Corrupción – Cuba – Corruption
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Clanes corruptos en Cuba campean por su respeto

Clanes corruptos en Cuba campean por su respeto
La deformación de valores y la corrupción galopante a todos los niveles
de la sociedad cubana sientan un precedente de perversidad que atenta
contra el futuro del país
ROBO y CORRUPCIÓN
LA HABANA.- IVÁN GARCÍA
Especial

Los tipos honestos en Cuba la tienen difícil. Rubén, gerente de un
centro nocturno en La Habana, pensó que podía administrar sin robar.
Pero, entre trabajadores disgustados porque su rectitud afectaba sus
“bisnes”, y administrativos de la empresa “por no reportar ganancias”,
le tejieron un entramado de intrigas para apartarlo del cargo.

“Te juro que en la gastronomía a nivel nacional no hay un funcionario
honrado. Todos viven de robar o de recibir una mesada para dejar robar.
Por mi educación familiar, aprendí a no apropiarme de lo que no soy
capaz de ganarme con el sudor de mi trabajo. Pero el cáncer está muy
avanzado. Cuando usted interfiere en los negocios de esta lacra te
montan un número ocho”, confiesa Rubén, sentado en el portal de su casa.

Una red mafiosa

Los acusa de delincuentes y señala que “son funcionarios que han pasado
cursos en escuelas de formación de cuadros y la mayoría son miembros del
Partido. Han tejido una red mafiosa que saquea y lucra con los recursos
del pueblo. Unos me tachaban de chivato. Otros de comemierda”.

Historias como las de Rubén probablemente sean la excepción de la regla.
“Cada vez que un administrativo honesto comienza a dirigir, con el
tiempo se corrompe o tiene que dejarse corromper. Son las reglas del
sistema. La economía real en Cuba es la que nace en los almacenes del
Estado. De ella vive una amplia casta que hace dinero malversando y
traficando con alimentos o insumos. Es una cadena de ladrones y pícaros.
Desde abajo hasta arriba. Los honrados no tienen cabida”, expresa
Eduardo, exadministrativo de una pizzería.

Manejan la economía

Esa deformación de valores y corrupción galopante a todos los niveles de
la sociedad cubana sienta un precedente perverso. En la Isla se han
afincado clanes cuasi mafiosos que manejan los hilos del entramado
económico local.

Ya sea en la Policía, Fuerzas Armadas o dependencias turísticas y
gastronómicas, el robo y la corrupción, más o menos sutil, se ha
convertido un estilo de vida.

Santiago, chofer de una viejo taxis colectivo, cuenta que semanalmente
le paga 25 pesos convertibles a un patrullero de tránsito para que no le
invalide la circulación de su vehículo.

“El tipo se debe embolsar cientos de chavitos (cuc) con ese negocio,
pues muchos de los almendrones (autos viejos) que circulan por La Habana
no tienen las condiciones técnicas adecuadas. A la hora de realizar las
pruebas técnicas, le pagas 50 ó 60 cuc a un oficial de la policía con
influencia y, aunque el cacharro sea una bomba rodante, te dan el OK. Ya
esto no hay quien lo arregle. Cuba se ha convertido en una finca donde
cada cual roba todo lo que puede y jala la guataca para su sembradío”,
dice el taxista habanero.

Osmel, dueño de una cafetería privada en las afueras de La Habana,
asegura que la mayoría de los negocios particulares se abastecen del
mercado negro generado por el desfalco en empresas estatales. “Si no
fuera así, ningún negocio fuera rentable. Los inspectores lo saben, por
eso se aprovechan para ganar dinero extorsionando a los cuentapropistas”.

Cuando indago de qué manera se puede solucionar el problema de la
corrupción, nepotismo y clanes de burócratas gubernamentales que roban a
sacos, Osmel responde: “Hay que hacer un país nuevo. Mientras quien tu
sabes [y hace un gesto con su mano derecha simulando una barba] esté
gobernando, eso nunca se va resolver”.

El robo institucionalizado

Existe la presunción que el Gobierno de Fidel Castro institucionalizó el
robo desde los primeros años de su revolución, cuando expropió bienes
sin la debida compensación.

“Se creó un fondo de bienes donde se vendieron o simplemente se
apropiaron de obras de arte, joyas y casas. Los altos dirigentes residen
en casas de la otrora burguesía. A ello se debe añadir los salarios de
miseria que paga el Estado. La gente siente que la propiedad pública le
es ajena. Y roban todo lo que pueden. Lo peor es el daño moral. Ya en
muchas familias ese tipo de conducta no solo es bien vista, sino que
hasta es premiada”, acota Jorge, ingeniero civil.

La sociedad se ha ido devaluando. La grosería y el latrocinio ciudadano
preocupan al régimen, empeñado en una cruzada para modificar esos
comportamientos. Puede que ya sea tarde.

Source: –
www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3431025_clanes-corruptos-cuba-ivan-garcia.html

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