros políticos, una viceministra cubana afirmó que
habían derrotado las maniobras de la derecha continental y el pastor
Raúl Suárez, declaró que cuando vociferaba en el centro de convenciones,
había sentido lo mismo que Gengis Khan cuando asediaba Samarcanda: la
presencia de Dios. “Yo sentía —lo cito textual— esa presencia de Dios en
Panamá, cuando me opuse en lucha justa contra quienes querían convertir
la ‘casa de oraciones en una cueva de ladrones’, contra quienes quieren
sesgar el derecho de los cubanos de elegir su propio sistema”. Amén.
Saliendo del asunto de la Cumbre panameña —que solo cité antes a manera
de muestra— creo que el bovarismo también invade a la oposición, sea
porque la soledad produce espasmos ilusorios, o porque vender imágenes
de protagonismo amplía los mercados políticos. Todavía recuerdo a
Guillermo Fariñas cuando narraba a sus alelados oyentes de Miami sobre
sus conversaciones eventuales con el vicepresidente cubano, o de cómo
generales disconformes le contaban sus inquietudes sobre el futuro
nacional. O a los locuaces participantes de una mesa redonda —recuerdo
en especial a Antúnez— que calificaban a Obama de traidor por no haber
conversado previamente con ellos la decisión de restablecer relaciones
con el Estado cubano.
Al narcicismo no ha logrado escapar ni Yoani Sánchez, una persona que a
su inteligencia política siempre ha sabido unir el don de la
pertinencia. Pero en este caso la conocida bloguera ha aparecido en
Chile de la mano de la Unión Democrática Independiente (UDI) y de su
tanque pensante: la supercara y elitista universidad Adolfo Ibáñez. No
es que sea un pecado para una persona de la ubicación política de Yoani
andar con la derecha. Pero sí creo un desatino monumental hacerlo de la
mano de una derecha pinochetista —como la UDI— que tiene un récord
negativo absoluto en el tema de los derechos humanos que Yoani defiende.
No hay un posicionamiento valórico negativo —homofobia, patriarcalismo,
xenofobia— en que la UDI no se haya enrolado con la misma fe como su
mentor Augusto Pinochet aniquiló la democracia en Chile. Y al mismo
tiempo, agrego, se trata de una agrupación política que pasa por sus
peores momentos como consecuencia de la extrema corrupción política que
cruza todas sus estructuras. En resumen, que Yoani fue a dar al peor
lugar en el peor momento.
Yoani no fue recibida por Bachelet, lo que había pedido. Bachelet
argumentó una agenda repleta, y creo que algo de eso hubo —una crisis
política, dos volcanes, unos deslaves que arrasaron parte de una ciudad,
etc.— pero evidentemente Bachelet no recibió a Yoani porque no le
pareció conveniente. Y también es evidente que Yoani así lo entendió
cuando declaró, con marcado resentimiento, que “la agenda de la
presidenta Bachelet está muy apretada, no hay espacio en la agenda para
mí, pero lo importante es estar con mis colegas y ciudadanos”. Lo que
según la prensa chilena —muy parca en dar cuenta de la visita— fue
recibido con aplausos de la grey congregada y una dirigente estudiantil
calificó la situación como una componenda propia de la alianza con el
Partido Comunista.
Los dirigentes opositores cubanos parecen no haber entendido una
realidad sociológica que, no por ser explicable de muchas maneras deja
de ser una realidad golpeante. Manuel Cuesta Morúa —a quien considero el
más incisivo, discreto y cultivado dirigente opositor cubano— ha hecho
una disección sincera en su último libro (Ensayos progresistas desde
Cuba) cuando afirma que la oposición cubana es desestructurada
ideológicamente, débil políticamente y expuesta a la deslegitimación. Y
por eso, creo seguir a Morúa, a pesar de su denuedo y de sus probables
valores morales, es incapaz de capitalizar el descontento que la crisis
del sistema cubano genera.
La oposición cubana no cuenta, hasta el momento, con figuras como Vaclav
Havel, Lech Walesa, Rigoberta Menchú o Aung San Suu Kyi. No porque les
falten quilates intelectuales o éticos, no es eso lo que discuto, sino
porque han sido incapaces de movilizar a una parte significativa de la
sociedad. Repito que las razones pueden ser muchas, pero el hecho está
presente. Y por eso Bachelet considera una molestia poco costosa no
recibir a Yoani, Obama ni siquiera ha pensado en consultar a Antúnez
sobre su política hacia Cuba y Fariñas tendrá que seguir imaginando sus
coloquios íntimos con los generales descontentos de su querida Santa Clara.

Source: Cubanía, narcisismo y petulancia – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/cubania-narcisismo-y-petulancia-322789

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