Corrupción – Cuba – Corruption
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La otra economía cubana

La otra economía cubana
Aprovechando las diferencias de precios del mercado estatal y privado,
un burócrata habanero obtiene ganancias que rondan los 70.000 pesos
mensuales.
Iván García Quintero
septiembre 09, 2015

Almacenes estatales, centros turísticos y puertos sustentan el mercado
sumergido en Cuba. Una economía en negro que mueve millones de dólares
al año. Y funciona mejor que la economía real.

Desde un viejo buró de caoba negra, computadora de segunda generación
armada a pedazos y una calculadora china, Remberto (nombre cambiado),
mueve de un sitio a otro miles de sacos de frijoles, arroz o cartones de
huevos como si fuese un corredor de Wall Street.

Remberto no viste trajes de $5.000 ni tiene la mirada intensa de Gordon
Gekko en la saga El dinero nunca duerme. Probablemente nunca haya
escuchado el nombre de George Soros, el financista de origen húngaro que
en 1992 provocó la quiebra del Banco de Inglaterra.

Pero en esencia, el trasiego clandestino de alimentos que maneja
Remberto es similar al de un bróker de la bolsa. Aprovechando las
diferencias de precios del mercado estatal y privado, el burócrata
habanero obtiene ganancias que rondan los 70.000 pesos mensuales
(alrededor de $3.000). Una ganga para un lobo de la bolsa, pero una
fortuna para un tipo que oficialmente devenga un salario inferior a los $25.

¿Cómo y por qué lo haces?, le pregunto a Remberto mientras bebe una
cerveza en un discreto bar privado al oeste de La Habana. “Casi todos
los administradores y directivos de almacenes de insumos y alimentos
buscan las fisuras financieras y legales para hacer plata. Técnicamente
no le robo al Estado. Deposito la cantidad de dinero equivalente a los
productos que trasiego hacia mercados, bodegas o comedores escolares y
sociales. El truco es otro. Sacar ventaja de los precios diferentes en
los agromercados estatales y de la oferta y demanda”.

En cada operación, por la izquierda, ingresa 50.000 o 60.000 pesos. En
un mes efectúa cinco o seis movimientos. “Por supuesto, el dinero no es
solo para mí. En este engranaje hay que mojar a mucha gente. El director
de la empresa, personal de contabilidad, choferes que trasladan la
mercancía y los custodios del almacén. Todos reciben dinero. Unos más
que otros”, señala Remberto.

Les describo el perfil de un directivo corrupto. Viste jeans de marca,
reloj automático de $150 o más, reside en una casa remozada y equipada
con todos los artefactos de la vida moderna y posee un auto adquirido
con las ganancias de sus desfalcos.

En el bolsillo porta el carnet rojo del partido comunista. Tiene un par
de amantes (es de buen gusto), le encanta la buena mesa y beber ron,
whisky y cerveza de primera. Tres veces al año se aloja en un hotel todo
incluido y a diario, como si fuera un ventrílocuo, repite la jerga
delirante y mecánica de los funcionarios de la autocracia verde olivo.

El enemigo número uno de estos parásitos, que copan las estructuras del
Estado en la isla y se aprovechan de la escasez para mover los hilos de
la distribución de alimentos, se llama Gladys Bejerano, Contralora
General de la República.

Al grupo de inspectores de la Contraloría, Remberto le dice “Los
intocables”. “Bejerano es una especie de Eliot Ness, el tipo que metió
preso a Al Capone por evasión de impuestos. La gente de su oficina te
monta una auditoría sin previo aviso. Pero en Cuba es tanta la
corrupción, que algunos altos directivos nos avisan antes. Por
precaución, siempre es bueno tener dos controles de contabilidad. El
oficial, limpio y exacto, y otro por donde salen el robo y los trucos
financieros que duermen en casa”.

Según Remberto, los mecanismos de control estatal están diseñados para
combatir la corrupción a baja escala. “A los ladrones de cuello blanco
con altos cargos nadie los persigue. Los que tenemos el ‘gardeo’ somos
los de abajo, a pesar que mantenemos con dinero a la crápula que manda.
Eso forma parte del juego. Cuando caes en desgracia, si no chivateas a
nadie, otros directivos te mantienen a la familia. Esto es como la
mafia. Se mueve por clanes e intereses”.

En ocasiones, los márgenes de ganancias son de centavos, como ocurre con
los huevos. Su precio oficial es de un peso y diez centavos cada uno. En
otros productos, los dividendos son más amplios.

“Pero siempre se gana. Los frijoles cuestan 8 pesos la libra en el
mercado estatal y a los particulares se les venden a 10 u 11 pesos la
libra. Ellos después los revenden a 13 o 15, depende si es frijol negro
o colorado. Así ocurre con todos los productos. El truco está en los
precios diferenciados. En el caso de las carnes de puerco y carnero,
además del precio diferenciado, las ganancias se producen por la merma”,
explica Remberto.

La prensa oficial, a ratos, publica sobre la desarticulación de redes en
centros de acopio y almacenes del Estado, con funcionarios y empleados
que van a parar tras las rejas. “Por cada red que desarticulan, cinco
siguen funcionado. La corrupción es parte del sistema. Es endémica”,
confiesa Remberto.

El mercado negro en Cuba se alimenta del desfalco y desvíos de centros
estatales. El latrocinio comienza desde el mismo momento que arriba un
buque extranjero a un puerto de la isla.

Los hoteles y centros turísticos son otros eslabones que nutren la
economía sumergida y los negocios privados. El jefe de almacén de un
hotel asegura que “una parte significativa del queso gouda, carnes y
bebidas sale de los centros turísticos. Sobre todo de hoteles todo
incluido, donde es más difícil supervisar los gastos”.

La meca del mercado negro es La Habana. Se vende más y a mejor precio.
Desde leche en polvo a jamón ibérico.

Source: La otra economía cubana –
http://www.martinoticias.com/content/la-otra-economia-cubana/103943.html

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