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Militares en la economía, un caso de secuestro

Militares en la economía, un caso de secuestro
Empresas como Habanos S.A. o ministerios como Turismo siempre han sido
presididos por militares de alto rango
miércoles, julio 15, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. -Aunque fuera de Cuba algunos se arriesgan a suponer
que entre un 70 u 80 por ciento de la economía cubana está en manos de
los militares, nadie que no tenga acceso a los informes secretos del
Estado sabe con exactitud cuántas empresas, con sede en territorio
nacional y disfrazadas de civiles, tributan directamente a las Fuerzas
Armadas Revolucionarias (FAR) y al Ministerio del Interior (MININT), ni
cuántas de las compañías registradas fuera de la isla por ciudadanos
extranjeros vinculados a los gobernantes cubanos, ya sea por lazos
afectivos o familiares, son la fachada de una amplia red financiera para
satisfacer los antojos y los excesos de una “dinastía de izquierda” que
se niega a traspasar el poder.

Para los cubanos que saben del día a día y de cómo funcionan las cosas
dentro de nuestras fronteras, hablar de porcentajes resulta risible
cuando se sabe que la totalidad de los ministerios y de las empresas
estatales están dirigidas por militares, exmilitares, o personas que han
recibido entrenamiento en las escuelas de preparación para los “cuadros
de dirección” del Partido Comunista e incluso en las academias de
inteligencia de la antigua URSS.

Por ejemplo, empresas consideradas insignias como Habanos S.A. o
ministerios estratégicos como Turismo o Azúcar, Transporte o Industria
Básica, siempre han sido presididos o co-presididos por militares de
alto y mediano rango, mucho más entrenados para acatar órdenes del mando
superior que para generar ideas.

De igual modo sucede con las telecomunicaciones y el acceso a internet,
dos monstruos de la modernidad temidos por la dirigencia cubana que
nunca ha dudado en señalar al libre acceso a la información como a su
más poderoso enemigo. En consecuencia, es fácil deducir que cualquier
corporación extranjera relacionada con estos campos que decida invertir
en Cuba deberá estar dispuesta a liberar sus informaciones y datos
privados cada vez que las autoridades cubanas, bajo el pretexto de la
“Seguridad del Estado”, lo decidan y, además, deberá tolerar el ser
espiada o aceptará formar parte de acciones de espionaje a escalas no
imaginadas. Este procedimiento no es necesario que se filtre de algún
documento confidencial, es simplemente una práctica a la que el gobierno
cubano jamás renunciará.

A ese mismo sector de inversiones altamente controlado, pertenece todo
cuanto implique trabajos de cartografía o exploración territorial, como
es el caso de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, que desde los
inicios ha sido un proyecto dirigido directamente por los militares.

Según nos revela un exfuncionario estatal que ha decidido mantenerse en
el anonimato por cuestiones de seguridad, la mayor parte de las fuerzas
de dirección y de mano de obra especializada contratadas en la
construcción del megapuerto provienen de unidades militares, o son
oficiales retirados o en activo, de modo que cualquier negociación entre
una empresa extranjera interesada en invertir en el lugar pasa por la
supervisión del Alto Mando de las FAR.

“Toda la información es tratada como secreto militar y los principales
dirigentes del proyecto son militares. ¿Quién de los que trabaja allí no
sabe que no se trata de una obra ciento por ciento civil? Nada en Cuba
lo es. (…) Los militares siempre han sido mucho más corruptos que los
civiles, lo que pasa es que ellos operan con licencia del propio
gobierno, les dan cordel, como decimos los cubanos, para cuando estalle
un escándalo cortar cabezas con facilidad y sin ensuciarse. Esa ha sido
siempre la estrategia del gobierno que sabe oler la pólvora a mil
kilómetros y ponerse a salvo. ¿No fue lo que hizo con Ochoa cuando la
causa 1. Es lo mismo que ha hecho siempre, con todos esos empresarios
mexicanos, italianos, chilenos, canadienses que primero fueron amigos
íntimos y hasta más que amigos y más tarde encarcelados y sancionados
por corruptos. (…) Yo me fui del Mariel porque vi muchas cosas turbias y
hay que saber cuándo uno es el lado más débil de la soga”, confiesa este
exfuncionario que además fue miembro de las Fuerzas Armadas.

Para ningún cubano es un secreto que la única vía para aspirar a ocupar
un cargo de director general, gerente, presidente, vicepresidente de
cualquier firma comercial es requisito indispensable estar o haber
estado vinculado directa o indirectamente a las Fuerzas Armadas
Revolucionarias.

Las más recientes discusiones y proyectos de leyes analizados en el
Senado y el Congreso de los Estados Unidos y que prohibirían comerciar
con entidades de la isla dirigidas por oficiales o ex oficiales, han
desatado un plan de desmovilización en las Fuerzas Armadas de Cuba y un
proceso de “blanqueamiento” de los expedientes de aquellos que dominan
las cúpulas de los más importantes ministerios y empresas cubanas, según
ha revelado una fuente anónima vinculada al proceso.

Teniendo esto en cuenta, la política de los Estados Unidos no forzará a
un repliegue de los militares en las empresas sino a un proceso de
enmascaramiento mucho más sutil. Los mandos militares de la isla no
renunciarán a la estrategia que los ha llevado al secuestro total de la
economía nacional.

Aunque no fidedignos por los cientos de datos que ocultan, los balances
de los resultados que las propias empresas revelan en las noticias
aparecidas durante todo el año 2014 y lo que va del 2015 en diarios como
Granma o Juventud Rebelde, permiten calcular que las Fuerzas Armadas
funcionan como un gran monopolio que tiene en sus manos cerca del 90 por
ciento de las importaciones y exportaciones, las transacciones en
divisas al por mayor y más del 70 por ciento de las ganancias
relacionadas con el turismo y de los servicios asociados con este.

Los principales grupos empresariales se encuentran en manos de altos
oficiales y sus máximas estructuras de dirección responden directamente
a familiares de Raúl Castro, como el intocable General Luis Alberto
Rodríguez López-Callejas, al frente de GAESA (Grupo de Administración
Empresarial, S.A.), un verdadero pulpo que se ha propuesto absorber el
ciento por ciento de las empresas nacionales que más capitales ingresan.

A GAESA pertenecen operadoras de turismo como Gaviota S.A. y Cubanacán,
más todas sus dependencias; importadoras-exportadoras como Tecnotex,
protagonista de numerosos escándalos de corrupción; Almacenes Universal
y absolutamente todas las Zonas Francas del país, incluyendo las que
serán abiertas en el Mariel. El poder del yerno de Raúl Castro se
extiende a todos los sectores, de modo que directa o indirectamente,
cualquier negociación con una empresa cubana, por pequeña que sea, lo
involucra.

Los avances en la flexibilización del embargo y la posible normalización
de los intercambios comerciales entre los Estados Unidos y Cuba, han
disparado las alarmas entre aquellos que conocen bien el carácter
militar de la economía cubana, diseñada no para lograr la prosperidad y
el bienestar de los cubanos sino para fortalecer los mecanismos de
control absoluto del gobierno sobre los ciudadanos y consolidar un
esquema financiero donde todos los ingresos de la nación son
administrados como verdaderas cuentas personales que les garantizarían a
los dirigentes y a sus familiares un mecanismo de conservación o de
escape en caso de emergencia política.

Source: Militares en la economía, un caso de secuestro | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/cuba-economia-secuestrada-por-militares/

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