Corrupción – Cuba – Corruption
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Consumo de drogas en Cuba… ¿‘Beneficios’ de la globalización?

Consumo de drogas en Cuba… ¿‘Beneficios’ de la globalización?
MIRIAM CELAYA, La Habana | Junio 29, 2015

Un extenso reportaje del diario Juventud Rebelde ( Alas trágicas para
volar (I), del pasado domingo 28 de junio) aborda el controvertido tema
del consumo de drogas entre los adolescentes y jóvenes cubanos. Poniendo
a un lado el hecho de que la presencia y alarmante expansión de dicho
flagelo en la población de la Isla ha sido anteriormente revelado en
numerosas ocasiones por la prensa independiente y medios extranjeros
–acusados en su momento de falsear la realidad con la deliberada
intención de manchar la imagen de la Cuba “revolucionaria”– no deja de
ser encomiable que la prensa oficial finalmente haya reconocido la
existencia de ese mal en la supuestamente modélica sociedad cubana.

El texto en cuestión señala también otras pecas no menos graves, como
son el aumento del alcoholismo desde edades muy tempranas y el creciente
comercio ilícito de psicofármacos y otros medicamentos controlados por
el Ministerio de Salud Pública. Una cadena de corrupción que en muchos
casos se inicia desde el robo en las propias fábricas que producen las
tabletas e incluye en su saga la sustracción en almacenes, la venta a
sobreprecio en las farmacias y hasta las consultas médicas en las que
algunos galenos inescrupulosos extienden las recetas, ya sea por falta
de ética profesional o porque reciben sobornos de estos pacientes.

Una psicóloga del Centro Comunitario de Salud Mental del municipio
capitalino Plaza de la Revolución declara que entre los consumidores de
medicamentos psicoactivos combinados con bebidas alcohólicas, la edad
mínima promedio es de 12 años, un dato que revela la magnitud y calado
del problema.

Ni tan alegres ni tan profundos

Antaño, el discurso oficial acuñó una frase guevariana para definir a la
juventud cubana: “Alegre, pero profunda”. Sin embargo, el artículo de JR
asegura que en el sondeo realizado en una muestra de 40 jóvenes de entre
14 y 19 años, residentes en la capital y en otras cuatro regiones de la
Isla, se evidenció que, a pesar de que estos reconocen los riesgos del
consumo de estupefacientes para su salud, “la mayoría” lo asocia a la
diversión, y los consume en discotecas, parques, ambientes festivos e,
incluso, utilizan las “pastillas” en las escuelas o en sus casas. Tales
son modos de encontrar alegría para los hijos fallidos del “hombre nuevo”.

Más de medio siglo de adoctrinamiento para purificar cuatro generaciones
de revolucionarios no han sido suficientes y los jóvenes cubanos han
acabado sucumbiendo a esa otra nociva influencia de la sociedad de
consumo: las drogas. Cabe preguntarnos cuántos de esos que marchan cada
año hacia la Fragua Martiana portando antorchas o que se integran en los
batallones juveniles de los Comités de Defensa de la Revolución serán
destinados a combatir y erradicar ese nuevo enemigo que nos ataca desde
dentro, el consumo de drogas.

En todo caso, ya sabemos cuán útiles pueden ser las juventudes más puras
para librar esas batallas de la revolución, tal como quedó demostrado
cuando en la década pasada un ejército de trabajadores sociales se volcó
en la tarea urgente de aniquilar de cuajo la corrupción. Todavía podemos
recordar la frescura de sus rostros en las gasolineras, traficando
alegremente con los hidrocarburos de su amado mentor, Fidel Castro.

Sin causas y sin soluciones

El texto de JR muestra apenas la punta del iceberg, a juzgar una
especialista en medicina legal, quien asegura que “el consumo (de
alcohol) mezclado con medicamentos es una práctica de grupo bastante
frecuente en los últimos tiempos”, que resulta difícil de cuantificar
por cuanto “muchas veces se diagnostica la ingestión de alcohol pero es
muy difícil saber si viene asociado a algún psicofármaco”, debido a la
falta de control y de los exámenes clínicos correspondientes.

Eso lleva directamente a otro cuestionamiento. Si el consumo de
estupefacientes se ha extendido de manera tan epidémica entre la
población joven, ¿no es momento de establecer en esta flamante potencia
médica los procedimientos clínicos necesarios para detectar qué tipos de
sustancias han ingerido los que acuden a los centros asistenciales de
salud, a fin de detectar las tendencias e implementar los procedimientos
médicos más apropiados, tanto para un tratamiento de urgencia o para un
proceso de deshabituación a las drogas? ¿Qué ocurrió con aquel fabuloso
laboratorio antidopaje, –”el mayor de la región”–, perfectamente
equipado, que en los cruentos años 90 de la pasada centuria el
expresidente cubano hizo construir para demostrar la pureza deportiva de
la nación? ¿Por qué no dedicar los recursos necesarios para salir al
paso a este nuevo flagelo que se cierne con esa fuerza más sobre la
Isla, en especial cuando el pago de los servicios del contingente de
galenos sub-contratados en el extranjero constituye uno de los más netos
y jugosos ingresos en divisas del país?

Mientras, el artículo de JR alude al creciente consumo de drogas y
alcohol en Cuba como si fuese solo otra tendencia acorde a los
estándares globales. Se trata, en definitiva, de un flagelo mundial, y
en esto (también) los cubanos estamos a tono con el resto del mundo.
Así, nuestros jóvenes, sencillamente, buscan “enajenarse de la
realidad”; algo que, sin embargo, no debería esperarse de una sociedad
justa y feliz como la nuestra, donde todos ellos tienen garantizado un
porvenir luminoso, muy diferente del de los infelices que malviven en
las decadentes sociedades capitalistas.

Por demás, es sabido que el consumo de drogas se asocia igualmente al
alcoholismo y al tabaquismo, otras de las dos pandemias nacionales. Pero
seguramente nada tiene que ver en esto el hecho de que Cuba sea unos de
los principales productores de tabaco, o que la ronera sea una de las
poquísimas industrias que haya sobrevivido a la voracidad depredadora
del sistema social impuesto en la Isla desde enero de 1959.

De momento, JR no se adentra demasiado en el análisis de las causas,
como tampoco en las soluciones. No obstante, no debemos anticiparnos
demasiado. Esta del domingo último fue apenas la primera entrega sobre
el tema en el “diario de la juventud cubana”. Seguramente en las
próximas descubriremos algunas propuestas ingeniosas que nos llenarán de
esperanzas.

Source: Consumo de drogas en Cuba… ¿‘Beneficios’ de la globalización? –
http://www.14ymedio.com/opinion/Consumo-drogas-Cuba-Beneficios-globalizacion_0_1806419349.html

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