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El Club de París y el entierro ideológico de Fidel Castro

El Club de París y el entierro ideológico de Fidel Castro
Los alabarderos del régimen llamarán “dialéctica” al funeral
Eugenio Yáñez, Miami | 18/06/2015 9:44 am

Veamos estas tres informaciones:
1. “Me culpan a mí de decir que la deuda es impagable. Bien. La culpa
hay que echársela a Pitágoras, a Euclides, a Arquímedes, a Pascal, a
Lobachevsky, al matemático que ustedes prefieran, de la antigüedad,
moderno o contemporáneo. Son las matemáticas, las teorías de los
matemáticos las que demuestran que la deuda es impagable… Yo tengo que
hablar de eso y quiero fundamentar por qué pienso que es impagable y
cómo ninguna de las fórmulas técnicas de que se habla resuelve el
problema”. Fidel Castro, reunión internacional sobre la deuda externa,
Palacio de las Convenciones, La Habana, 3 de agosto de 1985.
2. Caracas. Diario Las Américas. 8 de junio de 2015: “El gobierno de
Raúl Castro y el Club de París acordaron el pago de la deuda externa que
la isla caribeña dejó de cubrir en 1986… La deuda fue fijada en 15 mil
millones de dólares por ambas partes… Este acuerdo es de gran relevancia
para el gobierno de Castro, en su objetivo de reincorporarse a la
economía mundial”.
3. Martínoticias. 9 de junio de 2015: “The Economist recuerda que en los
últimos años Cuba ha negociado acuerdos con varios países para reducir
su deuda y extender sus plazos de pago. Una avenencia en 2013 con Rusia
(un miembro del Club) para solucionar los más de $20.000 millones de la
deuda contraída con la antigua Unión Soviética ayudó a allanar el camino
para el acuerdo con el Club de París. El gobierno cubano también ha
llegado a arreglos similares con sus acreedores comerciales japoneses y
alemanes, así como con China y México”.

Raúl Castro sabe que para que su gobierno pueda ser tomado en serio, no
tiene más remedio que “cuadrar” con ese despreciable capitalismo que los
jenízaros del departamento ideológico del partido comunista consideran
no ha resuelto ningún problema a la humanidad en varios siglos (ni
siquiera un buen plato de lentejas con cerdo ahumado, chorizos, tocino,
papas y zanahorias), pero que los neocastristas necesitan
desesperadamente. No para el imposible socialismo troglodita, próspero y
sostenible, que nunca llegará, sino simplemente para poder subsistir,
porque el vaso de leche diario, la buena educación y conducta de los
cubanos, la eficiencia de las empresas estatales, la calidad de la
producción y los servicios, el “ahorro”, el incremento de la
productividad, la sustitución de importaciones, la exigencia
revolucionaria, el periodismo oficialista objetivo y crítico, o el fin
de la corrupción, que son casi permanentes cantaletas oficiales del
régimen, quedan para los dibujos animados de Elpidio Valdés o los grises
discursos de Machado Ventura o Díaz-Canel, cual de los dos más
desabridos y aburridos. Aunque sin embargo mucho más “intelectuales” y
“simpáticos” que el energúmeno al mando en Caracas, inventor de
conspiraciones y golpes de estado, tan obtuso que en las escuelas del
partido en Cuba ni siquiera aprendió a mentir, lo que ya es mucho decir.
La prensa poco seria, incluida alguna que abunda en Miami, dijo
enseguida que ese acuerdo implicaba que “Cuba”, es decir, el régimen,
pagaría su deuda con el Club de París, lo que no es exacto. La deuda
cuelga desde 1986, cuando dejó de pagarse, e incluye principal,
intereses y sanciones. Haberla reconocido permite renegociarla,
solicitar condonaciones y nuevos términos de pago, pero no garantiza que
sea pagada, sino solo la posibilidad de negociar sobre ese tema.
Como dice The Economist, sin transparencia y sin declarar
internacionalmente la verdadera situación económica, reservas de
divisas, estados financieros y estadística económica, no puede esperarse
que los acreedores sonrían y den palmaditas en el hombro a Raúl Castro
como si nada hubiera sucedido en los últimos treinta años.
Por otra parte, los “amigos” rusos, chinos, mexicanos, japoneses y
españoles, podrían preguntarse por qué nunca hubo dinero para pagarles a
ellos y el régimen exigía acuerdos y más acuerdos siempre favorables a
La Habana, mientras con el Club de París ha sido posible entenderse y
prometer, aunque no se hayan concretado acuerdos específicos todavía.
El descaro plañidero de Fidel Castro de que la deuda era impagable y
debía borrarse de a porque sí no era más que una de sus tantas
alucinaciones y dislates que nunca aportaron beneficios reales a los
cubanos de a pie.
El propio Raúl Castro ha ignorado tranquilamente el legado y las
“enseñanzas” del “invencible” Comandante en Jefe al negociar con el Club
de París, porque sabe que quien quiera poder recibir créditos tiene que
pagar las deudas, aquí, allá y acullá, hoy, mañana y siempre.
Aunque el queridísimo hermano estuviera diciendo a gritos y en todas
partes, hace treinta años, precisamente lo contrario.
¡Pobrecito! En sus delirios de profeta iluminado, no adivinaba nunca.
Ni adivinará jamás. Mucho menos ahora, decrépito y senil.

Source: El Club de París y el entierro ideológico de Fidel Castro –
Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/el-club-de-paris-y-el-entierro-ideologico-de-fidel-castro-323039

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