Corrupción – Cuba – Corruption
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Empresas y entidades sin control interno

Empresas y entidades sin control interno
ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 8 Jun 2015 – 6:52 am.

Cuando son los propios jefes quienes roban y depredan, no hay que
pensar en la existencia de un ambiente de control interno.

Los gobernantes cubanos le confieren gran importancia al control interno
en las entidades y empresas estatales con vistas a erradicar los actos
de corrupción que asolan a esas instituciones. Se trata, como su nombre
indica, de un mecanismo permanente de control preventivo que opere con
los propios medios de la entidad, y que no precise de la actuación de
auditores o inspectores externos para detectar las deficiencias.

Un pilar del control interno lo constituye el denominado “ambiente de
control”. Este ambiente se alcanza cuando todo el colectivo laboral, y
principalmente los jefes, estén imbuidos de la necesidad de controlar
los recursos de la entidad, y en consecuencia actúan para alcanzar ese fin.

La más reciente reunión del Consejo de Ministros no aportó noticias muy
halagüeñas en ese sentido. La señora Gladys Bejerano, contralora general
de la República, se refirió una vez más a varias de las anomalías que
afectan la gestión de empresas y entidades: la falsificación de
documentos, transferencias ficticias, apropiación del efectivo no
depositado en los bancos, fraudes en nóminas, introducción ilegal de
mercancías, pagos indebidos por servicios que no se pactaron o no se
realizaron, y el favorecimiento a proveedores.

Sin embargo, más preocupante aún que todo lo anterior para la
nomenclatura castrista debe de haber sido el siguiente párrafo de la
intervención de la Contralora General: “Existe falta de rigor en los
análisis que realizan las administraciones sobre las causas y
condiciones que propician estos hechos y, en consecuencia, no se logran
implementar sistemas de trabajo que permitan tener contrapartidas
efectivas” (Trabajadores, edición del lunes 1 de junio).

Todo muy claro. A las administraciones no les interesa crear
contrapartidas efectivas —por ejemplo, un sistema de contabilidad
confiable que supervise el movimiento de mercancías e insumos en los
almacenes— entre las distintas áreas y departamentos de las entidades.
La razón es muy sencilla: con frecuencia son los propios jefes los que
roban o depredan los recursos. En esas condiciones, por supuesto, ni
pensar en la existencia de un ambiente de control, y mucho menos del
control interno.

Esta situación pudiera reforzar las posiciones de los elementos
conservadores del oficialismo que abogan por ralentizar las reformas
raulistas; reformas que, como es sabido, tienen un componente esencial
en brindar mayor autonomía a las empresas y entidades estatales. Y en
ese sentido no serían muy descabellados los argumentos que se oponen a
la referida autonomía. Porque, ¿cómo poner ilimitadamente recursos
materiales y financieros en manos de funcionarios que solo piensan en
robar y corromperse?

Pero hay más. Por estos días circula en las librerías habaneras el libro
El derrumbe del socialismo en Europa (Ciencias Sociales, La Habana,
2014), de la autoría de José Luis Rodríguez García, exministro de
Economía y Planificación durante el período 1995-2009, y que se
desempeña actualmente como asesor del oficialista Centro de
Investigaciones de la Economía Mundial. Rodríguez García estima que la
autonomía empresarial instaurada por Mijail Gorbachov, como parte de su
perestroika, aceleró el desplome del socialismo en la Unión Soviética.

Al respecto escribe, en la página 64: “El cambio más significativo
ocurrió con la aprobación de la ley de la empresa estatal en 1987, la
que se basó en los principios de autonomía, autogestión, y
autofinanciamiento. En ella puede decirse que cuajaban ya modificaciones
sustanciales al concepto de la propiedad socialista al introducir con la
autonomía una ruptura en la línea de dirección centralizada,
consustancial a cualquier economía planificada. Apoyándose en el
argumento de democratizar la gestión mediante la elección por los
trabajadores de los dirigentes empresariales, unido a la reducción del
papel rector del plan, de hecho comenzaba a desarticularse desde la base
el sistema económico que se pretendía perfeccionar”.

“Con esos truenos, ¿quién duerme?”, podrían refunfuñar los dinosaurios
políticos que nutren las filas del Partido Comunista y el Gobierno cubanos.

Source: Empresas y entidades sin control interno | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1433516280_15003.html

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