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La “dolce vita” de los izquierdistas

La “dolce vita” de los izquierdistas
Reniegan del capitalismo, pero les encantan los lujos
martes, octubre 13, 2015 | Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba – Nunca olvidaré la primera vez que supe de un
izquierdista que vive con mucho dinero. Me ocurrió en 1961, en Santiago
de Chile, donde pasé unos días. Allí vi por fuera las impresionantes
residencias de Salvador Allende y del poeta Pablo Neruda.

Pasaron los años y un buen día visité el magnífico penthouse de otro
poeta, esta vez de Nicolás Guillén, en el edificio Someillán, del
Vedado, donde por los años cincuenta del siglo pasado solo vivía la
clase social más alta de La Habana. Más tarde pude conocer otras
residencias de los nuevos ricos de Cuba, pertenecientes a la Revolución
castrista.

No sé cómo me acostumbré a verlos como dirigentes de los más pobres,
disfrutando de una vida de lujos, en casas que no eran suyas.

Y es que los que se dicen “de izquierda”, sean políticos, intelectuales,
futbolistas, pintores y sobre todo mandatarios, no sienten ninguna pena
o pudor alguno por vivir como ricos entre los pobres, como si eso fuera
la cosa más natural del mundo.

Si hubiera visto por un huequito a Neruda, mi poeta preferido en
aquellos tiempos, sentado ante una cena opulenta y servido por su
mayordomo elegantemente uniformado, me hubiera muerto de tristeza.

Es por eso que dejé de creer en el comunismo, de todos esos cínicos que
se dicen “de izquierda”.

En esta historia no queda títere con cabeza.

Empecemos con Anita Halkin. En 2006, siendo presidenta del Partido
Comunista Británico y a sus 62 años, se embolsó treinta millones de
euros al vender en subasta una obra pictórica de Ernst Ludwing Kirchner,
según dijo, herencia de su familia.

Al año siguiente, otro hecho dio a conocer que el ex líder soviético,
Mikhail Gorbachev, en busca de buenas sumas de dinero, se prestó a
exhibir un elegante bolso marca Vuitton, sentado en un auto y usando
como fondo una gran foto del Muro de Berlín. Las fotos fueron publicadas
durante la campaña de la marca Louis Vuitton, donde participaron además
célebres actrices del cine europeo.

Pero lo que más llama la atención en estos momentos son esos mandatarios
izquierdistas, que por una parte critican la desigualdad social y por el
otro, llevan una vida de lujos y privilegios, a la vista de los pobres
que, o son miopes, o morbosos. Mandatarios que se han hecho de una
fortuna sólo modificando la Constitución de sus países, ante su evidente
sed de poder perpetuo.

Mencionar a muchos de ellos no es difícil.

Dejemos a un lado el millonario del Vaticano y comencemos con el
acaudalado Putin y los veinte millonarios rusos de la nueva Rusia –uno
es mujer–, y con Kim Jong Un, líder de Corea del Norte. Le sigue
Cristina Fernández, de Argentina, con sus viajes en helicópteros y
grandes negocios privados, la Primera Dama nicaragüense, con sus 400
vestidos para seguir a su millonario marido junto a los ocho hijos en
“misiones de trabajo”, Dilma de Brasil y las 52 habitaciones en un hotel
de lujo que reservó, más 17 coches, para una visita de tres días al Papa
Francisco, Hugo Chávez, con sus costosos trajes de marca que usó durante
sus 14 años de mandato, acompañados de relojes que usan sólo los
millonarios y sus jets privados para toda la familia.

¿Y qué me dicen del avión que se compró Evo Morales, a un costo de 29
millones de dólares, para sus viajes por el mundo, que nada benefició a
los indios bolivianos? ¿O de Rafael Correa, que compró en 170 mil euros
un lujosísimo apartamento en Bélgica, para su esposa e hijos de
nacionalidad belga?

Todos ellos pertenecen al selecto club de los intranquilos millonarios
izquierdistas, que jamás se esforzaron trabajando para lograr sus
millones. Son, eso sí, socialistas y antiimperialistas que, para
perpetuarse en el poder, se valen de los pobres tontos.

Y hablando de los pobres tontos, dejemos para el final a la familia
Castro Ruz, hijos, yernos y todo lo demás. Un verdadero imperio
económico en medio de un pueblo que se alimenta a base de picadillo de
soya, pan crudo sin sal ni manteca y ron a granel para olvidar las penas
diarias.

Esa extensa familia disfruta de las propiedades de aquellos cubanos que
se hicieron ricos en base a su esfuerzo durante años, a través de
industrias, fincas y otros medios laborales y que fueron despojados de
lo que les sigue perteneciendo por derecho propio.

El viejito vietnamita Ho Chi Minh no se libra de esta corrida, al
recibir con agrado por los años sesenta un avión semanal, fletado
especialmente para él desde La Habana, con frascos del famoso helado
cubano marca Copelia.

Source: La “dolce vita” de los izquierdistas | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/la-dolce-vita-de-los-izquierdistas/

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