Corrupción – Cuba – Corruption
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Causas y peligros del zigzagueo gubernamental

Causas y peligros del zigzagueo gubernamental
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 24 Jun 2015 – 7:33 am.

El régimen no está preparado para hacer las reformas que el país
requiere, restablecer las relaciones con EEUU y conservar el poder.

Los revolucionarios que tomaron el poder en 1959 sustituyeron la
Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano. El Primer
Ministro asumió entonces las facultades del Jefe de Gobierno y el
Consejo de Ministros suplantó al Congreso. Se dictaron medidas de
beneficio popular que legitimaron el poder adquirido mediante las armas.
De forma simultánea, se desmontó la sociedad civil y se castraron las
libertades cívicas y políticas. El poder se concentró en el líder, la
propiedad pasó a manos del Estado, la institucionalidad fue desmontada y
desapareció la condición de ciudadano.

La ineficiencia económica fue solapada por las subvenciones soviéticas
hasta que el desplome del campo socialista sumergió al país en una
profunda crisis. En respuesta, el Gobierno introdujo algunas reformas
coyunturales subordinadas al poder político. Con el triunfo de Hugo
Chávez en Venezuela apareció un nuevo padrino y el Gobierno cubano,
liberado de la presión de la crisis, puso freno a las reformas. Desde
ese momento hasta la sustitución del Jefe de la Revolución entre julio
de 2006 y febrero de 2008, el deterioro económico determinó el inicio
de nuevos cambios bajo el rótulo de actualización del modelo.

El fracaso

El traslado de poder entre las mismas fuerzas que lo detentaban desde
1959 determinó que el orden, la profundidad y la velocidad de los
cambios quedaran subordinados nuevamente a los intereses políticos. Esa
condición inutilizó el Plan Mínimo de Reformas expuesto por el general
Raúl Castro dirigido a lograr una agricultura fuerte y eficiente,
sustituir importaciones, aumentar las exportaciones, atraer inversiones,
detener las ilegalidades, frenar la corrupción, desinflar las plantillas
laborales e impulsar el trabajo por cuenta propia.

La subordinación se institucionalizó en la Primera Conferencia del PCC
efectuada en 2012. En ella se revitalizó la línea planteada por Fidel
Castro, cuando en el Congreso de Cultura en 1961 preguntó: “¿Cuáles son
los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no
revolucionarios?” Y se respondió a sí mismo: “Dentro de la Revolución:
todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley
de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un
principio general para todos los ciudadanos”. Como no era difícil
predecir, en ausencia de democracia, el cambio de forma para conservar
el contenido no dio el resultado esperado: la eficiencia para conservar
el poder no pudo transferirse a la economía.

Tres años después de comenzar la actualización del modelo el declive ha
continuado: la producción agropecuaria es deficiente; los planes de
azúcar se incumplen; la disminución de importaciones y el incremento de
las exportaciones son asignaturas pendientes; las inversiones
extranjeras no logran la magnitud esperada; la relación entre salario y
costo de la vida empeora; las ilegalidades continúan su inexorable rumbo
y las limitaciones impuestas al trabajo por cuenta propia y a las
“cooperativas” han impedido el despegue de esos sectores.

El traslado del poder

Por razones biológicas, la generación que tomó el poder en 1959
abandonará la escena política en los próximos tres años. La misma se
enfrenta a la necesidad de legitimar a sus sustitutos por vías
diferentes a las que ellos se legitimaron. Para ello tienen que reformar
el Estado, incluyendo la Constitución y la Ley electoral, ante lo cual
se alzan dos grandes obstáculos simultáneos: el fracaso en la
actualización del modelo y el restablecimiento de las relaciones con EEUU.

El primer obstáculo es el estancamiento económico. Una situación muy
diferente al momento en que asumieron el poder en 1959, cuando los
almacenes confiscados permitieron legitimar el poder adquirido por las
armas repartiendo lo antes producido. A ello se une el éxodo creciente,
la corrupción incontrolada y el aumento del descontento ciudadano, todo
lo cual impide que el traspaso de poder se realice en condiciones de
prosperidad.

En segundo obstáculo está en la nueva política de la Casa Blanca hacia
Cuba. El paquete de medidas anunciado el 17 de diciembre de 2014 tendrá
un impacto en el empoderamiento de los cubanos, que es el factor más
débil para los cambios en la Cuba de hoy. En la marcha de ese proceso el
concepto del “enemigo externo” se irá eclipsando, por lo que la
contradicción externa, que desempeñó un papel tan útil para conservar el
poder, será ocupada gradualmente por la contradicción entre pueblo y
Gobierno cubanos, lo que complica el traspaso de poder.

Si a esos dos grandes obstáculos se añade que el Gobierno es responsable
de todo lo ocurrido —bueno o malo— en más de medio siglo, que en ese
tiempo la nomenclatura ha contraído intereses, que entre ella existen
divergencias en cuanto al alcance de las reformas, que su edad promedio
conspira con la vitalidad necesaria para emprender cambios profundos, y
que durante décadas pudieron gobernar sin oposición; la conclusión es
que el Gobierno no está preparado para el contradictorio propósito de
hacer las reformas que el país requiere, restablecer las relaciones con
EEUU y conservar el poder. En esa contradicción, que seguirá marcando el
ritmo del proceso en el corto plazo está, desde mi punto de vista, la
explicación del zigzagueo.

El 17 de diciembre de 2014 el Presidente cubano planteó al Gobierno
estadounidense “adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y
avanzar hacia la normalización de los vínculos entre los dos países”.
(Un paso adelante). El 28 de enero de 2015, en la III Cumbre de la
CELAC, planteó cuatro exigencias y dijo: “Si estos problemas no se
resuelven, este acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos no
tendría sentido”. (Un paso atrás). El 11 de abril, en la VII Cumbre de
las Américas, rebajó las exigencias y dijo que los obstáculos
principales para abrir las embajadas “eran la retirada de Cuba de la
lista de los países patrocinadores del terrorismo y el otorgamiento de
facilidades bancarias para las gestiones de la sección de intereses en
Washington”. (Un paso adelante). Aunque el 12 de mayo, al despedir al
presidente francés François Hollande, declaró que una vez que Cuba salga
definitivamente de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo
“podremos nombrar embajadores”, los días 20 y 21 de mayo, en la tercera
ronda de conversaciones, la delegación cubana se atrincheró en la
interpretación de la Convención de Viena sobre los límites, la forma y
la conducta que deben tener los diplomáticos norteamericanos. (Un paso
atrás).

La posición norteamericana no podía ser sorpresa. Antes de partir hacia
la Cumbre de Panamá, Barack Obama dijo: “Nuestra nueva política hacia
Cuba también facilitará un enlace más grande con el pueblo cubano,
incluido un aumento del flujo de recursos e información al pueblo cubano
—y esto ya está mostrando resultados. Hemos visto un aumento en el
contacto entre el pueblo de Cuba y EEUU y el entusiasmo del pueblo
cubano hacia estos cambios demuestra que vamos por el camino correcto”.
En la Cumbre expresó: “La sociedad civil es la consciencia de nuestros
países. Es el catalizador del cambio. Es la razón por la que las
naciones fuertes no les temen a los ciudadanos activos. Las naciones
fuertes aceptan, apoyan y empoderan a los ciudadanos activos… Y cuando
nos asociamos con una sociedad civil, es porque creemos que nuestra
relación debe ser con gobiernos y con las personas a las que
representan”. De igual forma se manifestó en la reunión que sostuvo con
representantes de la sociedad civil de América Latina y en el encuentro
personal con Raúl Castro.

Por su parte, la jefa de la delegación estadounidense, Roberta Jacobson,
antes de la tercera ronda de negociaciones, dijo en la audiencia ante
el Comité de Relaciones del Senado que “la relación que la Sección de
Intereses estadounidense en La Habana mantiene con la más amplia gama de
cubanos aumentará una vez que se establezcan relaciones diplomáticas con
Cuba”.

Es decir, si a pesar de esas declaraciones se avanzó hasta la retirada
de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo y las
facilidades otorgadas para las actividades bancarias en Washington,
carece de sentido prorrogar la apertura de las embajadas por cualquier
“interpretación” de la Convención de Viena.

Al término de la tercera ronda de conversaciones se puso de manifiesto
la diferencia entre las dos delegaciones. En la conferencia de prensa, a
la pregunta acerca de una cuarta ronda de negociaciones, Josefina Vidal
respondió que se ha avanzado pero que quedaban temas pendientes por
discutir próximamente. Mientras Roberta Jacobson dijo, más o menos, que
para ese tema no era necesaria otra reunión. Su posición fue que los
diplomáticos se comportarían como lo hacen en regímenes similares al
cubano donde sus diplomáticos tienen permisos de viaje que oscilan
“entre las 24 horas y los 10 días”.

Los peligros del zigzagueo

El Gobierno de Cuba, por las razones expuestas, decidió introducir
cambios demasiado tarde. Por esa causa, la interrelación entre
estancamiento económico, insuficiencia salarial, corrupción
generalizada, descontento y éxodo creciente resultan incompatibles con
la lentitud de los cambios.

Si esa marcha lenta se aprecia por el poder como una garantía de su
estabilidad, para la sociedad cubana no lo es. La insistencia en
conservar el poder y la demora para iniciar las transformaciones han
conducido a una situación extremadamente compleja, en condiciones
internas y externas, que exige voluntad política para actuar en
correspondencia con la gravedad del caso.

De no actuar en consecuencia con ese escenario, el resultado podría ser
fatal porque una salida abrupta, por cualquier causa que se pudiera
producir, conduciría a una situación en la que no habrá traspaso
tranquilo y en la que todos, sin excepción, resultarían perdedores. De
ocurrir, la responsabilidad recaerá en los que aún detentan el poder.

Las relaciones con EEUU —el hecho político más significativo para Cuba
desde la revolución de 1959— ha generado una oportunidad que no se debe
desaprovechar. Es útil al Gobierno cubano, ya que le proporciona una
salida “decorosa”; es útil a los intereses estadounidenses, por sus
propios intereses; pero sobre todo es a los cubanos, porque es un
contexto favorable para el empoderamiento y su reconversión en ciudadanos.

Source: Causas y peligros del zigzagueo gubernamental | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1435098292_15315.html

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