Corrupción – Cuba – Corruption
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Asesinar por una vivienda

Asesinar por una vivienda
Se incrementan los hechos de sangre al interior de las familias, muchos
relacionados con los derechos de propiedades
miércoles, julio 1, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. -Una hija asesinó a la madre, la desmembró con la ayuda
del novio y luego la dio por desaparecida para poder heredar el humilde
apartamento en un barrio marginal donde ambas vivían. Pareciera la trama
de una película de terror pero es una historia real que conmovió hace
apenas un año a la comunidad del Reparto Eléctrico.

No era la primera vez que yo escuchaba una noticia tan escalofriante
como aquella, sin embargo, más que la consanguinidad entre la víctima y
la homicida, el móvil del asesinato era lo que acentuaba el absurdo, lo
demencial, mucho más cuando en las calles, mientras se comentaba el
crimen, surgían anécdotas igual de perturbadoras sobre conflictos
familiares relacionados con las dificultades para agenciarse un lugar
donde vivir.

Antes y después de aquel sangriento episodio, supe de otros similares y,
según asegura Orlando Asdrúbal, abogado que ha seguido varios casos en
el municipio Arroyo Naranjo, se incrementan los hechos de sangre al
interior de las familias, todos relacionados con los derechos de
propiedad de las viviendas.

Aunque siempre no arrojan desenlaces fatales, este tipo de litigios
ocupa casi la mitad de los casos que se ventilan en los juzgados:
“Hermanos contra hermanos, hijos contra los padres, y siempre es por un
cuarto, por heredar un bajareque, un terrenito, por cuatro pesos.
Demasiada violencia, eso es lo que trae la pobreza cuando no tiene
remedio y la desesperación. Ese es uno de los platos fuertes de los
tribunales cubanos. Cuatro de cada diez casos tienen que ver con la
vivienda”, afirma Orlando.

Amado Ibáñez, vecino de Centro Habana, con decenas de anécdotas nos
ilustra cómo cada vez son más frecuentes los hechos de sangre
relacionados con la vivienda donde están involucrados familiares que han
compartido el mismo espacio durante años: “Por aquí mismo, en esta
calle, todos los días hay una trifulca y para nada tienen que ver con
pandillas ni con la droga ni la guapería, esas son las menos frecuentes.
La mayoría son por un hermano que quiere botar a otro de la casa o por
un chiquillo que quiere dividir un cuarto que es del padre o del tío, y
todo eso es a veces a machete limpio”.

Sucesos violentos como esos a los que se refiere Amado son los que, por
tremebundos, llegan a oídos de todos. Sin embargo, existen otros que
pasan inadvertidos debido a su carácter cotidiano, más en el actual
ambiente político-económico donde los ancianos son clasificados como una
carga social, como un obstáculo para el desarrollo, aunque,
paradójicamente, ese discursillo subliminar provenga del discurso de
nuestros ancianos gobernantes.

Por los testimonios que uno puede escuchar en la calle, de boca de
vecinos, amigos y colegas de trabajo se puede intuir que en Cuba muchas
personas ancianas, cuyo único bien heredable es el humilde hogar
familiar, mueren víctimas de lo que pudieran ser considerados como
“asesinatos solapados”, la mayoría de las veces a manos de sus propios
descendientes.

Hace poco, mientras viajaba en un ómnibus, pude escuchar la conversación
de dos mujeres. Una le contaba a la otra sobre lo tormentoso que era
compartir la casa con el anciano padre, que sufría de una diabetes muy
avanzada y de episodios de demencia senil. Mientras una detallaba las
cosas que hacía o dejaba de hacer para acelerar el fallecimiento del
enfermo (lo dejaba solo durante la noche, lo alimentaba con una dieta no
adecuada y hasta dejaba de administrarle los medicamentos), la otra, sin
asombros, aconsejaba sobre los trámites que debía hacer para declararlo
incompetente, ingresarlo en una institución de salud y heredar la
propiedad que era simplemente un pequeño apartamento de una sola pieza.
La macabra operación era narrada a viva voz como si se tratara de un
inofensivo plan para exterminar cucarachas.

Más cercano a mi ámbito personal, he conocido de vecinos que han
fallecido en el más cruel abandono por parte de los familiares sin que
ninguna institución gubernamental se ocupe de investigar en profundidad
lo sucedido, y sin que exista un mecanismo legal para denunciar estos
casos en que se intuye que, tras la supuesta negligencia, se esconden
verdaderos actos de asesinato premeditado.

Un médico del policlínico del Reparto Eléctrico, del que nos reservamos
su identidad, asegura que en los últimos años han aumentado los casos de
muertes de ancianos o personas enfermas por indolencia de los familiares
y que, debido al poco interés que muestran las instituciones que
debieran atender este fenómeno, resulta muy difícil evitar estas
tragedias: “No hay modo de saber si el familiar está actuando por
ignorancia o si la mala atención es a propósito. Yo siempre me inclino
por lo segundo. Si, como familiar, te haces responsable de un enfermo,
debes hacer las cosas tal como el médico te indica, pero es que al final
no puedes reclamarles nada porque ni los hospitales ni los asilos son
capaces de brindar una atención mejor. (…) Yo he tenido varios casos
donde es evidente que ha habido un asesinato, ¿pero cómo lo pruebo? Y no
solo eso, ¿cómo sé que me van a hacer caso en la policía? Y lo peor, me
busco que vengan y me den cuatro puñaladas por acusar de algo que no
puedo probar rotundamente. (…) Yo he tenido muchas experiencias pero no
necesito ser médico para vivirlas todos los días. Por ejemplo, en el
mismo edificio donde vivo. Una vecina, no muy mayor, después de un
accidente cerebro-vascular quedó con una parálisis parcial que le
impedía caminar. Con unas sesiones de fisioterapia y una atención más o
menos buena la señora hubiera levantado, pero la hija no hizo nada. La
tenía tirada en una cama y ni se preocupaba por darle comida. Murió a
los pocos meses. Yo que vivo ahí, y sé que todos los días había peleas
por el apartamento, sé que a la mujer la dejaron morir, que vieron la
oportunidad de resolver el asunto de ese modo, al final, nadie
investiga. (…) Para el gobierno es un viejo menos y otro problema de
vivienda resuelto”.

De los testimonios que uno escucha a diario en nuestro entorno, se
constata con horror que el móvil de tales actos aberrantes no es heredar
inestimables bienes raíces sino de apoderarse de un pequeño espacio para
vivir en un país donde contar con un techo, por modesto que sea, es cosa
de afortunados y, en los modos de conseguirlo, muchos no suelen
involucrar la piedad.

Las dificultades para adquirir una vivienda en Cuba no son comparables
con ninguna otra realidad y ha ido creando fenómenos bien complejos
donde la corrupción de los funcionarios, los astronómicos precios de
venta o los condicionamientos políticos para alcanzar la asignación de
un lugar donde vivir, prácticamente no son problemas al compararlos con
las tragedias que ha ocasionado al interior de las familias o con la
pérdida de los valores morales y la degradación de los sentimientos
humanos a niveles de lo monstruoso.

Source: Asesinar por una vivienda | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/asesinar-por-una-vivienda/

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