Corrupción – Cuba – Corruption
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Ineficiencia estatal, conveniente negocio

Ineficiencia estatal, conveniente negocio
Empleado del Estado cubano: “El gobierno hace como que nos paga, y
nosotros hacemos como que trabajamos”
viernes, mayo 22, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. -Los testimonios sobre la mala o nula atención en los
comercios estatales cubanos son tan abundantes que ya pocos los tienen
en cuenta. Para ofrecer una respuesta a los indignados, la prensa
oficial de la isla busca las causas de tales maltratos no en la
ineficiencia de la empresa estatal sino en otros factores absurdos, como
la mala educación o la falta de profesionalismo, que no ponen al
descubierto la esencia corrupta de un sistema que, a pesar de las
pruebas de su inutilidad, se mantendrá en pie por voluntad del gobierno,
según queda expresado en los Lineamientos del VI Congreso del Partido
Comunista.

¿Por qué recibimos un mejor trato en una cafetería o restaurante
privado? ¿Por qué a la dependienta y a los administradores de un centro
gastronómico estatal les molestan las exigencias de los clientes y por
qué no mejoran la calidad de sus ofertas? ¿Por qué se escudan en
cualquier justificación para permanecer cerrados o para reducir al
mínimo sus horarios de atención al público?

Según Vladimir Rodríguez, dueño de una concurrida paladar en el centro
del Vedado, el problema está en los objetivos de cada cual:

“Como dueño de mi negocio busco atraer más clientes, hacer más variadas
las ofertas. Escucho las opiniones de las personas, las sugerencias, los
atiendo como si fueran reyes porque eso se revierte en ganancias. En un
restaurante estatal las ganancias no provienen del consumo y la
satisfacción de los clientes sino en aquello bien mezquino que sucede en
el almacén, en la venta al mercado negro de todo cuanto llega para ser
elaborado y vendido a los clientes, que se vuelven un estorbo. Lo poco
que llega a la mesa es solo para justificar el trabajo por si llega un
inspector pero tanto los dependientes como el administrador viven del
mercado negro. Eso es algo que todo el mundo sabe. (…) Yo trabajé
durante años en restaurantes de La Habana, incluso en hoteles lujosos en
Varadero, y lo que vi en las cocinas es asqueroso (…). El arroz que los
clientes dejaban en el plato volvía a las cazuelas, un trozo de carne,
las ensaladas, las aceitunas, todo lo que la gente deja en el plato se
vuelve a servir. Esa es la manera de hacer que sobren las cosas. Por eso
me fui y abrí mi propio negocio. Yo ni muerto como en un restaurante del
Estado, solo dios sabe lo que te sirven”.

Para Iraida, dependienta de una cafetería privada en Arroyo Naranjo, el
asunto es más complicado: “Para nadie es un secreto que tanto en las
tiendas como en todas las empresas estatales la gente no trabaja, van a
como se dice, a luchar, es decir, a robar. Y lo peor es que el gobierno
lo sabe y se hace el chivo con tontera [finge ignorar]. (…) ¿Por qué?
Porque le conviene. Si arremeten contra el mercado negro la gente se
subleva porque todo el mundo vive de eso, hasta ellos. Ahí sí que se
acaba la revolución. Prometieron crear un mercado mayorista para los
cuentapropistas y hasta ahora seguimos en las mismas, comprando en el
mercado negro porque en las tiendas no hay nada o sí, pero escondidas en
los almacenes, para que tengas que comprársela al almacenero, que está
en arreglo con el gerente y así por ahí para arriba. Ahí te das cuenta
que el gobierno está metido en esa maraña (…) si no se beneficia con
dinero, al menos lo hace dejando a la gente ‘luchar’ para que vean las
‘bondades del socialismo’. A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Marta Li, dueña de una cafetería en el Vedado, nos ilustra con ejemplos
propios lo que ella considera una superioridad de la empresa privada:
“En una cafetería del Estado nadie se preocupa por atender bien al
cliente porque no se revierte en ganancias. Vendan o no, el salario es
el mismo tanto para el administrador como para el vendedor. Ellos están
para que les sobre el litro de aceite y el pollo, para revender el queso
y los espaguetis, no se venden ellos porque nadie los compraría. Yo, en
cambio, tengo que constantemente crear estrategias de venta, mi objetivo
es que no se me quede nada ni en las cazuelas ni en las neveras,
venderlo todo porque bien caro que lo he pagado. (…) Como estoy cerca de
la universidad, yo hago ofertas a los estudiantes que presentan el
carnet de estudiante, les rebajo el precio. A veces a quien compra más
de una pizza o a un cliente habitual, le regalo una bebida. La gente
viene porque sabe que recibirán buena atención. No se trata de rebajar
precios sino de dar un buen servicio”.

Una exfuncionaria de una empresa de comercio de La Habana, que no desea
ser identificada porque actualmente es dueña de un restaurante, nos
narra sus experiencias frente a una empresa estatal:

“Satisfacer al cliente es la última de las prioridades [de una empresa
estatal]. Sea de lo que sea. Todos trabajan para robar todo cuanto pueda
ser robado y en el menor tiempo posible. Uno entra con buenas
intenciones y termina pactando con la corrupción porque no hay otro
camino. (…) La economía socialista no tiene ni pies ni cabeza. Cuando
estudié [Economía] en la universidad los profesores mismos decían que la
economía cubana no hay modo de explicarla. Y cuando tratas de aplicar
cualquier modelo te das cuenta que fracasan todos. (…) No es que uno se
proponga robar, es que tienes que hacerlo porque todo el mundo está para
lo mismo. A mí ni a ninguno de los trabajadores de todas las tiendas que
yo atendía, que eran más de veinte, le importaban si los salarios eran
bajos o no, ni siquiera el estímulo, el salario era una formalidad, las
ganancias verdaderas no están ni siquiera en el mostrador como muchos
piensan. Lo que da dinero (…) no llega al mostrador. Y cuidado con
hacerte el consciente [honesto] porque terminas cargando la culpa de todo”.

¿Se podrá, como pretenden los dirigentes cubanos, basándose en un par de
sospechosas excepciones, demostrar algún día la eficiencia de la empresa
estatal socialista? Según las recientes declaraciones de Miguel
Díaz-Canel, esa “tarea demostrativa” es uno de los principales empeños
de “la dirección del país con el pueblo cubano”. Como si no valiera el
medio siglo de fracasos que actualmente padecemos los cubanos, el
gobierno se empeña en prolongar un experimento económico detrás del cual
se esconde un extenso tejido de corrupción.

Contra ese despropósito, desde hace años es muy común escuchar en las
calles una frase que resume la ineficiencia de las empresas estatales:
“el gobierno hace como que nos paga, y nosotros hacemos como que
trabajamos”.

Source: Ineficiencia estatal, conveniente negocio | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/el-cliente-siempre-tiene-la-razon-excepto-en-cuba/

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