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Los riesgos del periodismo

Los riesgos del periodismo
YOANI SÁNCHEZ, La Habana | 21/05/2015

Si hace un año me hubieran preguntado por los tres grandes retos que
deberíamos enfrentar con el diario digital 14ymedio, habría señalado la
represión, la poca conectividad a Internet y el temor de los
profesionales del periodismo a trabajar en nuestro equipo. No imaginaba
que otro obstáculo se convertiría en el principal quebradero de cabeza
de esta pequeña redacción informativa: la falta de transparencia de la
instituciones cubanas nos ha colocado muchas veces ante una puerta
cerrada y aunque hemos tocado con fuerza, nadie ha abierto ni brindado
respuestas.

En un país donde las entidades estatales se niegan a ofrecerle al
ciudadano ciertos datos que deberían ser públicos, la situación se
vuelve mucho más complicada para el reportero. Lidiar con el secretismo
viene a ser tan difícil como evadir a la policía política, escribir
tuits a ciegas o acostumbrarse al oportunismo y el silencio de tantos
colegas. La información se encuentra militarizada y custodiada en Cuba
como si de tecnología de guerra se tratara, de ahí que quienes la
busquen sean tenidos, cuando menos, por espías.

Pertenecer a un medio ilegalizado problematiza aún más el trabajo y le
otorga un carácter de clandestinaje a lo que debería ser una profesión
como cualquier otra. Ahora bien, si miramos “el vaso medio lleno”, la
limitación de no poder acceder a espacios oficiales nos ha librado en el
diario 14ymedio de ese periodismo de declaraciones que tan nefastos
efectos produce. Citar a un funcionario, recoger las palabras de un
ministro o transcribir la proclamación oficial de un dirigente
partidista han sido por décadas el refugio de quienes no quieren
atreverse a narrar la realidad de este país.

A falta de una credencial, nos hemos acercado a sus participantes en
escenarios menos controlados, donde se han sentido más libres de hablar
Nuestra principal limitación se ha convertido en el mejor incentivo para
hallar formas más creativas de informar. El silencio gubernamental sobre
tantos temas nos ha motivado a buscar otras voces que puedan contar lo
ocurrido. A falta de una credencial para entrar a un evento, nos hemos
acercado a sus participantes en escenarios menos controlados y donde
ellos se han sentido más libres de hablar. Desde una Federica Mogherini
que respondió varias de nuestras preguntas a las afueras de la
conferencia de prensa donde nos impidieron acceder, hasta empleados que
nos advierten en un susurro sobre un acto de corrupción en sus empresas,
o mensajes anónimos que nos ponen tras el rastro de una injusticia.

Arduo también ha sido encontrar nuestro verdadero papel como
informadores, que se diferencia del rol del juez, del activista de
derechos humanos y del opositor político. Nos corresponde hacer visible
los hechos, para que otros se encarguen de condenarlos o auparlos. Somos
constructores de la memoria de nuestro pueblo, pero no podemos imponerle
cómo manejará su pasado o su presente. En fin, que como periodistas
tenemos la responsabilidad de informar, pero no la potestad de imputar.

Tampoco podemos justificar nuestras faltas porque se nos ilegalice,
persiga, estigmatice o niegue. Ningún lector va a perdonarnos que no
estemos en el lugar exacto donde se tuerce la historia.

Source: Los riesgos del periodismo –
http://www.14ymedio.com/blogs/generacion_y/riesgos-periodismo_7_1783091674.html

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