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Hospitales cubanos – camillas por propinas

Hospitales cubanos: camillas por propinas
Las mejores condiciones son para el que pueda pagar más
viernes, octubre 23, 2015 | Gladys Linares

LA HABANA, Cuba – A diario los medios de difusión masiva dedican algún
espacio a ponderar los logros, la calidad y la eficacia del sistema
cubano de salud pública. Sin embargo, cada año se hace más difícil
soportar estar ingresado en cualquiera de las instalaciones
hospitalarias destinadas al pueblo, donde el abandono y el maltrato
gubernamentales son notorios.

Resulta entonces paradójico que el doctor Roberto Morales Ojeda,
ministro de Salud Pública, declarara cierta vez durante un encuentro con
la prensa nacional (periódico Juventud Rebelde, 13 de marzo de 2014):
“No existe justificación alguna para que en nuestras instalaciones
hospitalarias no concurran las condiciones mínimas indispensables para
la estadía de un paciente y su acompañante, pues está garantizado el
aseguramiento de sábanas, toallas, piyamas, jabón, tela verde y
mobiliario, entre otros, y de no ser así, la causa radicará en problemas
internos de la administración de la institución”.

El criterio de algunas personas con las que comenté las declaraciones
del ministro, es que se refería seguramente a los hospitales destinados
a la cúpula gobernante, porque si visitara cualquier otro le bastaría
una simple mirada para comprobar que las camas están desvencijadas, que
no existen asientos para acompañantes, tampoco sillas de ruedas para
trasladar enfermos, los colchones están manchados de secreciones y
desechos humanos y la poca ropa existente está percudida y rota y solo
la usan los enfermos de pobre solemnidad. Sería oportuno, además, que el
señor ministro hiciera la visita de incógnito y en el horario de almuerzo.

Hace unos días me contaba una vecina que llevó a ingresar a su esposo al
hospital Julio Trigo. Como su cónyuge no caminaba ya, salió en busca de
una camilla para trasladarlo hacia la sala de geriatría. Luego, cuando
su sobrino la vio regresar con las manos vacías, fue a buscar una silla
de ruedas, pero en cambio regresó con un camillero. Este, muy amable,
acomodó al enfermo y lo subió por el ascensor hasta la sala. Le buscó
una cama sana y un colchón aceptable. Al despedirse les dijo que para
cualquier cosa que necesitaran él estaría en el cuerpo de guardia. La
tía, extrañada, le preguntó al sobrino si lo conocía, y este, sonriendo,
le respondió: “Sí, de un regalito de 5 chavitos (CUC)”.

Pero de las camillas perdidas hay más de una historia, aunque la prensa
no lo recoge así. La semana pasada, mientras hacía la cola para pagar la
electricidad, acerca del tema una mujer me comentó: “El camillero es el
que abre el camino en un hospital: por 2 CUC te lleva al técnico de
rayos x, al médico para que analice la placa, y al técnico que te tiene
que enyesar el pie. Se lo digo por experiencia, porque hace poco yo
misma tuve una fractura”.

Sorprendida, le pregunté: “¿Pero cobran eso descaradamente?” A lo que
ella me aclaró: “Claro que no; es un regalito, una propina, si le
quieres llamar así”.

Jorge Izquierdo es un anciano hipertenso de 84 años. En su última
consulta, la geriatra le recomendó medirse la presión arterial con
frecuencia. Pero cuando va a la posta médica siempre hay un impedimento:
o la doctora no está, o es día de embarazadas, o está la enfermera sola
pero no tiene el equipo. Preocupado por su situación, Jorge decidió ir
al policlínico. Pero no es solo hacer la cola para que lo atienda el
médico de guardia. Es que este, al tomarle la presión, lo regaña y lo
manda para el consultorio. Ahora está esperando a que llegue el aparato
que le pidió a un sobrino de los EE.UU., a ver si así por fin puede
tomarse la presión sin sobresaltos.

Yamila –una embarazada epiléptica– sufrió un ataque con 18 semanas de
embarazo. De la escuela donde trabaja la llevaron para el hospital
gineco-obstétrico Hijas de Galicia. Cuando la madre y el hermano
llegaron, la tenían en una camilla en el cuerpo de guardia, y aunque ya
había recobrado el conocimiento, se sentía muy cansada y aturdida y
volvió a convulsionar. Al inquirir sus familiares por qué no la
ingresaban, les respondieron que porque no había camas. Y aunque la
doctora de guardia decía que había que trasladarla pronto para cualquier
hospital, la ambulancia no aparecía. Solo cuando el hermano comenzó a
gritar y a exigir responsabilidades, el vehículo apareció al momento.

Por fortuna, finalmente la joven fue debidamente atendida en el Clínico
Quirúrgico Enrique Cabrera (el Nacional), donde la ingresaron en la sala
de terapia intensiva.

Source: Hospitales cubanos: camillas por propinas | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/hospitales-cubanos-camillas-por-propinas/

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