Corrupción – Cuba – Corruption
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“Ninguna otra manifestación de la cultura cubana ha sido tan sometida como el periodismo”

“Ninguna otra manifestación de la cultura cubana ha sido tan sometida
como el periodismo”
YOANI SÁNCHEZ, La Habana | Julio 08, 2015

Maestro de periodistas, Wilfredo Cancio Isla está consciente de los
peligros que se ciernen sobre el gremio. Reconoce las luces y las
sombras que han traído las nuevas tecnologías, aunque apuesta por “la
verificación de las fuentes pertinentes y la producción de contenidos
originales”.

Este cubano nacido en Sancti Spiritus en 1960 trabaja en la actualidad
como productor editorial de NBC- Telemundo 51 en Miami, aunque tiene un
empeño que lo mantiene despierto en las madrugadas, ojeroso e inquieto.
CaféFuerte, el sitio digital que gestiona junto a su esposa y varios
colegas, cumple cinco años y el contexto es oportuno para hablar con él
sobre temas como la prensa, las redes sociales y Cuba.

Pregunta. Transcurridos los primeros cinco años del nacimiento de
CaféFuerte, ¿cuán apegado está hoy el sitio a su motivación inicial?

Respuesta. La motivación con que nació CaféFuerte sigue guiando,
esencialmente, su rumbo actual, aunque su sorprendente crecimiento en
lectores y colaboradores y las propias circunstancias que enfrenta su
confección nos han obligado a hacer ciertos ajustes y modificaciones. La
idea de crear el sitio corresponde a la periodista y editora Ivette
Leyva Martínez, mi esposa.

Yo estaba dejando El Nuevo Herald después de 12 años de trabajo
–inconforme con la debacle del diario, agravada por la incompetente
dirección que se instaló allí en 2009– y me iba a la producción de
televisión. Sentí entonces que podía seguir aportando en la cobertura de
temas cubanos con la visión de un reportero investigador, algo que en
televisión resultaba más difícil desarrollar de la forma en la que
pretendía. Y así nació CaféFuerte, como una necesidad expresiva, un
divertimento con invitación a colegas amigos, pero también con la
intención de hacer un sitio independiente de noticias e información que
cubriera facetas de la actualidad de Cuba y Miami con una mirada no
simplificadora de lo cubano.

La intención para marcar la diferencia –no quiere decir que lo hayamos
logrado– era penetrar con una perspectiva propia en zonas del acontecer
noticioso y producir contenidos únicos que no estuvieran en otras
publicaciones. Por supuesto, hemos tenido que ir ajustando el tiro de
acuerdo a las posibilidades de mantener este reto, porque en la medida
que fuimos creciendo en tráfico y colaboradores, nuestras condiciones de
funcionamiento editorial se mantienen intactas: dos personas (a veces
una) que editan un sitio apegado a exigencias de actualidad, ambas con
empleos a tiempo completo en otro medio periodístico, y que han colado
este café arrancándole horas al sueño y al descanso familiar. Sin un
centavo para producirlo, solo pura pasión profesional. Todavía me
resulta increíble que hayamos podido sobrevivir por cinco años.

P. En una era donde tantos portales informativos y blogs se copian unos
a otros las noticias que ni siquiera han comprobado, ¿cómo evitar caer
en ese vértigo y mantenerse apegado a la verdad?

R. Digamos que a la verdad menos imperfecta. Internet y la avalancha de
portales informativos y blogs ciertamente han favorecido una
democratización informativa, pero a la vez han generado un caos, como si
se tratara de una autopista donde se transita a doble velocidad y en
ambas direcciones. Las redes sociales, que son sin dudas una fuente útil
para el trabajo periodístico, también comportan un factor nocivo en la
devaluación informativa.

Se ha potenciado una ilusoria convicción de que cualquiera puede
construir y generar información noticiosa, sin necesidad de atenerse a
los requerimientos mínimos de verificación de fuentes, contextualización
de los hechos y normas elementales de narrativa periodística.

La crisis de las entidades periodísticas convencionales –no la provocó
Internet, como suele repetirse– corre el peligro de repetirse en los
sitios digitales. Pero para ser justos, esta devaluación profesional
tiene sus raíces tanto en el deterioro de la figura del periodista como
en la competencia que imponen los ratings y los vicios de la
improvisación. En lugar de crear más información significativa y
contenidos propios, lo que está produciendo es un reciclaje que a la
larga termina incrementando el parecido entre unos y otros, albergando
todos similares derivaciones de lo mismo. No estoy pensando solo en las
publicaciones volcadas a cubrir el tema cubano, porque es una tendencia
generalizada.

Creo que solo podremos escapar de ese vértigo de novedad refugiándonos
en principios de la profesión que se olvidan con demasiada frecuencia:
la verificación de las fuentes pertinentes y la producción de contenidos
originales como fruto de la indagación periodística a profundidad. Son
antídotos que no fallan.

P. Maestro de periodistas, se encuentra usted a medio camino entre un
tiempo analógico y la actual avalancha de redes sociales y kilobytes.
¿Cómo logra un periodista formado en la escuela tradicional adaptarse a
tiempos tan tecnológicos?

R. De mis años como profesor en la Facultad de Comunicación (otrora
Facultad de Periodismo) me gustaría alguna vez pasar revista, porque
fueron años de ebullición en los que logramos sacudir los programas de
estudio de su vergonzosa sovietización, se recuperaron figuras del
periodismo de la República y se animó un espíritu crítico hacia la
cacofónica prensa oficial.

Hubo de todo, hasta una histórica reunión con Fidel Castro, en octubre
de 1987, que terminó como la fiesta del Guatao. Pero yendo al punto de
la pregunta, no hay otra alternativa: adaptarse a la avalancha
tecnológica o quedarte rezagado y perecer. Creo que el periodismo
atraviesa por una prolongada etapa de transición, que incluye el
reacomodo de los medios a los nuevos soportes tecnológicos. Esto,
obviamente, está trayendo un cambio de lenguaje, de criterios de
edición, de diseño, etcétera.

Entre los formados en una escuela tradicional, hubo manifestaciones
iniciales de cuestionamiento hacia los medios digitales, pero eso es una
fase superada. El futuro va por ese camino, como sucesivamente
irrumpieron el cine, la televisión, el vídeo en el siglo XX. Mi
transición comenzó a darse desde la página digital de El Nuevo Herald
hasta el salto a CaféFuerte, y de ahí a las redes sociales. Me
entusiasma esta irrupción tecnológica, siempre y cuando tengamos una
conciencia crítica para distanciarnos y decantar lo auténtico y
provechoso de lo banal y repetitivo.

Creo incluso que aún los periodistas no están aprovechando al máximo la
información que circula en Twitter y Facebook, por ejemplo, y se limitan
muchas veces a replicar, sin ir más allá de la presunta revelación. Pero
insisto en que la depreciación actual del periodismo no la vamos a
resolver solo con tecnología. Hay un sentido de conocimiento y dimensión
humana que necesitan ponerse junto a los kilobytes.

P. De seguro resulta duro sobrevivir como portal periodístico
independiente sin subsidios, fondos de ayuda a la democracia ni
financiamientos. ¿Cómo lo logran?

R. Un verdadero milagro que solo se explica por la obstinación de
persistir y el compromiso con un grupo de colaboradores fieles.
Sobrevivimos durante casi dos años sin recibir un centavo. A finales de
2012 hicimos un cambio de formato para poder incorporar anuncios de
Google, que nos reportan algo para los pagos mínimos de mantenimiento,
pero insuficiente para pagar colaboradores o hacerle mejoras
sustanciales al sitio. Nunca hemos recibido fondos de ninguna
institución pública, privada o gubernamental. En cinco años de
existencia, hemos recibido solo un donativo privado de… ¡75 dólares!
Nuestro CaféFuerte ha podido colarse gracias a los propios ingresos
personales de sus editores.

No obstante, los agentes de propaganda y mensajeros oficiales del
Gobierno cubano nos siguen metiendo en un saco en el que no estamos. No
tenemos grants, ni mecenas, ni patrocinadores. Si algo positivo ha
tenido la insolvencia financiera de nuestro sitio es la demostración de
que se puede sacar adelante un producto decoroso por estricta pasión y
fidelidad hacia la profesión periodística. En este esfuerzo titánico han
participado un grupo de amigos y colaboradores, a quienes también debe
CaféFuerte su permanencia: Alberto Águila, con quien me inicié en el
periodismo deportivo allá por 1974; Raúl Arce, Emilio Morales, Carlos
Cabrera, Daniel Benítez, Miguel Fernández, José Alberto Gutiérrez
(nuestro sagaz corresponsal en Brasil) y Daniel Palacios, quien fue
nuestro hombre en La Habana hasta mediados del 2014, primero encubierto
y luego abiertamente identificado.

P. ¿Cuáles son los retos del periodismo cubano hoy, sin distinguir
filiación ni posicionamiento, dentro de la Isla?

R. Se me facilita la respuesta al circunscribirla a los retos del
periodismo que se hace dentro de la Isla, porque el periodismo sobre
asuntos cubanos que se hace desde fuera de la Isla también los tiene y
no pocos. Hablando del periodismo en Cuba, necesariamente hay que hacer
una distinción entre prensa estatal/oficial y las distintas
manifestaciones de prensa independiente que crecen en el país.

Ya sabemos lo que ha dejado la política de uso de los medios de
comunicación como instrumentos de conducción política, dirigidos
verticalmente en el más rancio estilo leninista del “socialismo real”.
Ese esquema ha tenido ajustes y promesas, pero básicamente se ha
mantenido inalterable desde la nacionalización y estatización de los
medios de prensa en Cuba a partir de 1960. Cinco décadas después, el
sistema de prensa cubano sigue siendo una plataforma del totalitarismo.
Ninguna otra manifestación de la cultura cubana ha sido tan sometida,
ninguneada y manejada inescrupulosamente desde el poder como el
periodismo. Y aunque es cierto que está emergiendo una hornada de
periodistas capaces, verdaderas excepcionalidades en muchos casos, la
inercia creada por el manto de control sigue pesando demasiado en la
mentalidad de los reporteros y editores.

Va a tomar tiempo despojarse de esas amarras. Congreso tras congreso de
la Unión de Periodistas de Cuba se han repetido las calistenias de un
cambio en la prensa que remite a la espera de Godot. Hay
individualidades que resaltan, pero eso no hace un sistema periodístico.
Por ejemplo, ¿qué impide a la prensa cubana cubrir un juicio en un caso
como el de corrupción petrolera recientemente revelada por un reportaje
a todas luces “orientado” del Noticiero Nacional de Televisión? Y en
todo caso, ¿qué le impide a un reportero darle seguimiento al caso,
llenando todas las lagunas que dejó el reportaje televisivo?

Paralelamente, están surgiendo figuras y medios independientes en la
esfera digital, lo que ya apunta como un desafío al artículo 53 de la
Constitución socialista vigente, respecto a la propiedad estatal y
funciones de los medios informativos en el país.

El cautiverio propagandístico de los medios estatales ha derivado en una
reacción en cierta prensa de perfil disidente, que ya sea por
limitaciones profesionales del periodista o interés particular del medio
que acoge sus reportes, ha trocado la búsqueda de información en
estrategia de denuncia, con lo cual se desdibujan tanto el periodismo
como la estrategia de denunciar.

Pensando en una Cuba abierta a la democratización de su prensa y su
inserción en el libre mercado, me preocupa que el cambio venga aparejado
con cierta devaluación y banalización de los contenidos de las
publicaciones, canales de televisión y sitios digitales a remolque de la
publicidad comercial.

Quisiera ser optimista y pensar que hay una posibilidad real para
restaurar el espacio público a través de los medios de comunicación y
recuperar expresiones modélicas sintonizadas con nuestra mejor tradición
periodística, pero sé que va a ser una tarea para soñadores.

Source: “Ninguna otra manifestación de la cultura cubana ha sido tan
sometida como el periodismo” –
http://www.14ymedio.com/entrevista/manifestacion-cultura-cubana-sometida-periodismo_0_1811818805.html

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