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El comienzo de otra historia: democracias liberales contra iliberales

El comienzo de otra historia: democracias liberales contra iliberales
CARLOS ALBERTO MONTANER | Miami | 12 Jul 2015 – 2:08 pm.

Ya no puede haber duda de que el gran enemigo actual de la democracia
liberal es la democracia iliberal. Syriza, Podemos, chavismo…

La crisis griega es la expresión de un gravísimo problema planetario. Es
verdad que la desataron los socialdemócratas y conservadores con su
gasto público desbocado y su corrupción rampante, pero la han agravado
los neocomunistas y sus primos neopopulistas, en el poder desde hace
pocos meses.

¿Por qué es un asunto que concierne al planeta? Tres ejemplos. Syriza
en Grecia, Podemos en España y el chavismo en Venezuela comparten varios
elementos que los hermanan: son enemigos de la democracia liberal,
partidarios irrestrictos del populismo, y sostienen unas proclamadas
simpatías por el comunismo.

Sus dirigentes odian el mercado, la propiedad privada, el comercio
internacional sin ataduras y los organismos financieros internacionales
como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco
Central Europeo. Todas estas instituciones, con sus errores y aciertos,
constituyen la savia de la economía en las naciones más desarrolladas de
la Tierra.

No es una casualidad que de los primeros y más enérgicos apoyos públicos
al Gobierno de Alexis Tsipras hayan sido de Fidel y Raúl Castro, Evo
Morales, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Cristina Fernández, Daniel
Ortega y, sobre todo, de Pablo Iglesias, el español líder de Podemos que
se ha tomado este incidente como lo que es: un asunto absolutamente suyo.

Como es notorio, en 1992 Francis Fukuyama publicó su muy citado ensayo
El fin de la historia y el último hombre. Había colapsado el comunismo
(salvo en algunos tercos enclaves estalinistas, como Corea del Norte y
Cuba), mientras otros países, como China y Vietnam, habían abandonado el
colectivismo, desovando un modelo híbrido de dictaduras capitalistas de
partido único.

En ese contexto, Fukuyama concluyó, razonablemente, que la especie
humana se movía en la dirección de la democracia liberal como única
opción probada y predecible, dado que los 25 países más exitosos del
planeta convivían dentro de este modelo estable y enriquecedor. Era ese
espléndido mundillo el que había ganado la Guerra Fría.

¿En qué consistía la democracia liberal? Eran sociedades en las que se
respetaban los derechos humanos, incluidos los de propiedad privada,
regidas por el mercado, defensoras del libre comercio internacional,
administradas por gobiernos limitados, cuyas élites dirigentes eran
reemplazadas mediante elecciones plurales y transparentes. Sociedades,
además, organizadas de acuerdo con la receta parida por la Ilustración a
fines del siglo XVIII, lo que indicaba la separación de poderes para
evitar los atropellos de los mandamases.

Era cierto que en las democracias liberales —ya fueran Inglaterra,
Suecia, Francia o Estados Unidos— había notables diferencias entre los
más ricos y los más pobres, pero el objetivo de este modo de
organización social y económica no era alcanzar la igualdad de
resultados, sino el ejercicio de la libertad individual, y esta traía
como consecuencia una cierta disparidad en los extremos, trufada por
unos robustos sectores sociales medios que vivían razonablemente bien y
podían tratar de mejorar sustancialmente si tenían el talento, la suerte
y los impulsos psicológicos necesarios para emprender aventuras económicas.

Podía tratarse de monarquías parlamentarias o repúblicas, podía haber
democracias liberales gobernadas por socialdemócratas, conservadores,
democristianos, liberales o libertarios, porque, al fin y al cabo, se
trataba de una misma familia ideológica, dividida en torno al monto de
la presión fiscal y al fin último de la asignación de los bienes y
servicios creados, lo que determinaba el tamaño y las funciones el
Estado. Pero lo que los unía era infinitamente mayor que lo que los
separaba.

Lo que Fukuyama no previó es que de los escombros del comunismo
surgieran los neopopulistas y neocomunistas, un abigarrado conjunto de
partidos, gobiernos y oneges enemigos a muerte de los valores y
criterios de la democracia liberal, que ya no pensaban en tomar el poder
por la violencia (la desacreditada receta marxista-leninista), sino
aprovechando los mecanismos democráticos para, una vez con las riendas
del gobierno en las manos, y al ritmo que permitieran las circunstancias
particulares de cada país, implantar la mayor cantidad de colectivismo y
autoritarismo posibles.

De alguna manera, se trataba de las democracias iliberales, o
antiliberales, como describe Fareed Zakaria en El futuro de la libertad.
Ese universo en el que caben los cinco gobiernos latinoamericanos del
“Socialismo del Siglo XXI”, acompañados por el Foro de Sao Paulo, el
Partido de los Trabajadores brasileños de Lula y Dilma Rousseff, del
sector peronista de Cristina, Rusia, la teocracia iraní, o las entidades
adscritas al Partido de la Izquierda Europea dentro del Parlamento
europeo, una amalgama en la que se amelcochan y abrazan Syriza, Podemos
y los representantes de los partidos comunistas de Francia, Alemania,
Moldavia y así hasta de 17 naciones.

Ya no puede haber duda de que el gran enemigo actual de la democracia
liberal es la democracia iliberal. No era el fin de la historia. Era el
comienzo de otra.

Source: El comienzo de otra historia: democracias liberales contra
iliberales | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/internacional/1436706518_15648.html

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